Estados Unidos batió en 2025 su récord de ríos reconectados con la retirada de presas: 100 derribos en 30 estados abrieron más de 7800 kilómetros, casi ocho veces los de 2020

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Por HoyECO
Publicado el 15 de octubre de 2026 a las 08:01
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Retirada de presas en EE. UU.: vista aérea de la presa de Cypress Branch (Maryland) durante su derribo en 2025

En el río Brandywine, a su paso por Wilmington (Delaware), se vio desovar al sábalo americano por primera vez en más de un siglo después de que en 2019 se retirara una presa situada aguas arriba. En 2025 cayó otra en el mismo río, la del histórico DuPont Experimental Station, en el año en que más kilómetros de río se han reconectado en Estados Unidos gracias a la retirada de presas.

Según el balance que la organización conservacionista American Rivers publicó el 16 de marzo de 2026, comunidades y entidades de 30 estados derribaron 100 presas durante 2025. Esas obras reconectaron más de 4893 millas de río, unos 7875 kilómetros, la mayor longitud reabierta en un solo año en el país con este tipo de actuaciones.

La cifra que todavía circula en algunos medios internacionales, 69 presas en 23 estados y 624 millas (unos 1004 kilómetros), corresponde a 2020, en plena pandemia, según los datos de la propia American Rivers. La distancia reconectada en 2025 multiplica casi por ocho la de entonces.

Cien presas y un récord de kilómetros

El registro de American Rivers suma ya 2350 retiradas documentadas desde 1912, y la organización calcula que más de medio millón de presas siguen cortando los ríos del país, muchas de ellas «anticuadas, antieconómicas e inseguras».

El número de derribos fue algo menor que en 2024, cuando se retiraron 108 presas en 27 estados, pero la longitud reabierta casi se duplicó: aquel año fueron algo más de 2528 millas, unos 4068 kilómetros.

El salto procede de unos cuantos tramos fluviales muy largos en Florida, Indiana, Kentucky, Ohio y Tennessee. Según la entrada que American Rivers dedicó al balance, solo el sureste reconectó 2424 millas (unos 3900 kilómetros), y las regiones de los Grandes Lagos y del centro sumaron más de 1446 millas (unos 2327 kilómetros).

Más de una cuarta parte de las presas retiradas eran de baja altura, azudes que cruzan todo el cauce y que American Rivers llama «máquinas de ahogar» porque cuesta verlas y es difícil escapar de ellas. Han matado a cientos de personas en el país.

La ecología pesa más que el deterioro

La ecología fue el motivo más citado, en 59 de los 100 proyectos, por delante de las estructuras deterioradas o a punto de fallar (37) y de la seguridad (20). Un proyecto puede tener varias razones, por eso las cifras no suman cien.

«Retirar una sola presa abandonada puede tener un gran impacto en toda una cuenca», afirma Serena McClain, directora sénior del programa nacional de retirada de presas de American Rivers. «Cuando se retira una presa, los peces y la fauna pueden acceder a sus zonas de freza históricas y al hábitat de mejor calidad que necesitan para sobrevivir y prosperar», añade.

Pensilvania volvió a encabezar la lista con 14 retiradas, que elevan a 433 las de ese estado desde 1912, seguida de Massachusetts, con 11, y Vermont, con nueve. En esos dos estados, según American Rivers, las inundaciones graves dejaron clara la necesidad de ocuparse de las presas en mal estado.

En Virginia cayó la presa de Georges Mill, en el río South Mayo, donde se habían ahogado siete personas a lo largo de los años y que frenaba a un pequeño bagre en peligro de extinción, el orangefin madtom.

El Nooksack, seis años después de la voladura

Uno de los proyectos destacados en la lista de 2020 permite comprobar qué ocurre después. En julio de aquel año, el Ayuntamiento de Bellingham (Washington) voló su presa de derivación de 25 pies (unos 7,6 metros) en el Middle Fork del río Nooksack, una obra de 17 millones de dólares, según contó entonces The Seattle Times.

La retirada abrió unas 16 millas, casi 26 kilómetros, de hábitat de freza y cría al salmón chinook de primavera, a la trucha arcoíris migratoria (steelhead) y a la trucha toro, tres peces amenazados. Una nueva toma, situada más arriba, mantuvo el abastecimiento de la ciudad, en la misma región donde antes se habían derribado las dos presas del río Elwha que cerraban el paso al salmón.

La tribu Nooksack fue socia del proyecto junto a la Nación Lummi y American Rivers. «La tribu llevaba décadas esperando esto», dijo a The Seattle Times Trevor Delgado, responsable de patrimonio histórico de la tribu, mientras veía caer el agua por el cañón.

Merle Jefferson, director de Recursos Naturales de la Nación Lummi, rebajó entonces las expectativas. «El hábitat de la cuenca del Nooksack tardará décadas en recuperarse porque hay muchos factores limitantes que afectan al chinook temprano protegido por la Ley de Especies Amenazadas», advirtió en la nota que difundió el ayuntamiento.

Una crecida que no movió el cauce

El seguimiento del quinto año, firmado en agosto de 2026 por la geocientífica Annie Dufficy, de Northwest Hydraulic Consultants, y el ingeniero Paul DeVries, de Kleinschmidt, se basa en fotos y vídeos. Entre una visita y otra, un río atmosférico provocó en diciembre de 2025 una crecida con un pico de 20.100 pies cúbicos por segundo (unos 569 metros cúbicos por segundo), algo por encima de la gran riada de noviembre de 2021.

Los autores sitúan esa avenida entre las que se esperan una vez cada 50 y cada 100 años. Aun así, en la visita del 22 de abril de 2026 no vieron cambios importantes que pusieran en duda el paso de los peces, y los bloques de roca colocados en el cauce seguían estables.

«Creemos que las condiciones físicas del lugar siguen siendo propicias para el paso de los peces», concluye el informe de seguimiento, que deja la próxima campaña completa para 2027 y recuerda que habrá que confirmar el paso durante los diez años previstos de vigilancia.

Ese documento mide el cauce y no cuenta salmones. El aumento del 31 % en la abundancia del chinook que el ayuntamiento espera del proyecto sale de un modelo de hábitat, y Jefferson ya pedía paciencia en 2020: «Trabajaremos juntos para vigilar los efectos de la retirada de la presa y esperamos que el proyecto produzca los retornos de peces que buscamos».

En el Cuyahoga se detectaron 15 grupos de peces nuevos

Un estudio del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) publicado en mayo de 2026 en Restoration Ecology aporta datos biológicos de otro caso de 2020: la retirada de la presa de Brecksville en el río Cuyahoga (Ohio), un afluente del lago Erie con un largo historial de contaminación.

El equipo de Matthew Acre y Sophia Bonjour analizó muestreos de peces de 1984 a 2024. La retirada amplió en 39 kilómetros la conexión del río con el lago y más que duplicó el tramo de corriente libre por debajo de la presa de Gorge, una barrera de 18 metros cuya retirada está prevista.

Aguas abajo aparecieron 15 grupos de peces que no se habían detectado antes. La mayoría eran autóctonos, pero tres no lo eran, lo que según los autores indica «contrapartidas entre la recolonización y la expansión de especies no nativas». Por encima de la presa de Gorge los cambios fueron escasos, según el resumen del USGS.

Lo que el balance no mide

La lista recoge, según sus autores, «todas las retiradas de presas comunicadas a American Rivers (a 3 de febrero de 2026) que se produjeron en 2025, con independencia del grado de implicación de American Rivers», y figurar en ella «no indica respaldo» de la organización. Sus millas son tramos que vuelven a quedar accesibles, y para saber cuántos peces los usan hacen falta trabajos como los del Nooksack o el Cuyahoga.

En España, el debate sobre el efecto de las presas en los peces migradores ha vuelto con la captura de una lamprea marina de casi un metro en la Rivera de Huelva, y la primera Lista Roja nacional retrata unos ríos al borde del colapso.

American Rivers se ha fijado como meta retirar 30.000 presas en Estados Unidos antes de 2050, lo que supondría pasar de las 100 de 2025 a más de 1000 al año.

Imagen: Jim Thompson / American Rivers

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