Uno de los mayores yacimientos de huellas de dinosaurio del planeta acaba de salir a la luz en plena alta montaña. En la Valle de Fraele, dentro del Parque Nacional del Stelvio y muy cerca de las sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina 2026, geólogos y paleontólogos han identificado miles de pisadas fósiles de hace unos 210 millones de años que dibujan un auténtico Triassic Park en los Alpes.
Los primeros cálculos hablan de unas veinte mil huellas distribuidas a lo largo de unos cinco kilómetros, impresas en paredes de dolomía casi verticales entre los 2.400 y los 2.800 metros de altitud. Se trata del conjunto de huellas del Triásico más importante documentado en Europa y, según los equipos implicados, de uno de los yacimientos de rastros fósiles más relevantes del mundo para este periodo.
Un Triassic Park en el corazón del Parque Nacional del Stelvio
El hallazgo se sitúa en la Valle de Fraele, entre Bormio y Livigno, dentro de una zona de alta montaña ya conocida por los montañeros y que ahora se revela también como un archivo paleontológico de primer nivel. La combinación de paredes casi lisas y ausencia de senderos hace que el lugar sea muy difícil de alcanzar, tanto para excursionistas como para los propios científicos.
Paradójicamente, todo empezó de una forma muy cotidiana. En septiembre de 2025, el fotógrafo de naturaleza Elio Della Ferrera recorría la zona para fotografiar fauna alpina. Con unos simples prismáticos vio una sucesión de oquedades repetidas en la roca y se dio cuenta de que aquello no era una simple irregularidad del relieve. Al volver a casa envió las imágenes al paleontólogo Cristiano Dal Sasso, del Museo de Historia Natural de Milán, que confirmó que se trataba de huellas de dinosaurio hasta entonces desconocidas en Lombardía.
Desde entonces, equipos del museo milanés, del MUSE de Trento, de la Universidad de Milán y del propio parque nacional han empezado a cartografiar el yacimiento con drones y técnicas de teledetección, una estrategia que permite “leer” las paredes sin poner en riesgo ni a las personas ni a las huellas.
Qué nos cuentan las pisadas sobre estos dinosaurios
Las huellas más abundantes son alargadas y corresponden a animales bípedos. En muchas se distinguen claramente los dedos y las marcas de las garras. Los especialistas las atribuyen a prosaurópodos, grandes herbívoros de cuello largo, antecesores de los famosos saurópodos del Jurásico. Estos animales podían alcanzar unos diez metros de longitud y varias toneladas de peso, dejando pisadas de hasta cuarenta centímetros de ancho en el barro calizo que pisaban.
La disposición de las huellas es casi tan importante como su número. Muchas siguen trayectorias paralelas en la misma dirección, lo que encaja con la imagen de grupos que se desplazan a paso tranquilo, algo parecido a una manada que avanza por una llanura húmeda. En otros sectores aparecen concentraciones de pisadas que forman círculos o enjambres, una pista de que pudieron producirse paradas, agrupamientos defensivos o interacciones más complejas, quizá con ejemplares jóvenes mezclados con adultos. Los expertos insisten en que hace falta más trabajo de campo, pero ven en este conjunto una oportunidad única para estudiar la vida social de los primeros grandes dinosaurios herbívoros.
De llanura tropical a cumbre alpina
Cuesta imaginarlo cuando uno piensa en nieve, crampones y viento frío en la cara, pero el paisaje no siempre fue así. Hace unos 210 millones de años, la zona formaba parte de una amplia plataforma carbonatada de clima tropical, en el margen de un océano hoy desaparecido que conocemos como Tetis. Los dinosaurios caminaban sobre fangos calizos blandos, en llanuras costeras de escasa pendiente que nada tenían que ver con la orografía actual.
Con el tiempo, esos fangos se litificaron y las placas tectónicas levantaron la cadena alpina, plegando y basculando los estratos hasta dejarlos casi en posición vertical. El resultado es ese efecto tan llamativo de “caminos” de dinosaurios que hoy parecen ascender pared arriba. En varios puntos se observa además que las huellas aparecen en distintos niveles superpuestos, lo que permitirá seguir cómo cambiaron los ambientes y las propias faunas a lo largo de miles o incluso millones de años dentro del Triásico tardío.
Ciencia, conservación y turismo responsable
El hallazgo llega, además, en un lugar muy simbólico. La Valle de Fraele está dentro de un parque nacional histórico y a la vez en el entorno de las futuras sedes olímpicas. Las administraciones hablan ya de un “regalo de la historia” para los Juegos, pero los científicos recuerdan que el primer objetivo pasa por proteger las huellas frente al hielo, la nieve y la meteorización que poco a poco las desgastan.
Por ahora no hay un acceso abierto al público y todo apunta a que, si se habilita alguna forma de visita, tendrá que ser muy controlada. Igual que ocurre con otros enclaves delicados, la gestión tendrá que equilibrar la curiosidad del visitante con la fragilidad de un patrimonio que solo se conserva porque el parque nacional limita las infraestructuras y mantiene bajo control la presión humana.
En el fondo, este Triassic Park alpino recuerda que los parques y reservas no solo guardan bosques, glaciares o fauna emblemática. También preservan geodiversidad escondida, desde antiguas playas tropicales fosilizadas hasta las pisadas de animales que caminaron mucho antes de que existieran los Alpes tal y como los conocemos. Y eso, para la ciencia y para la educación ambiental, no es poca cosa.
La nota informativa más completa sobre el hallazgo, con los datos técnicos y el plan de trabajo previsto, se ha publicado en la web del Departamento de Ciencias de la Tierra “Ardito Desio” de la Universidad de Milán y puede consultarse en este enlace oficial.
El comunicado de prensa oficial sobre este descubrimiento se publicó en el sitio web del Museo di Storia Naturale di Milano.
Foto de: Elio Della Ferrera







