Mucha gente usa sus calefactores incorrectamente: los expertos revelan la «temperatura correcta» para ahorrar electricidad; tan solo un kilovatio-hora extra puede aumentar la factura de la luz un 15 %. Una calefacción inadecuada puede incluso perjudicar la salud

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Por HoyECO
Publicado el: 8 de enero de 2026 a las 12:07
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Aire acondicionado en modo calor con mando a distancia, ejemplo de ajuste de temperatura para ahorrar energía en casa.

Cuando llega el frío es tentador subir la calefacción hasta que el salón parece una playa en agosto. Pero usar los calefactores por encima de lo necesario dispara la factura de la luz, aumenta las emisiones de CO2 y añade estrés al corazón sin aportar mucho más confort.

En la Unión Europea gran parte de la energía que consumen los hogares se va en calentar el aire y el agua. Las cifras sitúan la calefacción de espacios y el agua caliente por encima del 70 % del consumo energético doméstico, de modo que cada grado de más en el termostato se nota tanto en el recibo como en las emisiones.

La temperatura “correcta” en casa

¿A cuántos grados hay que poner la calefacción para estar bien sin malgastar energía? Diversas administraciones públicas y agencias de energía coinciden en un rango claro. Gobiernos como el de Australia y el estado de Victoria, así como guías de eficiencia, recomiendan mantener la vivienda entre 18 y 20 grados durante el día en los meses fríos y bajar algo por la noche o cuando la casa está vacía. En esas mismas guías se calcula que cada grado por encima de 20 puede sumar entre un 5 y un 15 % extra a la factura de calefacción.

Desde el punto de vista sanitario, la Organización Mundial de la Salud propone 18 grados como temperatura interior segura para la población general y alrededor de 20 para personas mayores, bebés o pacientes con enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Una revisión reciente de estudios sobre frío en interiores concluye que vivir de forma continuada por debajo de esos 18 grados se asocia a más problemas cardiacos, más infecciones respiratorias y peor descanso.

Aquí aparece otro matiz importante. No se trata solo de evitar casas demasiado frías. También conviene huir de los contrastes extremos entre un salón a 24 o 25 grados y una calle helada. Los cambios bruscos, repetidos varias veces al día, obligan al sistema cardiovascular a trabajar más y pueden favorecer mareos, picos de tensión e incluso eventos cardiacos en personas de riesgo. Los especialistas resumen el mensaje de forma sencilla. Si el salón ya está entre 18 y 20 grados y vamos vestidos con ropa de abrigo, no hace falta seguir subiendo el mando.

Cómo usar la calefacción sin derrochar

La primera herramienta es el termostato. Elegir un punto fijo razonable, por ejemplo 19 grados, y programarlo para que descienda algo por la noche o cuando la vivienda queda vacía evita estar tocando la temperatura todo el día. Las agencias de energía estiman que reducir unos pocos grados mientras dormimos o estamos fuera puede recortar el consumo anual de calefacción alrededor de un 10 %.

La segunda clave es cómo se mueve el aire. El aire caliente asciende. Si las rejillas del radiador, del split o de los conductos están orientadas hacia el techo, el calor se acumula arriba y los pies siguen fríos. Guías públicas de invierno aconsejan orientar las lamas hacia el suelo y, si es posible, apoyar con un ventilador suave para hacer circular el aire. Así la parte baja de la habitación se calienta antes y la máquina necesita menos tiempo a máxima potencia.

El resto son gestos cotidianos que no requieren tecnología. Cerrar puertas de habitaciones que no se usan, sellar rendijas en ventanas, bajar persianas por la noche, aprovechar el sol directo durante el día y rescatar el jersey grueso y las mantas del armario antes de pedirle a la caldera unos grados extra. La ropa adecuada sigue siendo la forma más barata de ganar sensación térmica sin aumentar el consumo eléctrico o de gas.

Un gesto doméstico con impacto climático

Puede parecer un detalle menor, casi invisible. Pero en un continente donde el calor del hogar representa buena parte de la energía que gastan las familias, ajustar la calefacción al rango de 18 a 20 grados reduce emisiones y deja algo más de margen en la factura para llegar a fin de mes. No es la única solución, pero sí una de las más sencillas de aplicar desde hoy mismo.

Las recomendaciones sanitarias y de eficiencia sobre temperatura en el hogar se recogen en las “WHO Housing and health guidelines”, publicadas por la Organización Mundial de la Salud.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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