Suena a ciencia ficción pero los astrónomos han encontrado un sistema planetario que rompe las normas conocidas hasta ahora

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Publicado el: 18 de marzo de 2026 a las 09:41
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Ilustración del sistema planetario LHS 1903 con planetas en orden anómalo rocoso gaseoso gaseoso rocoso.

Un equipo internacional de astrónomos ha encontrado un sistema planetario muy peculiar alrededor de la estrella LHS 1903, una enana roja situada a algo más de cien años luz de la Tierra. Allí orbitan cuatro planetas con un orden que rompe el patrón que conocemos del sistema solar, con un mundo rocoso cerca de la estrella, dos planetas ricos en gas y, al fondo, otro planeta pequeño y rocoso.

El descubrimiento, liderado por investigadores de la Universidad de Warwick y en el que participa el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC), se ha realizado combinando datos de varios telescopios espaciales y terrestres. Entre ellos destaca el satélite Cheops de la Agencia Espacial Europea, especializado en estudiar exoplanetas ya conocidos con gran precisión.

Un sistema donde los planetas están «fuera de sitio»

Hasta ahora, el modelo clásico decía que los planetas rocosos se forman cerca de la estrella, donde hace más calor, y que los grandes mundos gaseosos aparecen más lejos, en regiones frías del disco de gas y polvo que rodea a la estrella joven. Nuestro propio sistema solar encaja bastante bien en esa imagen, con Mercurio, Venus, la Tierra y Marte dentro y gigantes como Júpiter y Saturno en la periferia.

En LHS 1903, sin embargo, la secuencia no sigue ese guion. Los científicos ya conocían tres planetas que parecían encajar en lo esperado, un planeta interior rocoso seguido de dos mundos gaseosos. Al analizar con más detalle las observaciones de Cheops, el equipo encontró un cuarto planeta en la parte más externa del sistema y aquí llega la sorpresa, ese planeta lejano no es un gigante de gas, sino un mundo pequeño, denso y de tipo rocoso.

Las medidas apuntan a que este planeta exterior tiene un tamaño alrededor de una vez y media el de la Tierra y una masa varias veces mayor, lo que implica una densidad similar a la de nuestro planeta. Por eso los astrónomos hablan de una especie de «sistema del revés», con el orden rocoso, gaseoso, gaseoso y de nuevo rocoso. «Este extraño desorden lo convierte en un sistema inside out único», resume Thomas Wilson, primer autor del trabajo.

Un planeta «tardío» en un sistema casi sin gas

La gran pregunta es cómo se forma un planeta rocoso tan lejos de una estrella pequeña y fría como LHS 1903. Para responderla, el equipo ha probado varios escenarios. Se planteó si ese mundo pudo nacer como un mini Neptuno y perder su atmósfera en una gran colisión o si los planetas llegaron a intercambiar sus posiciones con el paso del tiempo. Las simulaciones y los cálculos de las órbitas no encajan bien con esas ideas, así que los investigadores las han descartado.

La explicación que mejor se ajusta a los datos es más sencilla y a la vez más radical. LHS 1903 habría dado a luz a sus planetas uno detrás de otro, empezando por el más interior y terminando por el más lejano. Cada planeta en formación iría barriendo el gas y el polvo de su entorno, dejando menos material disponible para el siguiente. Cuando le tocó el turno al cuarto mundo, el sistema ya casi no tendría gas que acumular. El resultado, un planeta que solo pudo crecer a partir de roca y hielo, sin una envoltura gaseosa importante.

A este escenario se le conoce como formación planetaria «de dentro hacia fuera». Según explica Wilson, «cuando este planeta exterior terminó de formarse, el sistema probablemente ya se había quedado sin gas, que siempre se ha considerado esencial para el nacimiento de los planetas, y aun así aquí vemos un pequeño mundo rocoso que rompe las expectativas». El propio equipo habla de la primera evidencia sólida de un planeta que se ha formado en un entorno pobre en gas.

Telescopios que miran lejos para entender mejor nuestro hogar

El sistema LHS 1903 se detectó por primera vez con el satélite TESS de la NASA, que busca tránsitos de exoplanetas, esos pequeños descensos de brillo cuando un planeta pasa por delante de su estrella. Observatorios de México, Hawái y las islas Canarias ayudaron a confirmar las señales y Cheops aportó la precisión necesaria para identificar el cuarto planeta y medir sus propiedades.

Puede parecer que todo esto queda muy lejos de nuestras preocupaciones diarias, de la factura de la luz o del calor cada verano que ya se nota diferente por el cambio climático. Sin embargo, tiene una lectura clara, cuanto más sistemas raros encontramos, más evidente resulta que la historia de la Tierra no es la norma, sino solo una entre muchas posibles. Nuestro planeta combina órbita estable, tamaño adecuado y una atmósfera que ha permitido que exista agua líquida y ecosistemas complejos. No es un lujo garantizado en cada estrella de la galaxia.

Por eso los propios investigadores recuerdan que estos sistemas extraños no solo obligan a ajustar las teorías sobre cómo se forman los planetas. También ayudan a colocar en contexto a la Tierra dentro de una familia cósmica muy diversa y, de rebote, a valorar un poco más el único mundo del que sabemos con certeza que alberga vida. Cuidar de él sigue siendo la tarea pendiente aquí abajo, mientras los telescopios continúan buscando respuestas ahí arriba.

El estudio científico original puede consultarse en Science.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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