Estalla la emoción entre los biólogos: los murciélagos, las aves y las abejas resucitan el 90% del ecosistema de bosques tropicales en solo 30 años sin la acción humana

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Publicado el: 6 de junio de 2026 a las 23:31
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Bosque tropical en regeneración natural tras la degradación del terreno, un proceso impulsado por aves, murciélagos y abejas.

Un bosque tropical talado no vuelve a ser el mismo de la noche a la mañana. Pero tampoco está perdido para siempre. Un nuevo estudio publicado en Nature muestra que los bosques tropicales secundarios (los que vuelven a crecer tras el abandono de tierras agrícolas o degradadas) pueden recuperar más del 90 % de la abundancia y diversidad de especies en apenas tres décadas.

La clave está en dejarles tiempo. Y no es poca cosa. La investigación señala que aves frugívoras, murciélagos y abejas no son simples visitantes de estos nuevos bosques, sino piezas que ayudan a poner en marcha la recuperación. En la práctica, actúan como sembradores y polinizadores naturales cuando el ecosistema empieza a levantarse de nuevo.

Un bosque que vuelve

Los investigadores analizaron la recuperación de 16 grupos taxonómicos en un bosque tropical de tierras bajas. Compararon zonas agrícolas activas, bosques secundarios en distintas edades y bosques maduros usados como referencia. El objetivo era entender cuánto tarda la biodiversidad en acercarse a la de un bosque antiguo.

El resultado es llamativo. En unos 30 años, estos bosques recuperaron de media más del 90 % de la abundancia y diversidad, además de cerca del 75 % de la similitud en la composición de especies respecto a los bosques maduros. Dicho de forma sencilla, vuelve mucha vida, aunque no siempre vuelven exactamente las mismas especies.

¿Qué significa esto para la conservación? Que abandonar una tierra agrícola y permitir que el bosque se regenere puede ser una estrategia eficaz y barata. Pero tiene una condición clara. Hay que proteger ese proceso durante décadas, no solo durante unos pocos años.

Los animales que siembran

El estudio destaca el papel de las especies móviles, sobre todo aves frugívoras, murciélagos y abejas. Las aves y los murciélagos transportan semillas al alimentarse de frutos. Las abejas, por su parte, ayudan a que muchas plantas se reproduzcan gracias a la polinización.

Puede parecer un detalle pequeño, pero no lo es. Sin estos animales, muchos árboles jóvenes tendrían más difícil aparecer lejos de la planta madre o cruzar zonas degradadas. En el fondo, son como una red de reparto natural que mueve vida de un punto a otro del paisaje.

Los autores apuntan que estos grupos tienen una alta resistencia y regresan pronto tras la perturbación. Por eso plantean que son «impulsores, más que meros acompañantes, de la recuperación de los árboles». La frase resume bien el hallazgo. El bosque no vuelve solo por crecer, también vuelve porque sus habitantes lo empujan.

No todo se recupera igual

El mensaje positivo tiene matices. El estudio advierte que la recuperación no avanza al mismo ritmo en todos los grupos. Algunos animales y plantas regresan relativamente rápido, pero otros organismos tardan mucho más.

Un caso delicado es el de ciertas bacterias del suelo. La investigación señala que la composición de bacterias del suelo mostró una recuperación muy baja o incluso nula en algunos casos, lo que indica que las prácticas agrícolas pueden dejar una huella larga en el terreno. Y eso no se ve a simple vista.

Por eso un bosque puede parecer recuperado desde fuera y, aun así, seguir en proceso por dentro. La copa verde engaña un poco. Bajo las hojas hay suelos, hongos, insectos, semillas y relaciones ecológicas que necesitan mucho más tiempo para volver a encajar.

La trampa de talar demasiado pronto

Aquí aparece uno de los puntos más importantes del trabajo. La mayoría de los bosques tropicales secundarios del mundo son muy jóvenes, con menos de 10 años, y muchos se talan de nuevo antes de desplegar todo su potencial como reservas de biodiversidad.

Es como plantar un árbol y cortarlo justo cuando empieza a dar sombra. La regeneración natural funciona, pero no si se interrumpe cada poco tiempo. Para que el bosque vuelva a ser un refugio real para especies, necesita continuidad, protección y una gestión pensada a largo plazo.

Los autores también señalan que los tiempos de gestión forestal deberían ampliarse a varias décadas. No basta con contar árboles durante unos años y cerrar el expediente. Si se quiere cumplir con los objetivos internacionales de restauración, el reloj del bosque debe importar tanto como el reloj político.

Cacao, pastos y oportunidades

El estudio se realizó en la selva tropical del Chocó, en el noroeste de Ecuador, en reservas con una mezcla de bosques maduros, bosques secundarios, antiguos cacaotales y pastos. En total, se analizaron 62 parcelas de 0,25 hectáreas.

Un detalle interesante es que la recuperación fue más rápida para muchos grupos en antiguas plantaciones de cacao que en antiguos pastos. Los investigadores sugieren que puede deberse a condiciones más favorables, como más sombra, más humedad o más recursos disponibles. No todos los terrenos degradados parten del mismo punto.

Esto también ayuda a tomar decisiones prácticas. Si hay que priorizar zonas para regeneración natural, los antiguos cacaotales o sistemas agroforestales pueden ofrecer una oportunidad más clara que pastos muy abiertos y empobrecidos. Cada paisaje cuenta su propia historia.

No sustituye a los bosques antiguos

La conclusión no debe confundirse. Que los bosques secundarios tengan un enorme potencial no significa que dé igual talar bosques primarios. Los bosques maduros siguen siendo irremplazables por su complejidad, sus especies raras, sus árboles antiguos y sus funciones ecológicas acumuladas durante siglos.

La regeneración natural es una herramienta poderosa para reparar daños, pero no una licencia para destruir. En la práctica, la mejor estrategia es doble. Proteger lo que queda y dejar crecer lo que puede volver.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Nature,


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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