Xiaomi presume de su fábrica oscura de 8. 000 m² en China, donde se produce un smartphone cada segundo, las 24 horas del día, sin un solo operario. Comenzó hace un par de años y ahora asusta a medio mundo. ¿Cuántos millones fabrica y qué significa esto para tu trabajo?

Imagen autor
Publicado el: 7 de marzo de 2026 a las 15:41
Síguenos
Interior de la fábrica oscura de Xiaomi en China con líneas automatizadas que producen smartphones sin operarios

China presume estos días de una planta casi de ciencia ficción en el distrito de Changping, en Pekín. Es la nueva Xiaomi Smart Factory, un complejo de unos 81.000 metros cuadrados que funciona las veinticuatro horas, produce hasta 10 millones de móviles de gama alta al año y apenas necesita personal en la línea de montaje.

El corazón del sistema es Xiaomi Hyper IMP, una plataforma de inteligencia artificial que controla las máquinas, ajusta procesos sobre la marcha y detecta fallos en tiempo real. Esto significa que un teléfono puede salir terminado cada pocos segundos mientras la fábrica permanece casi a oscuras, con técnicos que entran solo para mantenimiento. Un sueño para cualquier departamento de producción. Una gran incógnita ambiental.

Porque el principal impacto climático de un smartphone no llega cuando lo cargamos en casa, sino cuando se fabrica. Diversos análisis de ciclo de vida señalan que alrededor de un 70 u 80 por ciento de la huella de carbono de un móvil se concentra en la extracción de materiales y el ensamblaje en fábrica. Para un modelo tipo se habla de unos 60 kilos de CO₂ por dispositivo, solo en su vida de “nacimiento”.

Si llevamos esa cifra a una planta capaz de sacar 10 millones de unidades al año, hablamos de emisiones que se miden en cientos de miles de toneladas de CO₂ asociadas a la producción de esos teléfonos. Aunque la fábrica sea muy eficiente, la presión sobre minas, agua y energía no desaparece. Solo se organiza mejor.

Los defensores de las fábricas oscuras recuerdan que la automatización puede recortar el consumo energético, sobre todo al reducir iluminación, climatización y errores en la línea. Algunos estudios estiman ahorros de hasta un 15 o 20 por ciento en el uso de energía industrial cuando la automatización es profunda. Es una buena noticia para la factura eléctrica de la empresa. El problema es que, si el volumen total de producción sigue subiendo, el balance climático global apenas mejora.

Al mismo tiempo, el mundo se enfrenta a una montaña de residuos electrónicos que no deja de crecer. En 2022 se generaron unos 62 millones de toneladas de chatarra electrónica y menos de una cuarta parte se recicló de forma adecuada, según el último Global E‑waste Monitor de Naciones Unidas. Cada móvil que sale de la cinta sumará tarde o temprano a esa estadística si no cambia el modelo.

Ahí entra en juego algo que todos conocemos bien, ese cajón de casa lleno de teléfonos viejos que aún “medio funcionan”. Prolongar la vida útil de los dispositivos, repararlos, optar por modelos reacondicionados y exigir actualizaciones de software más largas tiene un efecto enorme. Un estudio reciente calcula que alargar dos años la vida de un móvil puede mejorar hasta en torno a la mitad su balance ambiental.

En resumen, la fábrica casi autónoma de Xiaomi es un símbolo potente de hacia dónde va la industria, más centrada en datos y robots que en mano de obra barata. Pero desde el punto de vista ecológico, la pregunta clave no es solo cuán rápido puede producir, sino cuántos teléfonos necesitamos realmente y qué hacemos con ellos cuando dejan de vibrar en nuestro bolsillo.

El estudio científico que analiza en detalle este modelo de fábrica se ha publicado en la plataforma ResearchGate.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario