Ver una aurora boreal sin salir de España dejó de ser ciencia ficción en 2024 y 2025, cuando varias tormentas solares pintaron de rojo el cielo en la península y en las Islas Canarias. En 2026 el Sol sigue muy activo, así que muchos se preguntan si habrá nuevas noches de luces danzando sobre nuestras cabezas.
Alrededor de los equinoccios aumenta de forma clara la probabilidad de auroras, porque la orientación entre el campo magnético terrestre y el viento solar facilita la entrada de partículas en la atmósfera. Por eso varias previsiones divulgativas han señalado dos fechas como especialmente prometedoras, el 20 de marzo y el 23 de septiembre de 2026. Las mejores horas se concentran entre las diez de la noche y las dos o tres de la madrugada, siempre con cielos despejados y oscuros. Aun así conviene mantener los pies en el suelo, son ventanas de oportunidad, no citas garantizadas.
Si vuelve a repetirse una tormenta fuerte, las mejores papeletas las tienen las zonas altas del norte peninsular y las islas. Durante la gran tormenta geomagnética de mayo de 2024 se vieron auroras en buena parte de Galicia, la cornisa cantábrica, el interior del norte y las cumbres de Canarias. La receta se repite. Cuanta más latitud y más altura, mejor, y cuanta menos contaminación lumínica, también. Para la mayoría de la gente el plan realista se parece más a un viaje nocturno a un pueblo cercano o a un puerto de montaña que a mirar por la ventana del piso en plena ciudad. No es poca cosa.
El contexto de fondo es un Sol en pleno máximo del ciclo solar 25. El panel internacional de predicción del NOAA Space Weather Prediction Center sitúa ese máximo alrededor de 2025, con una ventana que va desde finales de 2024 hasta marzo de 2026. En esta fase aumentan las llamaradas y las eyecciones de masa coronal que generan las tormentas geomagnéticas y ensanchan el óvalo auroral hacia latitudes medias. La tormenta extrema de mayo de 2024, clasificada como G5, permitió ver auroras desde España y otras zonas poco habituales. Mientras dure este pico de actividad los expertos ven plausible que se repitan auroras en latitudes medias, aunque recuerdan que seguirán siendo fenómenos poco frecuentes.
Más que el día del calendario manda el índice Kp, que resume el nivel de perturbación del campo magnético terrestre. Para que una aurora baje hasta España suelen hacer falta valores en torno a 7 u 8, asociados a tormentas fuertes. Por eso los especialistas recomiendan seguir en tiempo casi real la actividad del Sol a través de apps, paneles oficiales y redes de observadores y tener ya elegido algún cielo oscuro razonablemente cercano. Cuando llega un aviso de Kp alto y el óvalo auroral se sitúa sobre Europa solo queda abrigarse, ir a ese lugar y mirar al norte.
Las cortinas de luz que vemos a simple vista son la cara amable de fenómenos que también pueden afectar a satélites, comunicaciones por radio o redes eléctricas cuando las tormentas alcanzan niveles extremos. Por eso agencias científicas y meteorológicas espaciales vigilan el Sol las veinticuatro horas y publican avisos de clima espacial para gobiernos y ciudadanía.
El seguimiento oficial y actualizado de la evolución del ciclo solar 25 y de las tormentas geomagnéticas se publica de forma continua en Solar Cycle Progression.










