Hay quien lo llama «el proyecto energético más importante de la historia moderna». Y no es solo por el tamaño del presupuesto o por la ingeniería extrema, sino por lo que está en juego. En el sur de Francia, el megaprojecto ITER acaba de entrar en una fase decisiva con el inicio del ensamblaje final del corazón del reactor de fusión, la vasija de vacío, a cargo de Westinghouse Electric Company. Bajo un contrato de unos 180 millones de dólares, la empresa deberá soldar con precisión milimétrica nueve gigantescas secciones de acero, de unas 400 toneladas cada una, para formar la cámara donde se intentará confinar un plasma más caliente que el interior del Sol.
Todo ello con una promesa de fondo muy concreta para el clima y para la factura de la luz del futuro. Si ITER funciona como está diseñado, demostrará que es posible obtener unos 500 megavatios térmicos de potencia de fusión a partir de unos 50 megavatios de potencia de calentamiento del plasma, sin emisiones directas de CO₂.
Qué es realmente ITER y qué pretende demostrar
ITER no es una central eléctrica clásica, sino un experimento a escala casi industrial. Participan la Unión Europea y países como China, Estados Unidos, India, Japón, Corea del Sur y Rusia, entre otros, en una instalación que será el mayor tokamak del mundo, ubicada en Saint Paul lez Durance, cerca del centro de investigación de Cadarache.
En la práctica, lo que busca ITER es probar que la fusión nuclear puede funcionar como una fuente de energía a gran escala, estable y sin carbono. El objetivo técnico es alcanzar un plasma de deuterio y tritio que produzca diez veces más potencia térmica de la que se inyecta en el sistema de calentamiento, algo que se resume en ese famoso valor Q igual o superior a 10. Los pulsos de fusión se mantendrían durante varios cientos de segundos, suficiente para aprender cómo se comporta una máquina de este tamaño y qué se necesita para que su «hermana mayor», el futuro reactor DEMO, sí pueda conectarse a la red eléctrica.
El corazón de acero que debe contener un Sol en miniatura
La pieza que ahora se está empezando a ensamblar es la vasija de vacío, descrita por la propia organización como el componente más crítico de ITER. Se trata de un contenedor de acero de doble pared, herméticamente sellado, con un volumen interior de unos 1400 metros cúbicos y un peso final, incluyendo los módulos que recubren el interior, de alrededor de 8000 toneladas.
Su forma recuerda a un gigantesco donut. Nueve sectores curvos fabricados en Europa y Corea se unirán para formar un anillo perfecto. Cada uno pesa cerca de 400 toneladas y debe ajustarse con desviaciones de apenas unos milímetros. Cuando esté en marcha, el interior de esa cámara albergará un plasma de hidrógeno a unos 150 millones de grados Celsius, aproximadamente diez veces la temperatura del núcleo solar, mientras a pocos metros los imanes superconductores se mantienen cerca de los 269 grados bajo cero.
Westinghouse, que ya participó en la fabricación de varios de esos sectores, asumirá ahora la tarea de soldarlos todos a la vez, formando un único anillo. ITER recuerda que la estrategia de soldar cuando los nueve sectores estén ya fijados y abrazados por potentes herramientas de sujeción se eligió para controlar mejor las deformaciones del acero. El plan prevé soldaduras de decenas de metros de longitud y varios centímetros de grosor, con equipos robóticos trabajando por turnos casi continuos durante unos treinta meses.
El director general de ITER, Pietro Barabaschi, resumió el reto con una frase sencilla. Aseguró que el proyecto se apoya en la experiencia de Westinghouse y que el equipo afronta una operación «singular» incluso para un megaprojecto acostumbrado a desafíos únicos.
Ventajas ambientales de la fusión y los límites temporales
¿Por qué tanto esfuerzo para encender una especie de Sol en miniatura en el sur de Francia? Desde el punto de vista ecológico, la fusión tiene varios argumentos potentes. Según la propia ITER, la reacción de fusión no emite CO₂ ni otros gases de efecto invernadero durante la operación y su principal subproducto es el helio, un gas inerte y no tóxico. Además, los estudios señalan que los residuos activados en una máquina de fusión se pueden gestionar de forma que no haya desechos de alta actividad y muy larga vida, a diferencia de los reactores de fisión actuales.
El combustible también es una pieza clave de la narrativa climática. El deuterio puede obtenerse del agua y el tritio se produciría dentro del propio reactor a partir de litio, con recursos suficientes para miles de años de operación según los escenarios de la industria.
Sin embargo, los expertos insisten en algo que conviene no perder de vista cuando pensamos en objetivos climáticos para 2030 o 2040. ITER ha aprobado una nueva hoja de ruta que sitúa el inicio de las operaciones de investigación en torno a 2034, con plasmas de deuterio deuterio en 2035 y la fase de funcionamiento con combustible de deuterio tritio hacia 2039, mientras el coste total del proyecto se acerca a los 25 000 millones de euros.
En otras palabras, la fusión no va a abaratar la factura de la luz durante esta década. La mayoría de estudios sitúan la posible entrada de reactores comerciales de fusión en la segunda mitad del siglo, como parte de un sistema eléctrico ya dominado por renovables como la eólica y la solar.
Qué debe tener en cuenta el ciudadano en la transición energética
Para el consumidor medio que mira cada mes su recibo, ITER no cambia nada a corto plazo. La descarbonización hasta 2030 dependerá sobre todo de más renovables, más eficiencia, redes mejor gestionadas y menos combustibles fósiles. Pero proyectos como este apuntan a la siguiente fase, cuando haya que asegurar una base estable de electricidad sin CO₂ que respalde un sistema lleno de generación variable.
La propia Unión Europea destaca que la fusión podría aportar energía de base limpia para estabilizar la red, con una densidad energética enorme. Se calcula, por ejemplo, que unas decenas de kilos de combustible de fusión pueden liberar tanta energía como cientos de miles de toneladas de combustibles fósiles, lo que reduciría al mínimo el uso de suelo y recursos materiales.
El reloj climático corre más deprisa que la obra civil en Cadarache, pero eso no convierte a la fusión en irrelevante. Si ITER demuestra que es posible mantener un plasma de fusión potente de forma segura y repetible, los prototipos posteriores tendrán una base sólida para convertirse en parte del mix energético junto a las renovables, el almacenamiento y otras tecnologías de apoyo.
Mientras tanto, este nuevo contrato y el inicio del ensamblaje del núcleo del reactor recuerdan que la carrera por la energía de las estrellas ya no es solo una idea en un laboratorio, sino una obra muy real de acero, imanes y soldaduras que se juega buena parte del futuro energético global.
La nota informativa oficial sobre la adjudicación del contrato de montaje de la vasija de vacío a Westinghouse ha sido publicada en la web de la ITER Organization.








