Un equipo de investigadores ha encontrado cerca de Żórawina, en el suroeste de Polonia, un collar formado por 42 dientes perforados dentro de una tumba prehistórica. El enterramiento contenía también el esqueleto casi completo de un hombre adulto, fragmentos de otros dos cráneos y objetos que apuntan a una antigüedad aproximada de 5.000 años.
El descubrimiento aporta información sobre las costumbres funerarias y podría ayudar a comprender la relación de aquellas comunidades con los animales. Pero quedan preguntas importantes por resolver, desde las especies utilizadas para fabricar el collar hasta la identidad del hombre enterrado y el motivo por el que le acompañaban otros restos humanos.
Una sorpresa al terminar
Los arqueólogos trabajaban en un cementerio de los siglos IV y V después de Cristo cuando apareció un enterramiento mucho más antiguo. Los trabajos estuvieron dirigidos por Tomasz Gralak, de la Universidad de Breslavia, y contaron con el antropólogo Paweł Dąbrowski, de la Universidad Médica de la misma ciudad.
El hallazgo llegó cuando el equipo empezaba a recoger al final de la campaña. Una marca circular en el terreno llamó su atención y, al excavar, aparecieron los dientes ordenados dentro de la cámara funeraria de un túmulo, una estructura levantada para cubrir un enterramiento.
Un collar trabajado a mano
Las 42 piezas tenían agujeros en las raíces, una señal de que habían sido preparadas para ensartarlas. Aunque el cordón no se conservó, las perforaciones y la disposición de los dientes permitieron reconocer el adorno.

«No cabe duda de que se trataba de un adorno hecho a mano», explica Dąbrowski en el comunicado universitario. Los investigadores barajan dientes de grandes mamíferos, entre ellos lobos, ciervos y osos, aunque la identificación todavía necesita confirmación.
También se contempla que alguna pieza pudiera ser humana, una posibilidad que deberán comprobar los análisis. Por ahora, ni se conoce la procedencia de todos los dientes ni puede afirmarse que fueran trofeos de animales cazados por el hombre enterrado.
El hacha ayuda a fecharlo
Junto al esqueleto aparecieron cuentas de ámbar, una hoja de sílex y un hacha de serpentinita, una roca de tono verdoso. La forma de esta última permitió situar provisionalmente el enterramiento hacia el año 2900 antes de Cristo, mucho antes de las sepulturas del cementerio posterior.
¿Significa eso que la fecha ya está cerrada? Todavía queda contrastarla mediante carbono 14 en los restos humanos, una prueba que también ayudará a comprobar si las personas representadas en la tumba vivieron en el mismo periodo.
Un hombre y dos cráneos
Los objetos depositados junto al difunto llevan al equipo a plantear que pudo ocupar una posición destacada en su comunidad. Entre las interpretaciones figuran un cazador, un guerrero o un patriarca, pero el ajuar por sí solo no permite asignarle una biografía.
Más difícil resulta explicar los fragmentos de los otros dos cráneos adultos. Una de las hipótesis es que fueran cabezas separadas intencionadamente y depositadas como ofrendas, aunque habrá que buscar marcas de corte y otras lesiones antes de sostener esa explicación.
Lo que pueden contar los dientes
El trabajo de laboratorio permitirá ir más allá del aspecto del collar. Los análisis genéticos previstos buscarán identificar las especies de sus piezas y estudiar el sexo biológico y los posibles vínculos de parentesco entre los restos humanos.
Los dientes también conservan señales químicas del entorno en el que se desarrollaron. Comparar sus proporciones de isótopos de estroncio con las de distintas regiones puede ayudar a investigar si las personas o los animales eran locales o procedían de otros lugares.
Para conocer la alimentación, los investigadores estudiarán además el desgaste dental y otras características de los restos. Las pequeñas marcas del esmalte pueden aportar indicios sobre la textura de la comida y su preparación, acercándonos a gestos tan cotidianos como masticar.
Una historia aún por reconstruir
El equipo relaciona provisionalmente el hallazgo con comunidades de la cultura de la cerámica cordada. Su comparación con otro túmulo descubierto en la cercana localidad de Iwiny podría aportar información sobre sus desplazamientos y sus prácticas funerarias en la actual Baja Silesia.
El collar deja así varias líneas de investigación abiertas, desde el uso de materiales animales como adornos hasta las diferencias sociales reflejadas en los enterramientos. La explicación del hallazgo y los análisis previstos se recoge en el comunicado de la Universidad Médica de Breslavia, actualizado el 8 de septiembre de 2026.
Imagen: Universidad Médica de Breslavia (UMW)







