Los expertos piden que nunca toques estos huevos blancos si los ves en el agua: es muy importante para su conservación

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Publicado el: 16 de marzo de 2026 a las 18:38
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Huevos de pulpo en racimo adheridos a roca bajo el agua, cápsulas blancas y translúcidas con embriones visibles

Si un día de playa ves una masa de “bolitas” blancas pegada a una roca o a un muelle, la tentación es acercarse, tocarla e incluso enseñársela a los niños. Mejor no hacerlo. Lo más probable es que estés delante de una puesta de pulpo o de otros cefalópodos y cualquier manoseo puede echar a perder meses de esfuerzo de la madre y todo un ciclo natural.

Los especialistas del proyecto Yo Veterinario han resumido la idea en una frase muy clara que se ha hecho viral en redes sociales. “Si te encuentras con estos huevos cerca del agua, lo mejor es dejarlos intactos”. No es una exageración. Detrás de esos cordones gelatinosos hay una historia de reproducción extrema y de sacrificio que la ciencia lleva años documentando.

Qué son esas bolas blancas que aparecen en rocas y escolleras

En buena parte de las costas españolas, esas masas blancas con forma de racimo son puestas de cefalópodos, sobre todo de pulpos y calamares. Las hembras los cuelgan en refugios, grietas o estructuras duras del fondo y cada cordón puede agrupar miles de huevos blandos protegidos por una fina envoltura. En conjunto, una sola hembra puede llegar a producir miles de huevos a lo largo de su única reproducción.

Cada uno de esos huevos contiene una cría en miniatura. En muchas especies costeras, la madre ventila y limpia la puesta durante semanas o meses, sin apenas moverse del refugio. El tiempo exacto depende de la especie y de la temperatura del agua, pero los estudios sitúan la incubación desde algo menos de un mes hasta alrededor de tres meses en aguas templadas.

En las profundidades la historia se vuelve extrema. Un trabajo clásico con un pulpo de aguas profundas, Graneledone boreopacifica, documentó una hembra que permaneció con sus huevos durante unos 53 meses, sin pruebas de que se alimentara en todo ese tiempo. Es el periodo de incubación más largo registrado en cualquier animal y subraya hasta qué punto la supervivencia de las crías depende de ese cuidado continuo.

Cuando por fin las crías eclosionan, no pasan por una metamorfosis compleja. Salen ya formadas, aunque diminutas, y entran en una fase planctónica. Durante varias semanas o meses, estas paralarvas flotan a la deriva en la columna de agua mientras aprenden a cazar y son arrastradas por las corrientes antes de asentarse en el fondo.

Por qué no debes tocarlos ni “recolocarlos”

Con este contexto se entiende mejor el aviso. Los huevos son extremadamente frágiles. Un simple contacto con las manos, un tirón del cordón o mover la masa unos centímetros puede romper la cápsula protectora o exponerlos al sol y al aire, lo que provoca desecación y muerte del embrión en muy poco tiempo.

Además, la madre suele estar cerca, aunque no siempre la veamos a primera vista. Si se asusta y abandona el refugio, la puesta queda sin ventilación ni limpieza y se cubre de sedimentos, hongos o pequeños depredadores. Cuando esto ocurre, muchas puestas se pierden enteras.

Desde el punto de vista ecológico, cada puesta representa una inversión enorme para la población local de pulpos. Son depredadores clave que ayudan a controlar poblaciones de crustáceos y peces y también son base de pesquerías artesanales en zonas como el Atlántico y el Mediterráneo. Si repetidamente se destruyen huevos en zonas de baño o de buceo recreativo, esa merma termina notándose en el equilibrio del ecosistema y en la pesca.

Qué recomiendan los códigos de buenas prácticas en el mar

Las guías de buceo responsable del Ministerio de Agricultura y Pesca y de federaciones como la Federación Española de Actividades Subacuáticas (FEDAS) insisten en algo muy sencillo. No extraer ni coleccionar animales marinos o sus restos, no dañar seres vivos y evitar desplazar fauna o sustrato, incluidos huevos, nidos o refugios.

En la práctica, esto significa que tanto buceadores como personas que hacen snorkel o simplemente pasean por las rocas deberían adoptar la misma norma. Mirar, fotografiar si se quiere y marcharse sin tocar. Igual que ya asumimos que no hay que arrancar gorgonias ni romper esponjas, las puestas de pulpo merecen el mismo respeto. Y se nota cuando se respeta, porque las zonas con menos molestias humanas suelen albergar más fauna y más variada.

Qué hacer si te los encuentras en la playa

Si ves una masa de huevos bajo el agua, lo correcto es disfrutar de la observación a distancia. Si aparece varada en seco y parece en riesgo de desecarse, lo más prudente es avisar a socorristas, agentes ambientales o a la autoridad local en la zona costera. Ellos pueden contactar con los servicios competentes y valorar si procede alguna actuación. Lo que no recomiendan los expertos es intentar “rescatarla” por cuenta propia.

En un momento en el que los ecosistemas marinos ya cargan con la presión de la contaminación, el calentamiento del agua y la sobrepesca, gestos tan simples como no tocar una puesta de pulpo marcan la diferencia. Son pequeños actos de cuidado que no cuestan nada y que, sumados, ayudan a mantener la biodiversidad de nuestras costas.

El estudio científico que ha descrito el periodo de incubación más largo conocido en pulpos y que sirve de referencia para entender este extraordinario cuidado maternal se ha publicado en la revista PLOS ONE.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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