España vuelve a mirar al agua con una mezcla de alivio y tensión. El último informe hidrometeorológico del Convenio de Albufeira recoge que, a 1 de febrero de 2026, el Tajo ya había aportado en Cedillo 3054 hm3 hacia Portugal, el 113% del mínimo anual fijado en ese punto. Y, al mismo tiempo, el Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de los regantes del trasvase Tajo-Segura contra el plan hidrológico del Tajo. No es poca cosa.
La lectura rápida diría que hay agua de sobra. Pero el mapa real es bastante más delicado. El Tajo se mueve en niveles altos respecto a la última década, mientras la cuenca del Segura, mucho más pequeña y con una presión enorme por el regadío y el consumo, sigue mirando cada hectómetro cúbico como si fuera oro líquido. En plena antesala del verano, con el calor ya asomando, la pregunta es sencilla. ¿Cómo se reparte un recurso que parece abundante en un sitio y escaso en otro?
El dato clave está en Cedillo
El Convenio de Albufeira no es un gesto voluntario ni una cesión improvisada. Es el acuerdo firmado por España y Portugal para coordinar el uso de las cuencas compartidas, entre ellas Miño, Limia, Duero, Tajo y Guadiana. En el fondo, busca que los ríos sigan cumpliendo sus funciones ambientales y que ambos países tengan reglas claras cuando llueve mucho, poco o casi nada.
En el caso del Tajo, uno de los puntos de control está en el embalse de Cedillo. El régimen fijado recoge un mínimo anual de 2700 hm3 en ese punto, además de obligaciones semanales y trimestrales cuando no se dan condiciones excepcionales de sequía. El informe de enero muestra que esa cifra anual ya se había superado con 3054 hm3.
Ese dato explica por qué el debate se ha encendido. Si España ya cumple con Portugal, muchos se preguntan por qué el sureste teme nuevos recortes. La respuesta no está solo en el volumen total embalsado, sino en las reglas que determinan cuánta agua puede salir, cuándo puede hacerlo y qué debe quedarse en el río.
El Supremo mueve el tablero
La sentencia del Tribunal Supremo no dice que el conflicto se haya acabado. Pero sí cierra una vía importante abierta por el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura contra el Real Decreto 35/2023, que aprobó la revisión de los planes hidrológicos. El Alto Tribunal rechazó los argumentos del recurso y mantuvo la validez del plan del Tajo.
La clave está en los caudales ecológicos. Según el razonamiento judicial, la prueba aportada por los recurrentes no desvirtuó la fijación técnica de esos caudales, que se establecen para preservar los ecosistemas fluviales. Dicho de forma más sencilla, el río no puede tratarse solo como una tubería. También necesita agua para seguir siendo río.
Castilla-La Mancha mantiene otro frente abierto contra el Ministerio por la aplicación de los recortes. Emiliano García-Page lo resumió con una frase muy clara. «Es tristísimo ganar sentencias y sentencias y tener que seguir yendo a los tribunales para que se cumplan». La política, como tantas veces con el agua, va por detrás de los embalses.
El sureste mira cada hm3
En la cuenca del Segura, la fotografía tiene otros matices. La Confederación Hidrográfica del Segura situaba sus embalses en 687 hm3 almacenados sobre una capacidad total de 1140 hm3 el 20 de mayo de 2026, cerca del 60%. Sobre el papel no parece una cifra dramática, pero conviene recordar que esta cuenca tiene mucha menos capacidad que el Tajo.
Para Murcia, Alicante y buena parte del regadío intensivo, el problema no es solo el agua que hay hoy. Es la seguridad de contar con ella cuando aprieta el verano, cuando sube la factura energética, cuando el agricultor tiene que planificar cultivos y cuando la desalación no siempre llega al mismo precio ni con la misma facilidad. Ahí se nota cada decisión.
El Ministerio ya había autorizado en enero un trasvase de 81 hm3 para el trimestre enero-marzo de 2026, con la cabecera del Tajo en situación de nivel 2, considerada de normalidad hidrológica en las reglas del sistema. Esa palabra, «normalidad», suena tranquila. Pero en el sureste no siempre se vive así.
La lluvia no lo arregla todo
Las lluvias del invierno han cambiado la conversación en buena parte de España. Los embalses nacionales se sitúan en niveles altos y algunas comunidades han dejado atrás la angustia de los meses más secos. Se agradece, claro. Ver pantanos llenos siempre da una sensación de respiro.
Pero un año húmedo no borra los problemas de fondo. El Boletín Hidrológico del Ministerio recopila cada semana datos de reservas, caudales, precipitaciones y otros indicadores para seguir la evolución real del agua. Además, recuerda que esos datos son provisionales y pueden revisarse. Es una brújula, no una promesa de verano tranquilo.
También hay que mirar el cambio climático. Más calor significa más evaporación, más demanda y más tensión en los meses secos. Ese calor pegajoso que ya todos conocemos no solo incomoda en casa. También cambia la forma en que se gestiona cada embalse.
Lo que viene ahora
El fallo del Supremo refuerza la idea de que los caudales ecológicos forman parte del tablero y no son un añadido decorativo. A cambio, el Gobierno tendrá que hilar fino para que la protección del Tajo no deje sin respuestas al sureste, especialmente en agricultura, abastecimiento y precio del agua. No será fácil.
La salida no parece estar en un solo grifo. Habrá que combinar ahorro, reutilización, desalación, modernización del regadío y reglas de trasvase más previsibles. En la práctica, esto significa discutir menos a golpe de titular y más con datos en la mano.
El informe hidrometeorológico de seguimiento del Convenio de Albufeira correspondiente a enero de 2026 ha sido publicado en la web oficial de la Comisión para la Aplicación y el Desarrollo del Convenio de Albufeira.













