Ciencia

Hace 4 años Reino Unido compró 1.525 acres en tierras de cultivo totalmente áridas por 13,8 millones de libras; ahora los castores están devolviendo la vida en la zona

Los castores transforman una antigua granja británica en un humedal lleno de vida tras una histórica restauración ecológica.

Hace 4 años Reino Unido compró 1.525 acres en tierras de cultivo totalmente áridas por 13,8 millones de libras; ahora los castores están devolviendo la vida en la zona

En diciembre de 2021, la empresa británica Nattergal compró Boothby Lodge Farm, una explotación de 617 hectáreas en Lincolnshire, por 13,8 millones de libras. El terreno se dedicaba a la agricultura intensiva y buena parte de su antigua red de humedales había desaparecido tras décadas de drenaje y cultivo.

Cuatro años después, el lugar se llama Boothby Wildland y funciona como un gran experimento de restauración ecológica. Una familia de castores ya vive en un recinto de 200 hectáreas, la biodiversidad medida por el proyecto ha aumentado y han aparecido ingresos ligados al carbono y a la recuperación de hábitats. La clave está en no confundir potencial con beneficio asegurado.

De campo intensivo a terreno vivo

Boothby era una granja cerealista de suelos agrícolas de grado 3, trabajada con maquinaria y una amplia red de drenajes para sacar el agua con rapidez. Nattergal fue retirando los campos de la producción durante tres años y la última cosecha se recogió en septiembre de 2024.

La empresa dejó de sembrar, eliminó el uso habitual de fertilizantes y pesticidas, rompió parte del drenaje y comenzó a crear charcas, pastizales, matorral y zonas húmedas alrededor del río West Glen. También empezó a devolver curvas a un cauce que había sido enderezado y profundizado para favorecer la agricultura.

No se trata simplemente de abandonar una finca y esperar. La restauración ha incluido movimientos de tierra, flores silvestres, seguimiento científico, nuevas rutas públicas y más de seis kilómetros de vallado especial. Y ahí entran los nuevos trabajadores del paisaje.

Los castores ya están dentro

La reintroducción dejó de ser un plan el 26 de febrero de 2026. Una familia de castores procedente de Escocia fue liberada dentro del recinto de 200 hectáreas, considerado el mayor de este tipo en Inglaterra.

Estos animales cortan ramas, mueven barro y construyen presas que ralentizan el agua. Así crean estanques y humedales, amplían el hábitat y pueden reducir los picos de caudal aguas abajo. Estudios británicos han observado efectos importantes en algunas crecidas, aunque el resultado depende del río, del número de presas y de su posición dentro de la cuenca.

¿Qué significa esto en la práctica? El West Glen había sido modificado para expulsar el agua de los campos. Los castores pueden ayudar a invertir parte de ese proceso, guardar más agua durante los veranos secos y frenar la escorrentía cuando llegan lluvias intensas.

No están sueltos por Inglaterra

La familia vive dentro de un espacio vallado y vigilado. La normativa inglesa exige una licencia A03 para introducir castores en recintos seguros, mientras que una liberación en libertad necesita una licencia A69 y un plan de gestión a largo plazo.

La diferencia importa. Natural England reconoce que los castores pueden mejorar la calidad del agua, reducir el riesgo de inundación y aumentar la biodiversidad, pero también inundar terrenos cercanos, dañar cultivos o afectar a infraestructuras si el lugar no está bien elegido.

Boothby realizó estudios de viabilidad, controló durante dos años el agua y la fauna y consultó con agricultores y residentes. «Los castores son los ingenieros de la naturaleza», afirmó la ministra británica Mary Creagh al anunciar su llegada. Pero incluso los mejores ingenieros necesitan supervisión.

La naturaleza empieza a responder

El primer informe de impacto de Boothby sostiene que la biodiversidad global medida en el terreno aumentó un 108 % desde 2023. También indica que la riqueza de especies creció aproximadamente un tercio y que se identificaron 152 tipos de aves, murciélagos, abejas, mariposas y plantas.

Eso no significa que todas las especies se hayan duplicado. Es un indicador conjunto elaborado con distintos seguimientos y 1,86 millones de observaciones. Entre las señales positivas aparecen la perdiz pardilla y la alondra común.

El proyecto calcula además que sus suelos y su futura vegetación podrían absorber y almacenar más de 138 000 toneladas de CO2 equivalente hasta 2076. Es una previsión, no carbono ya retirado de la atmósfera, y deberá comprobarse con mediciones continuas.

De dónde sale el dinero

El acuerdo más claro procede de Arup. La consultora comprometió un millón de libras por adelantado para restaurar 67,5 hectáreas y asegurar 10 000 toneladas de créditos de eliminación de carbono durante los próximos 30 años.

Boothby también vende unidades de ganancia neta de biodiversidad, conocidas como BNG. Desde 2024, la mayoría de los nuevos proyectos urbanísticos en Inglaterra deben generar al menos un 10 % más de biodiversidad y, cuando no pueden lograrlo dentro de la obra, pueden financiar hábitats en otros terrenos.

El proyecto ha incorporado 1 413 unidades BNG al registro nacional. Un cálculo de The Guardian basado en un precio orientativo de 25 000 libras por unidad eleva su valor potencial por encima de 35 millones, pero esa cantidad no está garantizada. Debe haber compradores, los precios varían y los hábitats comprometidos han de mantenerse durante al menos 30 años.

El campo cambia de reglas

El modelo aparece cuando Inglaterra está desmontando las antiguas ayudas agrícolas basadas principalmente en la superficie. El pago básico fue sustituido en 2024 por pagos desvinculados, que seguirán reduciéndose hasta terminar tras el ejercicio de 2027.

A cambio, programas como Landscape Recovery financian resultados ambientales a largo plazo. Boothby fue el primer proyecto en entrar en su fase de ejecución y combina fondos públicos con capital privado durante varias décadas.

¿Significa esto que todas las granjas deberían dejar de producir alimentos? No. Boothby tiene suelos de grado 3, una hidrología muy alterada y unas condiciones económicas concretas. La restauración puede ser una salida en algunos terrenos, pero no una receta automática para todo el campo británico.

Un negocio que aún debe demostrar su futuro

Los primeros datos muestran más especies, contratos de carbono y un gran banco de unidades de biodiversidad. Además, las visitas al recinto de castores abren una vía de ecoturismo capaz de llevar personas y empleo a un paisaje antes muy poco frecuentado.

Pero el experimento acaba de empezar. Los castores llevan pocos meses en Boothby, parte de los ingresos depende de mercados jóvenes y los beneficios prometidos deberán mantenerse durante décadas. No es poca cosa.

El verdadero examen será comprobar si el terreno conserva su mejora, si los vecinos conviven con la nueva fauna y si los compradores siguen pagando por carbono y biodiversidad de calidad. Los castores no imprimen billetes, pero pueden hacer parte del trabajo que antes exigía maquinaria y mantenimiento constante. Y eso cambia las cuentas.

El informe oficial ha sido publicado por Nattergal.

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