La NASA ha identificado un nuevo cráter lunar de 222 metros de diámetro, una distancia similar a dos campos de fútbol colocados uno detrás de otro. Se llama McGetchin y se formó entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024, tras el impacto de un objeto espacial.
Es el mayor cráter formado y descubierto durante la misión del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), que observa nuestro satélite desde 2009. Además, los investigadores han detectado alteraciones del terreno a más de 100 kilómetros de distancia, una pista importante para entender cómo estos golpes transforman la superficie lunar.
Las cifras del cráter McGetchin
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Diámetro | 222 m |
| Profundidad | 43 m (casi una quinta parte del diámetro) |
| Formación | Entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024 (41 días) |
| Frecuencia estimada en la Luna | Uno cada unos 130 años |
| Alcance de los cambios en el suelo | Más de 100 km |
| Zona más fría por la noche | Unos 7 km de ancho |
Un cráter así se forma cada 130 años
La investigación está encabezada por Mark Robinson, de Intuitive Machines, y cuenta con Julie Stopar, del Instituto Lunar y Planetario de USRA. Los resultados se han publicado este septiembre de 2026, más de dos años después del impacto.
Los modelos calculan que un cráter de este tamaño se forma en la Luna aproximadamente cada 130 años. La cifra describe una frecuencia media para todo el satélite, por lo que los intervalos entre unos impactos y otros pueden ser muy distintos.
El nombre también tiene su historia. La Unión Astronómica Internacional lo aprobó el 4 de mayo de 2026 en homenaje a Thomas McGetchin, un científico que contribuyó a explicar cómo se distribuyen los materiales expulsados por los impactos.
Cómo se descubrió en un mapa lunar
El descubrimiento comenzó en 2025 mientras Robert Wagner, especialista en procesamiento de imágenes, revisaba un mapa lunar. Una mancha brillante rodeada por un halo oscuro llamó su atención y le llevó a comparar fotografías de distintas fechas.
«Simplemente me detuve, dejé todo lo que estaba haciendo y comencé a investigar qué era aquella mancha», explicó Wagner a la NASA. La señal destacaba en una revisión rutinaria de los datos.
Después llegaron las imágenes de mayor resolución. Con ellas se pudo medir la cavidad y estudiar sus alrededores. Comparar el antes y el después fue decisivo para acotar cuándo había ocurrido el choque, aunque no se conoce su momento exacto. La ventana entre las dos fotografías que acotan el impacto es de 41 días.
43 metros de profundidad y un halo brillante
McGetchin tiene unos 43 metros de profundidad y se encuentra en el límite entre las tierras altas y una llanura volcánica lunar. Estas llanuras reciben el nombre de «mares», aunque son extensiones de roca y no masas de agua como los mares terrestres. Esa profundidad equivale a casi una quinta parte de su diámetro.
Alrededor del borde se extiende, a lo largo de cientos de metros, una capa brillante de rocas y polvo expulsados durante el impacto. Los científicos llaman a estos materiales «eyecciones«, y su distribución permite reconstruir parte de lo sucedido cuando el objeto golpeó el suelo.
La juventud del cráter lo convierte en un lugar especialmente útil para investigar. Sus formas conservan las primeras huellas del choque, antes de que la exposición al espacio y nuevos impactos pequeños las vayan modificando.
Efectos a más de 100 kilómetros
El equipo de las cámaras del LRO detectó cambios en la superficie a más de 100 kilómetros de McGetchin. Son alteraciones alejadas de la cavidad, cuya distribución permite estudiar hasta dónde llegaron los efectos del material expulsado.

También encontró indicios de que los materiales cercanos al borde se depositaron en al menos dos oleadas. Estas observaciones ayudan a revisar los modelos que explican cómo sale despedida la roca y cómo vuelve a caer sobre la Luna.
Una mancha fría de unos 7 kilómetros
Un segundo estudio, basado en las mediciones del instrumento Diviner, analizó una consecuencia menos visible del choque. Sus mapas térmicos mostraron una zona de unos siete kilómetros de ancho que durante la noche estaba más fría que el terreno circundante.
La explicación propuesta por los investigadores está en el regolito, la capa de polvo y fragmentos rocosos que cubre la superficie lunar. El impacto habría removido y dejado más suelto ese material, reduciendo su capacidad para conservar el calor.
Es algo más que un cambio de temperatura. Según explica la NASA, estas modificaciones del terreno podrían influir en cómo se comportan las ruedas de los vehículos que circulen por allí, un detalle relevante cuando se planifica una misión.
Qué supone para las futuras bases lunares
¿Qué significa todo esto para quienes quieren trabajar en la Luna? El equipo de las cámaras señala que los equipos destinados a permanecer allí durante mucho tiempo deben diseñarse para resistir pequeñas partículas lanzadas a gran velocidad por impactos lejanos.
La Luna carece de una atmósfera densa que frene o desintegre muchos de los objetos que llegan del espacio. Por eso, observar cómo cambia su suelo ayuda a conocer mejor el entorno donde tendrán que funcionar instrumentos, vehículos e instalaciones.
Este cráter ofrece una referencia concreta para comprobar las simulaciones con imágenes tomadas antes y después del impacto. El estudio principal ha sido publicado el 16 de septiembre de 2026 en Science Advances.
Imagen: NASA/GSFC/Intuitive Machines









