El sur de California lleva más de un siglo esperando al próximo gran terremoto, pero un nuevo estudio acaba de poner cifras a esa espera. Un equipo internacional ha modelado 1000 años de actividad sísmica y concluye que las fallas de San Andrés y San Jacinto están hoy en uno de sus estados de tensión más altos del último milenio. No es una predicción con fecha, pero sí una señal muy seria.
La clave está en el Paso de Cajón, una zona montañosa al noreste de Los Ángeles donde ambos sistemas de fallas se acercan. Allí, según los investigadores, una ruptura podría quedarse limitada a una sola falla o saltar a la otra y ampliar mucho el alcance del terremoto. Dicho de forma sencilla, ese punto puede funcionar como una especie de puerta sísmica. Y ahora mismo, esa puerta preocupa más que nunca.
Qué han descubierto
La investigación señala que la tensión tectónica en varias partes de las fallas de San Andrés y San Jacinto ha alcanzado, e incluso superado en algunos puntos, los niveles más altos observados en los últimos 1000 años. Esa tensión es la energía que se acumula cuando grandes bloques de la corteza terrestre se quedan bloqueados mientras las placas siguen moviéndose.
¿Significa eso que el terremoto va a ocurrir mañana? No. La propia autora principal, Liliane Burkhard, insiste en que el estudio no predice cuándo se producirá un terremoto. Lo que sí dice es que el sistema está «críticamente cargado» y que conviene prepararse para distintos escenarios.
La puerta del terremoto
El Paso de Cajón es el punto que más llama la atención del estudio. No solo porque está cerca de zonas muy pobladas, sino porque allí las rupturas pueden detenerse o continuar hacia otro sistema de fallas. En la práctica, esa diferencia puede cambiar mucho la fuerza y la extensión del seísmo.
Burkhard lo explica así en el comunicado de la Universidad de Berna. «Cajon Pass no bloquea o canaliza simplemente los terremotos. Responde a condiciones de tensión, y esas condiciones cambian durante siglos». Es una frase importante porque rompe una idea muy simple que a veces tenemos de las fallas. No son líneas quietas en un mapa. Son sistemas vivos, lentos y cargados de energía.
El estudio recuerda dos ejemplos históricos. El terremoto de Fort Tejon de 1857, de magnitud 7,9, se detuvo en el Paso de Cajón y no implicó a la falla de San Jacinto. En cambio, el terremoto de Wrightwood de 1812 sí atravesó la unión y afectó a ambos sistemas. Ahí está la gran diferencia.
Por qué importa ahora
Los investigadores han calculado una tensión modelizada de 3,6 MPa en el tramo San Jacinto-Bernardino. En el tramo vecino Mojave South, dentro de la falla de San Andrés, el valor llega a 2,8 MPa. Puede sonar técnico, pero el mensaje es fácil de entender. Ambas zonas están muy cargadas y, además, lo están de una forma bastante parecida.
Ese detalle es el que más inquieta a los científicos. Cuando las tensiones de dos fallas crecen de forma coordinada, aumenta la posibilidad de una ruptura conjunta. No hablamos solo de un temblor fuerte en una zona aislada, sino de un escenario capaz de afectar a un corredor enorme con viviendas, carreteras, trenes, redes eléctricas y suministro de agua.
Y ahí está el problema real. En 1857, California no se parecía en nada a la actual. Hoy, el área de Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el valle de Coachella concentra millones de personas e infraestructuras críticas. Un gran terremoto allí no sería solo una noticia geológica. Sería una emergencia social, económica y ambiental.
Cómo lo han calculado
El equipo no se ha limitado a mirar los terremotos recientes. Ha construido un modelo físico en cuatro dimensiones, con tres dimensiones espaciales y el paso del tiempo, para simular cómo se acumula y libera la tensión en la corteza terrestre. Suena complejo, y lo es. Pero la idea de fondo es bastante clara.
Para alimentar ese modelo, los científicos usaron un registro de 1000 años reconstruido con pruebas geológicas. Entre ellas hay datación por radiocarbono, anomalías en anillos de árboles y documentación histórica de rupturas del terreno. Es como leer las cicatrices antiguas del paisaje para entender qué puede estar pasando ahora bajo nuestros pies.
Según Burkhard, el modelo permite seguir cómo cada terremoto cambia la tensión en los tramos vecinos, cómo se acumula durante los periodos de calma y cómo las capas profundas de la corteza se relajan lentamente después de grandes rupturas. Esa calma, vista así, no siempre tranquiliza. A veces también acumula deuda sísmica.
Lo que no conviene exagerar
El dato de los 1000 años es llamativo, pero no debe traducirse como una cuenta atrás exacta. Los terremotos no se pueden anunciar como una borrasca ni como una ola de calor. La ciencia puede estimar riesgos, comparar escenarios y mejorar mapas de peligro, pero no decir el día ni la hora.
Por eso el mensaje más útil no es el miedo, sino la preparación. El USGS recuerda que, durante un terremoto, la recomendación básica es agacharse, cubrirse y sujetarse, en lugar de correr hacia fuera mientras caen cristales, muebles o escombros. Parece una frase simple, pero en un temblor fuerte esos segundos cuentan.
También importa revisar edificios, planes de emergencia, hospitales, puentes, carreteras y redes energéticas. Una falla no se puede apagar. Lo que sí puede hacerse es reducir daños, reforzar infraestructuras y saber cómo actuar antes de que el suelo empiece a moverse. No es poca cosa.
El aviso de California
La falla de San Andrés siempre ha sido uno de los grandes símbolos del riesgo sísmico en Estados Unidos, pero este estudio añade una pieza nueva al rompecabezas. No solo importa cuánta tensión hay en una falla, sino cómo se reparte entre fallas vecinas y qué ocurre en los puntos donde pueden conectarse.
En el fondo, lo que muestra este trabajo es que el paisaje de California guarda memoria. Cada gran ruptura deja una huella, cada periodo de calma acumula tensión y cada cruce de fallas puede cambiar el resultado. El reloj geológico no corre como el nuestro, pero cuando se mueve, se nota.
El estudio ha sido publicado en la revista científica Journal of Geophysical Research.



