Mientras el mundo se fija en el Canal de Panamá, Colombia prepara el tren interoceánico de 222 kilómetros que partirá las montañas para unir dos océanos

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Por HoyECO
Publicado el: 7 de junio de 2026 a las 20:37
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Representantes de CAF y autoridades regionales durante la firma de la cooperación técnica para el proyecto Tren del Café en Colombia

El Tren del Café acaba de dar un paso importante, pero conviene decirlo claro desde el principio. No estamos ante un tren que ya esté circulando entre el Pacífico y el Atlántico, sino ante un corredor ferroviario que entra en una fase decisiva de estudios para saber si puede hacerse realidad con garantías técnicas, ambientales y financieras.

La clave está en una cooperación internacional no reembolsable de hasta 3 millones de dólares aprobada para estructurar el proyecto. La idea es conectar Antioquia, Caldas y Risaralda, enlazar la Red Férrea del Pacífico con la Red Central y abrir una alternativa logística más limpia que el transporte masivo por carretera. No es poca cosa.

Un tren para mover carga

El proyecto conocido como Tren del Café plantea un corredor de 230,7 kilómetros entre la Estación Primavera, en Antioquia, el Kilómetro 41, en Caldas, y Caimalito, en Risaralda. Según la Gobernación de Caldas, los recursos servirán para adelantar estudios de factibilidad y avanzar en la estructuración del corredor.

La ambición va más allá de esos puntos del mapa. El objetivo de fondo es que esta conexión ayude a unir la red del Pacífico con la red central del país, lo que permitiría mover mercancías hacia corredores que conectan con el Magdalena Medio y los puertos del Caribe. En la práctica, esto puede cambiar la forma en la que sale el café, la agroindustria y otros productos de la región.

¿La gran diferencia frente a una carretera llena de camiones? Un tren puede transportar mucha carga en un solo viaje, con menos presión sobre las vías, menos congestión y, si el sistema se diseña bien, menos emisiones por tonelada movilizada.

Por qué importa al clima

El transporte ferroviario no es limpio por arte de magia. También necesita energía, materiales, obras y mantenimiento. Pero para carga pesada suele ser más eficiente que mover miles de toneladas en camiones diésel por carreteras largas, con subidas, atascos y consumo constante de combustible.

El Ministerio de Transporte de Colombia señala que la reactivación ferroviaria forma parte de una estrategia para reducir costes logísticos y avanzar hacia modos de bajas o cero emisiones. En su explicación sobre la Ley Ferroviaria, el propio ministerio pone un ejemplo muy claro, el corredor La Dorada y Chiriguaná podría reducir 32.000 toneladas de CO2 al año frente al transporte por carretera, según sus análisis sectoriales.

Ese dato no debe aplicarse de forma automática al Tren del Café, porque cada ruta tiene su terreno, su demanda y su tecnología. Pero sí ayuda a entender por qué el ferrocarril vuelve a estar sobre la mesa. No solo se habla de mover mercancías más barato, también de hacerlo con menos humo y menos desgaste ambiental.

El dinero no construye aún la vía

La cooperación de CAF no paga la construcción del tren. Ese matiz es importante. Lo que financia son los estudios necesarios para saber cuánto costaría, cómo se haría, qué impactos tendría, qué demanda real podría captar y qué modelo financiero sería viable.

CAF confirmó que los 3 millones de dólares proceden del MCDF Finance Facility y que servirán para la estructuración integral del Tren del Café. Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF, lo resumió como una apuesta por un corredor clave para la logística y para un transporte más sostenible.

Marcela Holguín, gerente de la Promotora Ferrocarril de Antioquia, explicó que el acuerdo contempla recursos «para estructurar un proyecto bajo altos estándares técnicos, financieros, ferroviarios y ambientales». Además, las regiones aportarían recursos adicionales mediante regalías para completar los estudios.

Lo que falta por decidir

El proyecto cuenta con un concepto de no objeción del Ministerio de Transporte para avanzar en la estructuración. También está alineado con la estrategia nacional de reactivación ferroviaria y con planes como el Plan Maestro de Transporte Intermodal y el Plan Maestro Ferroviario Nacional.

Aun así, quedan preguntas grandes. Falta conocer el modelo de financiación final, si será público, privado o mixto. También hay que definir el diseño exacto, la demanda de carga, los impactos ambientales, la gestión del suelo y la posible transición hacia trocha estándar, que es uno de los retos técnicos señalados por la Gobernación de Caldas.

Y ahí está el punto delicado. Un tren puede ser una herramienta ambiental muy potente, pero solo si se planifica bien. No basta con poner rieles. Hay que cuidar ecosistemas, comunidades, pasos urbanos, drenajes, ruido y derechos de vía.

Colombia vuelve a mirar al tren

Colombia depende mucho de la carretera. El Ministerio de Transporte reconoce que el 74 % de la carga del país se mueve por corredores viales y que la red férrea nacional tiene 3.533 kilómetros, de los cuales solo el 31 % está activa. Esa fotografía explica por qué cualquier nuevo corredor férreo despierta tantas expectativas.

También hay señales recientes de que el tren puede recuperar espacio. En el corredor La Dorada y Chiriguaná, el Gobierno informó que la carga movilizada pasó de 225.348 toneladas en 2024 a más de 1.150.000 toneladas en 2025. En lo corrido de 2026, hasta marzo, ya se habían transportado 237.487 toneladas.

Ese precedente no garantiza el éxito del Tren del Café, pero sí demuestra que hay demanda cuando se combinan infraestructura, operación y confianza de los generadores de carga. Para una región cafetera, industrial y agrícola, eso puede traducirse en menos costes y más opciones para exportar.

El reto ambiental real

La noticia no es solo que haya dinero para estudios. La noticia de fondo es que Colombia intenta reconstruir una logística más equilibrada, donde el camión no cargue con todo. Quien haya vivido cerca de una carretera de carga sabe lo que eso significa, ruido, humo, accidentes y vías saturadas durante horas.

Si el Tren del Café avanza, su valor ecológico dependerá de tres cosas muy concretas. Que logre sacar carga de la carretera, que use tecnología cada vez más limpia y que sus obras respeten los territorios que atraviesa. Sin esas tres piezas, el proyecto perdería parte de su sentido.

Por ahora, lo prudente es verlo como una oportunidad seria, no como una promesa cumplida. Los estudios dirán si ese corredor puede pasar del papel al terreno. Y si lo hace bien, podría convertirse en una de esas infraestructuras que no solo mueven mercancías, sino también una forma distinta de pensar el desarrollo.

El comunicado oficial de CAF sobre la cooperación técnica para el Tren del Café ha sido publicado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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