El programa Artemis ha cruzado uno de esos hitos que no lucen en las fotos pero deciden el calendario. La NASA ha iniciado el traslado del cohete Space Launch System y la nave Orion hasta el complejo de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy (Florida), un movimiento lento y milimétrico que marca la entrada en la fase final de preparación de Artemis II, la misión que llevará a cuatro astronautas a rodear la Luna por primera vez desde 1972.
El “viaje” es corto en distancia y largo en complejidad. La estructura integrada avanzó desde el edificio de ensamblaje hasta la plataforma a velocidad de aproximadamente una milla por hora, un recorrido de alrededor de cuatro millas que suele extenderse durante buena parte del día. Según la información publicada por medios estadounidenses, el movimiento comenzó la mañana del 17 de enero de 2026 y podía prolongarse hasta unas 12 horas.
La importancia del traslado es operativa. En la rampa, los equipos ejecutan el tramo decisivo de la campaña de pruebas, incluida la secuencia de carga de propelentes criogénicos para un ensayo general húmedo (un simulacro que reproduce la cuenta atrás y el abastecimiento del cohete sin llegar al encendido). La NASA ha anunciado cobertura y sesiones informativas asociadas a esta etapa, que sirve para validar procedimientos y detectar fallos antes del día del lanzamiento.
La agencia mantiene como referencia una ventana de lanzamiento que se abre el 6 de febrero de 2026, aunque subraya que la fecha puede moverse por condicionantes técnicos y por la meteorología de Florida (un factor con capacidad real de arrastrar un calendario). En paralelo, distintas informaciones apuntan a ventanas alternativas en semanas posteriores si la campaña de ensayos obliga a reajustes.
Artemis II no incluye alunizaje. Su objetivo es poner a prueba en vuelo los sistemas que deben sostener vida humana más allá de la órbita baja, con especial atención al funcionamiento de Orion durante una misión de unos 10 díasalrededor de la Luna y regreso (incluida una trayectoria de retorno libre). Es, en la práctica, la prueba general que debe despejar el camino hacia el siguiente salto del programa.
La tripulación refuerza, además, la dimensión internacional del proyecto. Volarán Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, llamado a ser el primer no estadounidense en participar en una misión lunar tripulada en esta nueva etapa. Para Canadá, la presencia de Hansen funciona como símbolo de retorno de inversión y de peso político en el programa, con un mensaje interno claro (no se trata solo de ciencia, también de alianzas industriales y de influencia estratégica).
La NASA considera el éxito de Artemis II un requisito para avanzar hacia Artemis III, el intento de llevar astronautas de nuevo a la superficie lunar en la segunda mitad de la década. Los planes han variado en los últimos años, pero la lógica del programa se mantiene (primero certificar el transporte tripulado y después asumir el riesgo añadido de un descenso).







