Durante cerca de un siglo, los salmones que remontaban el río Elwha, en el estado estadounidense de Washington, encontraron su camino cortado por dos presas. Su retirada, realizada entre 2011 y 2014, abrió de nuevo el paso y puso en marcha una recuperación que también está transformando las riberas y la desembocadura.
El cambio va más allá de volver a ver peces río arriba. Los salmones transportan nutrientes del océano y el agua vuelve a arrastrar sedimentos hacia la costa, aunque las investigaciones advierten de que recuperar por completo el ecosistema llevará décadas.
Las cifras del río Elwha
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Presa de Elwha | En servicio desde 1913 |
| Presa de Glines Canyon | Terminada en 1927 |
| Río accesible con las presas | Unos 8 km |
| Retirada de las presas | 2011-2014 |
| Nidos de chinook más lejanos | A 58 km del mar (unas 7 veces más) |
| Crecimiento del delta | Más de 400 m |
| Plantas autóctonas del vivero | Unas 320.000 |
| Estrategias vitales de la trucha arcoíris | 39 (datos de 2013 a 2024) |
Dos presas y solo 8 km de río para el salmón
La presa de Elwha empezó a funcionar en 1913 y la de Glines Canyon se terminó en 1927. Generaban electricidad para la industria y el crecimiento de Port Angeles, pero se construyeron sin pasos para peces y dejaron a los salmones apenas ocho kilómetros accesibles desde la desembocadura.

Para la tribu Lower Elwha Klallam, aquello también supuso perder recursos alimentarios y ver inundados lugares de importancia cultural. Tras décadas de reivindicaciones, una ley aprobada en 1992 permitió impulsar la restauración, aunque las obras no comenzaron hasta 2011 y la última presa desapareció en 2014.
Nidos de chinook a 58 km del mar
Una de las señales más claras está en los lugares donde vuelven a reproducirse los peces. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos ha documentado nidos de salmón chinook a 58 kilómetros del mar, cerca de la confluencia con Godkin Creek, por encima de los antiguos obstáculos. Es unas siete veces más lejos que los ocho kilómetros a los que quedaban limitados con las presas.
Estos nidos son zonas del lecho donde los salmones depositan sus huevos. Encontrarlos tan lejos de la desembocadura demuestra que han recuperado acceso a lugares de reproducción, aunque por sí solo no confirma que sus poblaciones puedan mantenerse sin ayuda.
Los seguimientos también registran más adultos y un aumento de juveniles nacidos de forma natural. La NOAA, la agencia estadounidense responsable de estudiar los océanos y la atmósfera, relaciona estos avances con la retirada de las presas, junto con las restricciones pesqueras y los programas de cría para la conservación.
El salmón, un abono que llega del océano
¿Qué cambia cuando un salmón consigue regresar desde el océano? Además de reproducirse, lleva en su cuerpo nutrientes marinos que pasan a alimentar la vida del río.
La NOAA explica que esos nutrientes ayudan a sostener las algas y otros organismos de la base de la cadena alimentaria. Los pequeños invertebrados se alimentan de esa producción y, a su vez, sirven de comida a los salmones jóvenes, cerrando un ciclo que las barreras habían interrumpido en buena parte de la cuenca.
Por eso, observar un pez remontando la corriente cuenta solo una parte de la historia. También está regresando una conexión entre el mar y el agua dulce que sostiene a muchas otras especies.
Un delta que ha crecido más de 400 metros
Durante décadas, los embalses retuvieron materiales que normalmente habrían seguido río abajo. Al retirar las presas, grandes cantidades de arena y otros sedimentos volvieron a desplazarse y remodelaron la desembocadura, donde el Servicio de Parques Nacionales describe una expansión del delta de más de 400 metros.
Ese proceso tuvo costes al principio, porque el agua cargada de sedimentos perjudicó a los invertebrados de los que se alimentan los peces jóvenes. Después, al reducirse la turbidez, sus poblaciones comenzaron a recuperarse, aunque la diversidad de especies tardó más en responder.
En los antiguos embalses también hubo trabajo sobre el terreno. El vivero del parque produjo unas 320 000 plantas autóctonas y más de 3000 kilos de semillas para el proyecto, destinado a recuperar vegetación, limitar la erosión y frenar las especies invasoras.
39 formas de vida distintas en la trucha arcoíris
Una investigación publicada en abril de 2026 añade otra pieza al seguimiento del Elwha. El equipo analizó escamas y muestras genéticas de Oncorhynchus mykiss, la especie que incluye la trucha arcoíris y su forma migratoria marina, conocida como steelhead.
Con datos de 2013 a 2024, identificó 39 combinaciones de edades y patrones de migración y reproducción. Dicho de forma sencilla, estos peces pueden completar su vida siguiendo distintos calendarios, algo que los recuentos de ejemplares por sí solos no muestran.
Los autores advierten de que parte del aumento de estrategias observadas depende de haber ampliado los muestreos. Además, estudiaron los efectos combinados de la retirada de presas, la cría de conservación y las restricciones pesqueras, por lo que no conviene atribuir todos los cambios a una sola medida.
Salmones rosados y chum, aún muy escasos
La mejora no avanza al mismo ritmo para todos. El Servicio de Parques Nacionales señala que los salmones rosados y chum siguen en niveles muy bajos, mientras la NOAA recuerda que el chinook todavía necesita avanzar para alcanzar los objetivos de recuperación.
“Harán falta décadas para que el ecosistema se recupere por completo”, señala la NOAA en su balance. El reto es conseguir poblaciones capaces de mantenerse por sí mismas y comprobar, generación tras generación, que los avances continúan.
El seguimiento científico sigue aportando datos sobre ese proceso. El estudio sobre las estrategias vitales de las truchas del Elwha se publicó el 13 de abril de 2026 en Frontiers in Ecology and Evolution.
Imagen: John McMillan / NOAA Fisheries













