No es oro ni diamantes: cuesta 23 millones de euros por gramo, se fabrica durante años en reactores nucleares y casi nadie sabe que existe

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Por HoyECO
Publicado el: 14 de febrero de 2026 a las 08:02
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Muestra del californio-252, el material sintético más caro del mundo, producido en reactores nucleares.

Hay sustancias que suenan a ciencia ficción hasta que te das cuenta de que ya están trabajando, en silencio, en hospitales, laboratorios y en parte de la industria nuclear. El californio-252 es una de ellas. Se trata de un isótopo sintético (no aparece en la naturaleza de forma apreciable) y su precio se mueve en cifras que parecen irreales: en estimaciones habituales se habla de en torno a 27 millones de dólares por gramo (unos 23 a 25 millones de euros, según el cambio).

¿La clave? No es que “brille” ni que sirva para joyas. Es que es una fuente compacta de neutrones, extremadamente intensa, y eso lo convierte en una herramienta muy útil en tareas donde otros materiales se quedan cortos.

Un gramo no es un gramo cualquiera

Lo primero que conviene aterrizar es que hablar de “un gramo” aquí es casi una licencia narrativa. El californio-252 se produce en cantidades pequeñas, porque fabricarlo es lento, complejo y caro. En Estados Unidos, uno de los grandes centros de referencia es el Oak Ridge National Laboratory (ORNL), donde el proceso pasa por irradiar durante largos periodos blancos de curio en un reactor de alto flujo y, después, separar químicamente el material resultante. Todo ello con manipulación blindada y logística muy especializada.

Además, el reloj corre en contra: el californio-252 tiene una vida media de aproximadamente 2,6 años. Eso significa que, incluso si hoy produces una cantidad, dentro de poco tiempo parte de ese “valor” se ha desintegrado. No es como guardar oro en una caja fuerte.

Para qué sirve (y por qué importa también en sostenibilidad)

Su utilidad más citada es el registro de pozos (oil well logging). Dicho sin jerga: usar neutrones para “leer” propiedades de las formaciones geológicas alrededor de un sondeo. Esta técnica ayuda a caracterizar materiales y a tomar decisiones con más información. 

Aquí aparece el debate ambiental. Porque sí, se usa en el sector del petróleo y el gas, y eso choca con los objetivos climáticos. Pero también es cierto que, en la práctica, una medición más precisa puede evitar perforaciones innecesarias o trabajos repetidos (y cualquiera que haya visto una obra que se alarga sabe lo que significa gastar energía “por ensayo y error”). La cuestión es si esta tecnología se queda anclada a los fósiles o si parte de su valor se traslada a campos que ayuden a reducir impactos.

Y hay más usos. El californio-252 se emplea como fuente de neutrones para análisis por activación (por ejemplo, para caracterizar materiales como carbón, cemento o minerales en procesos industriales). En este tipo de aplicaciones, medir mejor puede significar ajustar procesos y reducir desperdicio, algo que en sostenibilidad cuenta, aunque no salga en un titular.

En el terreno médico, su papel histórico se ha vinculado a terapias con neutrones en casos concretos (no es un tratamiento “de rutina” como otros isótopos más comunes, pero forma parte del ecosistema de la medicina nuclear). Y cuando hablamos de salud, hablamos también de impacto social: tecnologías carísimas, sí, pero que a veces abren una ventana cuando otras se cierran.

La otra cara: seguridad, residuos y límites reales

Nada de esto ocurre sin costes y sin preguntas incómodas. El californio-252 es altamente radiactivo y exige protocolos estrictos. Su producción depende de infraestructura nuclear avanzada, de cadenas de suministro delicadas y de una gestión muy rigurosa. Además, su corta vida media obliga a planificar bien la fabricación y el uso (porque almacenar “por si acaso” es, literalmente, perder material).

En la conversación pública sobre energía y clima, a veces se cae en el blanco o negro: renovables “buenas”, nuclear “mala” (o al revés). Pero materiales como el californio-252 recuerdan que la realidad es más compleja. La transición ecológica necesita electrificación, redes, almacenamiento, eficiencia… y también investigación. Y esa investigación, en buena parte, pasa por herramientas que no son perfectas, pero sí útiles.

Al final, lo relevante no es solo cuánto cuesta un gramo, sino qué decisiones permite tomar: mejores diagnósticos, mejores mediciones, mejores procesos. Y ahí es donde se decide si esta rareza nuclear se convierte en un lujo innecesario o en una pieza (pequeña, pero real) del puzle tecnológico.

El contenido oficial sobre las aplicaciones del californio-252 ha sido publicado en el portal del DOEIsotopeProgram.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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