Canadá ha mirado hacia una parte invisible de la Vía Láctea y ha encontrado algo que no encaja del todo con la imagen sencilla que teníamos de nuestra galaxia. Un equipo vinculado a la Universidad de Calgary ha publicado dos estudios que reconstruyen el campo magnético galáctico y muestran una estructura mucho más compleja de lo previsto, con una inversión diagonal relacionada con el brazo de Sagitario.
No hablamos de una pared brillante en el cielo ni de un objeto que pueda verse con un telescopio doméstico. Es una especie de arquitectura invisible hecha de magnetismo, electrones y ondas de radio. Y, aun así, importa mucho. Jo-Anne Brown, profesora de Física y Astronomía, lo resume de forma clara al recordar que «sin un campo magnético, la galaxia colapsaría» por la gravedad.
El mapa que no se ve
El campo magnético de una galaxia no se observa como quien mira una estrella o una nebulosa. Los científicos tienen que reconstruirlo a partir de señales indirectas, como si siguieran huellas en una carretera de noche. Suena difícil, y lo es.
Para hacerlo, el equipo utilizó datos del proyecto Global Magneto-Ionic Medium Survey, conocido como GMIMS. En concreto, trabajaron con DRAGONS, un estudio del cielo del norte realizado desde el Dominion Radio Astrophysical Observatory, en Columbia Británica. El observatorio pertenece al National Research Council Canada y es una instalación clave para la radioastronomía.
La encuesta DRAGONS cubrió frecuencias de 350 a 1030 MHz. Esto permitió estudiar cómo cambia la señal de radio al atravesar el medio interestelar, esa mezcla enorme y casi vacía de gas, polvo, partículas y campos magnéticos que llena el espacio entre las estrellas.
La pista de Faraday
La clave técnica está en la rotación de Faraday. Dicho de forma sencilla, una onda de radio puede cambiar su orientación cuando pasa por una zona con electrones y un campo magnético. No se ve el imán, pero sí la marca que deja en la señal.
Rebecca Booth, autora principal del segundo estudio, lo comparó con una pajita que parece doblarse dentro de un vaso de agua. Aquí no actúa el agua, sino el plasma del espacio. En la práctica, esa pequeña torsión de las ondas de radio permite seguir el rastro del magnetismo galáctico.
La inversión diagonal
La parte más llamativa aparece en el brazo de Sagitario. Según Brown, si pudiéramos mirar la galaxia desde arriba, el campo magnético general iría en sentido horario, pero en esa región se mueve en sentido contrario. La sorpresa llegó al ver que el cambio no aparecía como una frontera simple. Brown lo resumió con una frase corta y potente. «La inversión es diagonal».
¿Qué significa esto en la práctica? Que el campo magnético parece cambiar de dirección siguiendo una especie de plano inclinado, no una raya limpia dibujada sobre el disco de la galaxia. Es como descubrir que una carretera subterránea que creíamos recta en realidad cruza por debajo de la ciudad en diagonal.
El trabajo de Booth desarrolló un modelo tridimensional para explicar esa inversión. Desde la Tierra, esa estructura se vería como la diagonal detectada en los datos, lo que ayuda a unir la observación con una posible geometría real dentro de la Vía Láctea.
Cerca del Sol
Uno de los puntos más interesantes es que la inversión no se coloca en una zona remota de la galaxia, perdida a decenas de miles de años luz. El estudio la trata como una estructura local, dentro de un radio de 1 kilopársec alrededor del Sol. Un kilopársec equivale a unos 3260 años luz. Cerca, al menos en lenguaje galáctico.
El modelo sitúa la inversión entre 0,25 y 0,55 kilopársecs en dirección al centro galáctico. Equivale a entre 815 y 1790 años luz. Para cualquiera de nosotros sigue siendo una distancia imposible de imaginar, pero para los astrónomos es una parte relativamente cercana del barrio solar.
Este matiz cambia bastante la lectura. Si una parte importante de la señal de Faraday está dominada por el campo magnético local, los mapas de toda la galaxia podrían estar más influidos por nuestro entorno cercano de lo que parecía. No es poca cosa.
Un cielo más complejo
El primer estudio no se limita a señalar una rareza concreta. DRAGONS también muestra que alrededor del 55 % del cielo cubierto presenta complejidad de Faraday, con varios picos o estructuras mezcladas en una misma línea de visión. En otras palabras, mirar en una dirección no siempre significa mirar una sola capa del espacio.
Eso obliga a hilar fino. Una señal puede venir de varias regiones superpuestas, como cuando oímos varias conversaciones a la vez en una estación de tren. Los astrónomos tienen que separar esas capas para saber qué parte pertenece al campo local, cuál a estructuras más lejanas y cuál puede estar alterada por nubes o restos de actividad estelar.
La buena noticia es que el conjunto de datos queda disponible para otros equipos. El proyecto GMIMS recoge la publicación de Ordog y sus colegas en The Astrophysical Journal Supplement Series, junto al estudio de Booth y su equipo en The Astrophysical Journal.
Lo que viene ahora
Conviene no exagerar. El modelo de plano diagonal ayuda a explicar los datos, pero los propios investigadores reconocen que la verdadera forma de la inversión no tiene por qué ser un plano infinito y perfecto. Lo más probable es que se curve y se mezcle con la estructura espiral de la galaxia.
Aun así, el hallazgo abre una puerta importante. Mejores mapas magnéticos permiten construir mejores modelos sobre cómo evoluciona la Vía Láctea, cómo se mueve el gas entre sus brazos y cómo se forman algunas estructuras del medio interestelar. Aquí el reloj de la ciencia corre en años de datos y nuevas observaciones.
El comunicado oficial fue publicado por la Universidad de Calgary.










