Perseverance halla en Marte una “megaonda” de arena de dos metros que guarda el clima reciente del planeta

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Publicado el: 22 de enero de 2026 a las 22:39
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Rover Perseverance de la NASA descendiendo hacia la superficie de Marte mediante el sistema Skycrane para investigar el cráter Jezero.

Una ola de arena de dos metros puede parecer poca cosa si la comparamos con una montaña. Pero en Marte, una formación así está poniendo patas arriba lo que pensábamos sobre su clima más reciente. El rover Perseverance ha encontrado en el cráter Jezero una enorme megaonda de arena, bautizada como “Hazyview”, que podría funcionar como un archivo natural del viento y la atmósfera del planeta rojo.

¿Y qué significa eso en la práctica para quienes seguimos las misiones marcianas desde la Tierra? Que no solo estamos mirando un paisaje bonito. Estamos leyendo, grano a grano, la historia reciente de Marte.

Una ola de arena fuera de lo normal

Las llamadas megaondas son estructuras intermedias entre las pequeñas ondulaciones de arena y las dunas clásicas. Se forman por la acción prolongada del viento y necesitan tiempo, calma relativa y una mezcla muy concreta de granos finos y gruesos. En Marte pueden llegar hasta unos dos metros de altura, algo que ya de entrada llama la atención del equipo científico.

En “Hazyview”, situada dentro del campo de ondulaciones “Honeyguide”, cerca del borde del cráter Jezero, Perseverance se ha encontrado con algunas de las estructuras eólicas más grandes de todo su recorrido desde 2021. La superficie está recubierta por granos más gruesos que actúan como escudo. Debajo se esconden sedimentos más finos, a menudo unidos por una costra de polvo y sales, un “cemento” natural que bloquea el movimiento de la arena.

La NASA explica que, cuando el agua presente en la atmósfera marciana interactúa con el polvo que cubre estas formas, se forma esa costra salina y polvorienta que hace mucho más difícil que el viento vuelva a esculpirlas. En otras palabras, muchas de estas megaondas quedan casi congeladas en el tiempo.

Un laboratorio del viento marciano

Para exprimir al máximo toda la información, el equipo de Perseverance no se ha limitado a hacer una foto y seguir adelante. En “Hazyview” se han realizado más de cincuenta observaciones con buena parte del instrumental del rover, entre ellos las cámaras Mastcam Z y SuperCam, la estación meteorológica MEDA y los analizadores PIXL y WATSON. El objetivo es claro entender cómo está construida la megaonda, si hay granos que todavía se mueven y si se forman heladas a primera hora de la mañana en su superficie.

Los datos apuntan a algo interesante. Pese a que la atmósfera actual de Marte tiene solo alrededor de un dos por ciento de la densidad de la terrestre, el viento sigue siendo uno de los principales motores de cambio. Es capaz de erosionar roca hasta convertirla en granos de arena y de transportar ese material a través de todo el campo de ondulaciones. Estas megaondas son el resultado de ese proceso repetido durante largos periodos.

Además, en “Honeyguide” las crestas de arena están muy alineadas entre sí. Ese patrón tan ordenado indica que, durante mucho tiempo, los vientos han soplado casi siempre desde la misma dirección, principalmente en un eje norte sur. Es como si el paisaje marciano hubiera apuntado con una flecha invisible hacia dónde soplaba el aire.

¿Archivo muerto o superficie aún activa?

La gran pregunta ahora es si estas megaondas están totalmente fosilizadas o si todavía pueden “despertar” bajo condiciones extremas. Algunas estructuras similares en otras zonas de Marte muestran pequeños signos de movimiento, lo que sugiere que ráfagas poco frecuentes pero muy intensas podrían romper la costra salina y reactivar el transporte de arena.

Si “Hazyview” resultara estar completamente inactiva, conservaría un registro casi intacto de antiguos regímenes de viento y de cómo interactuaba el agua de la atmósfera con el polvo. Si en cambio una parte sigue respondiendo a los vientos actuales, tendríamos la prueba de que el Marte de hoy, frío y con aire muy tenue, todavía es capaz de reorganizar su superficie de forma apreciable.

En ambos casos el mensaje es parecido. El planeta rojo no es un mundo totalmente quieto. Suelos, arenas y polvo siguen respondiendo, en buena medida, a los cambios estacionales y a las variaciones de temperatura que provoca el Sol.

El descubrimiento del Perseverance para futuras misiones

Quizá estudiar una “ola de arena” no parezca tan emocionante como buscar fósiles de vida antigua. Sin embargo, para quienes planifican misiones, estos detalles son clave. La cohesión y la química del suelo marcan cómo se agarran las ruedas de un vehículo, cuánto desgaste sufre un panel o un instrumento por el polvo en suspensión y qué recursos podrían aprovecharse in situ en un futuro asentamiento.

Hay otro ángulo que no conviene perder de vista. Comprender cómo un planeta más pequeño, más frío y con menos aire ha ido moldeando su superficie con el viento ayuda a poner en contexto lo que vemos en la Tierra. Las dunas que avanzan en nuestros desiertos, las tormentas de polvo que afectan a la calidad del aire o el transporte de arena que llega incluso a fertilizar selvas lejanas forman parte del mismo lenguaje físico, aunque el escenario sea muy distinto.

En resumen, cada vez que Perseverance se detiene ante una estructura como “Hazyview” no solo está leyendo la historia reciente de Marte. También está afinando las herramientas que usamos para entender cómo los vientos y el polvo transforman los paisajes de cualquier mundo, incluido el nuestro.

La nota oficial sobre esta investigación se ha publicado en la web de la NASA bajo el título Wind Sculpted Landscapes Investigating the Martian Megaripple Hazyview y puede consultarse en la página de ciencia de NASA.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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