Observan los satélites de Amazon y sacan a relucir el ‘lado oscuro’ del internet y que podría «apagar» las estrellas para siempre

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Publicado el: 9 de febrero de 2026 a las 18:45
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Satélites de Amazon Leo cruzando el cielo nocturno y generando contaminación lumínica visible desde la Tierra.

La carrera por llevar internet a cualquier rincón del planeta también está cambiando el cielo nocturno. Un nuevo estudio basado en 1.938 observaciones de los satélites de Amazon Leo (la constelación que antes se conocía como Project Kuiper) concluye que su brillo medio es de magnitud aparente 6,28. En términos sencillos, suele ser demasiado tenue para que la mayoría de personas lo vea a simple vista, pero no para los telescopios que trabajan con señales muy débiles.

El dato que más inquieta a la comunidad científica es otro. Según el análisis, el 92% de esos satélites, cuando operan en su modo habitual, supera el límite de brillo recomendado por la Unión Astronómica Internacional (IAU) para reducir interferencias en investigación. Y en torno al 25% llega a niveles que pueden “distraer” incluso a quienes observan el cielo en condiciones de oscuridad real.

Por qué importa si “casi no se ven”

Aquí está el matiz clave. No hace falta que un satélite parezca una estrella brillante para estropear una imagen científica. En la práctica, basta con que atraviese el campo de visión durante una exposición para dejar una traza de luz, saturar píxeles o introducir artefactos que luego son difíciles de limpiar del todo.

El autor principal del trabajo, el astrónomo Anthony Mallama, lo resume así en declaraciones recogidas por Space.com. “Los satélites brillantes son especialmente problemáticos para estudios a gran escala realizados desde observatorios terrestres” y también “pueden interferir con observatorios en órbita como el Telescopio Espacial Hubble”.

Y si esto suena abstracto, piensa en lo cotidiano. Igual que un foco mal orientado puede arruinar una foto nocturna con el móvil, una constelación de satélites puede “colarse” en miles de imágenes que buscan galaxias lejanas, supernovas o incluso asteroides cercanos.

La línea roja de la IAU y el problema de los umbrales

En documentos técnicos impulsados en el entorno de Naciones Unidas se recoge que la IAU recomienda que cada satélite sea más tenue que la magnitud 7. A partir de ahí, en teoría, debería ser invisible para el ojo humano.

Ese umbral no es un capricho. El mismo texto explica que, para cámaras de gran sensibilidad y campo amplio, los efectos “empeoran de forma dramática” cuando los objetos son más brillantes que esa magnitud, en parte por efectos electrónicos que pueden generar “estelas fantasma” adicionales.

En este contexto, el valor medio 6,28 que calcula el estudio para Amazon Leo queda por encima (es decir, más brillante) de lo recomendado, aunque no siempre sea evidente para nuestros ojos.

Rubin, el observatorio que más lo puede notar

El Vera C. Rubin Observatory está diseñado para hacer ciencia “a lo grande”. Su programa LSST (Legacy Survey of Space and Time) pretende tomar unas 1.000 imágenes del cielo cada noche durante diez años, empezando en 2025, con un campo de visión enorme.

En su propio análisis, el observatorio recuerda que la IAU CPS recomienda que los satélites “nunca” sean visibles a simple vista y fija una magnitud aparente máxima de 7 para satélites por debajo de 550 km. También advierte de que, fuera del espectro radioeléctrico, no existen límites regulatorios generales sobre reflectividad.

En resumen, no es solo un debate de astrónomos. Es una cuestión de “contaminación lumínica” en versión orbital, con impacto en ciencia, en afición, y en esa relación cultural con la noche que muchas comunidades valoran desde hace siglos.

Amazon dice estar colaborando, pero el desafío sigue

El estudio reconoce que los operadores pueden reducir el brillo con decisiones de diseño y de orientación en vuelo. En la documentación técnica internacional también se mencionan estrategias como películas espejo, formas de superficie que desvíen la luz y maniobras para evitar reflejos en momentos críticos.

Aun así, el problema de fondo no desaparece. Cuantos más satélites haya, más probable es que alguno cruce la imagen justo cuando toca. Y eso, en astronomía, se traduce en datos perdidos que no siempre se pueden repetir.

El estudio científico al que se refiere esta noticia ha sido publicado en arXiv bajo el título “Brightness Characterization and Modeling for Amazon Leo Satellites”


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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