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Mientras todo el mundo mira al Cinturón de Fuego, en España hay una zona en riesgo por fuertes terremotos y los expertos avisan: magnitud superior a 7

El mapa del IGN revela la zona de España donde los expertos alertan del mayor riesgo de terremotos de magnitud superior a 7.

Mientras todo el mundo mira al Cinturón de Fuego, en España hay una zona en riesgo por fuertes terremotos y los expertos avisan: magnitud superior a 7

Los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados en Venezuela han vuelto a abrir una pregunta incómoda en España. ¿Puede pasar algo parecido aquí? La respuesta no invita al alarmismo, pero tampoco permite mirar hacia otro lado. España tiene una sismicidad moderada, aunque hay una franja concreta donde el peligro es claramente mayor.

Esa zona se concentra en el sur y el sureste peninsular. En especial, Andalucía oriental, Murcia y el sur de la Comunidad Valenciana. El Instituto Geográfico Nacional sitúa a España en una zona de colisión entre las placas africana y euroasiática, y señala el sur y sureste peninsular como las áreas más propensas a terremotos, por delante de los Pirineos. No es poca cosa.

El punto rojo de España

El geógrafo Samuel Biener, experto en planificación y gestión de riesgos naturales, sitúa “la zona con mayor probabilidad” en la franja que va desde el sur de la Comunidad Valenciana hasta la provincia de Málaga. Dentro de ese corredor, el riesgo destaca más en Granada, Almería, la Región de Murcia y la Vega Baja alicantina.

En la práctica, esto significa que no toda España parte del mismo nivel de peligro. No es lo mismo vivir en una zona con fallas activas cercanas que en un territorio donde los temblores son más escasos o menos intensos. Y eso se nota cuando se mira la historia sísmica.

El Plan Nacional de Vigilancia Sísmica también apunta a la cordillera Bética como una de las regiones clave. Allí aparecen fallas como las de Crevillente, Bajo Segura, Carrascoy, Alhama de Murcia, Palomares y Carboneras, nombres poco conocidos por la mayoría, pero muy importantes para los geólogos.

Por qué tiembla el sureste

La explicación está bajo nuestros pies. La Península Ibérica se encuentra en una zona geológica compleja, donde la presión entre placas acumula tensiones durante años, décadas o siglos. Cuando esa energía se libera de golpe, llega el terremoto.

No hablamos de una línea perfecta sobre un mapa, sino de una zona amplia y desigual. En algunos puntos la actividad es más frecuente, en otros se deja notar menos, y a veces el problema aparece donde la población ya casi se ha olvidado del riesgo.

El IGN destaca que en el sector central de la cordillera Bética la sismicidad se concentra en cuencas como Baza, Dalías y Granada. En el sector oriental aparecen fallas activas que recorren parte de Alicante, Murcia y Almería. Ahí está una de las claves.

Un terremoto de 7

¿Puede España sufrir un terremoto de magnitud 7? Según el geólogo Lorenzo Pasqualini, “son posibles, aunque muy poco frecuentes”. Esa frase resume bien el escenario. No es lo habitual, pero tampoco es imposible.

La historia ayuda a poner los pies en el suelo. El terremoto de Lisboa de 1755, con una magnitud estimada entre 8,5 y 8,7, tuvo un impacto importante en España, sobre todo en Cádiz, Huelva y Sevilla. Además, provocó un tsunami con daños en varias ciudades costeras.

Más cerca del sureste, el terremoto de Torrevieja de 1829 alcanzó una magnitud aproximada de 6,6 y dejó cerca de 400 víctimas mortales. El de Arenas del Rey, en Granada, en 1884, se estima en magnitud 6,5 y destruyó miles de edificios. Son episodios antiguos, sí, pero siguen contando una historia muy clara.

La magnitud no lo es todo

Un número alto impresiona, pero no explica todo el daño. Protección Civil recuerda que la magnitud mide el tamaño del terremoto y no cambia con la distancia al epicentro. La intensidad, en cambio, describe cómo se siente y qué daños causa en cada lugar.

Esto es importante porque un terremoto más pequeño puede ser muy dañino si ocurre cerca de una ciudad, a poca profundidad y con edificios vulnerables. El caso de Lorca lo demostró de forma dolorosa. En 2011, un seísmo de magnitud 5,1 causó nueve víctimas mortales y severos daños estructurales.

La diferencia entre susto y desastre puede estar en detalles que parecen aburridos hasta que llega el temblor. La calidad de los edificios, el tipo de suelo, la distancia al epicentro o la hora del día importan mucho. A veces, más de lo que imaginamos.

No se puede predecir

Aquí conviene ser muy claro. Protección Civil señala que no existe actualmente ningún método capaz de predecir el tiempo, el lugar y la magnitud de un terremoto. Por eso la prevención no va de adivinar el día exacto, sino de construir mejor y reducir la vulnerabilidad.

En España sigue siendo clave cumplir la Norma de Construcción Sismorresistente, conocida como NCSE-02. Puede sonar a trámite técnico, pero en realidad es una de las barreras más importantes entre un temblor fuerte y una catástrofe mayor. No se ve en el día a día, pero está ahí.

También cuenta la educación de la población. Saber cómo actuar, evitar el pánico y seguir las indicaciones oficiales puede marcar la diferencia. En un terremoto, los segundos pesan mucho.

La lección de Venezuela

Los terremotos de Venezuela han recordado algo que a veces se olvida. La Tierra no avisa como nos gustaría. El USGS registró dos grandes seísmos el 24 de junio de 2026 al oeste de Caracas, de magnitud 7,2 y 7,5, separados por menos de un minuto.

España no está en la misma situación sísmica que Venezuela, pero la enseñanza sirve igual. El riesgo no depende solo de la fuerza del terremoto, sino de dónde golpea y de cómo están preparadas las ciudades, los edificios y los servicios de emergencia.

El Consejo de Ministros aprobó en 2025 el Plan Nacional de Vigilancia Sísmica, Volcánica y de Otros Fenómenos Geofísicos, con 58 medidas para reforzar la vigilancia, la detección y la comunicación ante fenómenos como terremotos, tsunamis o erupciones volcánicas. 

El comunicado oficial ha sido publicado en La Moncloa,

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