Un pequeño Sol rojo distante, cuatro mundos muy pegados y una alineación que no encaja con nada visto hasta ahora. Así es LHS 1903, un sistema planetario a unos 120 años luz con dos planetas rocosos parecidos a la Tierra separados por dos mundos gaseosos. Ese orden rocoso gaseoso gaseoso rocoso no se había visto antes en los miles de exoplanetas estudiados. ¿Qué nos está diciendo este sistema “del revés”?
La estrella es una enana roja con aproximadamente la mitad de la masa del Sol y mucho menos brillo. Muy cerca de ella gira un primer planeta rocoso similar a la Tierra. Le siguen dos mini Neptunos gaseosos y, más afuera, la gran sorpresa, un cuarto planeta también rocoso, 1,7 veces más grande y unas seis veces más masivo que la Tierra, con densidad muy similar. Todos completan órbitas de pocos días y caben dentro de la trayectoria de Mercurio, un pequeño sistema solar en miniatura alrededor de una estrella fría.
Cómo se ha descubierto este sistema
Los tres planetas interiores aparecieron primero en los datos del telescopio espacial TESS de NASA, que detecta pequeñas caídas de luz cuando un planeta pasa por delante de su estrella. Después, observatorios de México, las Islas Canarias y Hawái confirmaron las señales desde tierra. El cuarto planeta se reveló más tarde cuando el satélite europeo CHEOPS, de la Agencia Espacial Europea, midió con más precisión los tránsitos y encontró esa huella sutil en la parte externa del sistema.
Un nacimiento “de dentro hacia fuera”
Las teorías clásicas dicen que los planetas de un sistema se forman casi a la vez en un gran disco de gas y polvo alrededor de la estrella. En LHS 1903, sin embargo, los modelos que mejor encajan apuntan a otra historia, el sistema habría ido creando sus planetas uno detrás de otro empezando por el interior. Para cuando se formó el cuarto mundo el disco de gas ya estaba muy agotado, de modo que solo pudo crecer como planeta rocoso en un entorno pobre en gas.
Para los especialistas en formación planetaria este hallazgo es una llamada de atención. Ignasi Ribas resume que “este sistema no encaja con nada de lo que conocíamos hasta ahora, está desordenado” y el nuevo planeta sería la primera evidencia clara de un mundo rocoso nacido casi sin gas disponible, algo que hasta ahora solo existía sobre el papel.
¿Un nuevo mundo habitable o un horno rocoso?
El planeta más exterior, conocido como LHS 1903 e, tiene una temperatura estimada en superficie cercana a los 60 grados. Es parecida a las cifras extremas que ya hemos visto en la Tierra durante las peores olas de calor, solo que allí serían la norma. Sobre el papel se sitúa en una zona templada donde, con la atmósfera adecuada, no se descarta del todo la presencia de agua líquida, aunque los autores del estudio recuerdan que sostener de forma estable ese calor límite no sería sencillo.
Además, muchas enanas rojas emiten llamaradas de radiación que pueden ir erosionando poco a poco las atmósferas de sus planetas, algo que todavía no se ha analizado en detalle en este sistema concreto. La próxima palabra la tendrán telescopios como el Telescopio Espacial James Webb, que podrán estudiar si este mundo rocoso conserva una envoltura de gas amable o si es más bien un horno abrasador.
En cualquier caso, LHS 1903 es más que una curiosidad exótica. Es un laboratorio natural para entender dónde está la frontera entre planetas gaseosos y rocosos y hasta qué punto nuestro Sistema Solar es, o no, una rareza cuando hablamos de mundos parecidos a la Tierra.El estudio científico se ha publicado en la revista Science.







