En el noroeste de Tenerife hay una imagen que desconcierta incluso a quien conoce bien la isla. Donde uno espera encontrar solo roca volcánica aparece un gran círculo de agua azul. Es la balsa de Montaña de Taco, una infraestructura de riego situada dentro del cráter de un antiguo edificio volcánico, entre Buenavista del Norte y Los Silos.
No es un lago natural ni una zona de ocio. En la práctica, es una pieza clave del sistema hídrico de la Isla Baja. Tiene una capacidad de 821.739 metros cúbicos y, según el informe oficial de BALTEN del 1 de febrero de 2026, almacenaba 523.666 metros cúbicos, el 63,7 por ciento de su capacidad. Sigue siendo, además, la balsa de mayor tamaño de Tenerife.
Un cráter que terminó convertido en reserva de agua
No es casualidad que desde arriba parezca casi un anillo perfecto. Tenerife Geoturismo describe el volcán de Taco como un edificio de morfología anular, de unos 700 metros de diámetro, y señala la presencia actual de la balsa en el cráter. El enclave forma parte de un paisaje donde la huella volcánica y la agricultura llevan mucho tiempo conviviendo.
La transformación en embalse llegó en los años ochenta. La documentación histórica de BALTEN sitúa la inauguración de la balsa el 17 de mayo de 1986 y la define como la primera gran obra del Plan de Balsas del Norte de Tenerife. Dicho de forma sencilla, se aprovechó la forma natural del terreno para guardar agua allí donde más falta hacía. Una idea llamativa, sí, pero también muy práctica.
Por qué esta balsa importa de verdad
¿Y por qué importa tanto un embalse así? Porque en Tenerife el agua no es solo paisaje. También es campo, empleo y comida. BALTEN explica que su función es regular los excedentes de agua en invierno, sobre todo los procedentes de galerías, para poder asegurar el riego cuando llega el verano y la demanda aprieta. En 2016 ya se describía Montaña de Taco como una garantía para más de 1.000 hectáreas de cultivo y más de 700 fincas conectadas a la red de la Isla Baja, con especial peso de la platanera, la horticultura y los cultivos ornamentales.
Por eso no conviene mirarla solo como una rareza geológica. En una isla donde cada metro cúbico cuenta, una balsa así funciona como colchón frente a la irregularidad de las lluvias y frente al desgaste de los recursos subterráneos. En el fondo, ese círculo azul que sorprende desde el aire también habla de algo muy cotidiano, la estabilidad de muchas explotaciones agrícolas del norte de Tenerife.
Un paisaje singular que sigue adaptándose
La historia no se quedó congelada en los años ochenta. BALTEN recoge que en 2023 ejecutó una inversión de 1.479.869,43 euros en obras de reimpermeabilización de la balsa, una actuación importante para reducir pérdidas y mantener operativa una infraestructura básica para el riego. Menos fugas, mejor aprovechamiento del agua.
Y hay más. En diciembre de 2024, el Cabildo de Tenerife aprobó una aportación de 1.293.775,98 euros para las instalaciones definitivas de desalación de agua de mar en la Isla Baja. Entre las actuaciones previstas figura un depósito, una estación de bombeo y la conducción de impulsión hasta Montaña de Taco, con el objetivo de incorporar nuevos caudales y mejorar la calidad del agua distribuida a los agricultores. El plazo máximo de justificación quedó fijado en mayo de 2026. Eso indica que esta balsa no es solo una postal extraña, sino una pieza todavía viva dentro de la estrategia hídrica de Tenerife.
La información oficial más reciente sobre el estado de esta infraestructura ha sido publicada por BALTEN en su informe de balsas de febrero de 2026, y el proyecto para reforzar el sistema con agua desalada en la Isla Baja figura en la resolución del Cabildo de Tenerife de diciembre de 2024.










