Ver de nuevo a la guacamaya de Spix en Brasil ya no es solo una imagen del pasado. La especie, registrada por última vez en libertad en octubre de 2000 y considerada después extinta en la naturaleza, está avanzando en su regreso en Curaçá, en el estado de Bahía. Eso sí, conviene bajar un poco el ruido. No hablamos todavía de una vuelta masiva a patios y balcones urbanos, sino de una reintroducción controlada en su área histórica, dentro de la Caatinga.
Los datos oficiales ayudan a poner el momento en su sitio. El ICMBio señala que la población en cautividad ronda los 300 ejemplares. En 2022 comenzaron las primeras sueltas en la naturaleza y en 2023 nacieron los primeros polluelos en libertad, una señal importante de que el proyecto puede funcionar. De hecho, el segundo ciclo del plan fijó como meta «realizar a reintrodução da ararinha-azul em sua área de ocorrência original até 2024». Además, en febrero de 2025 llegaron 41 nuevas aves desde Alemania, que se sumaron a otras 78 ya presentes en Brasil, entre ellas 11 que vivían libres.
¿Y qué papel tienen aquí los árboles nativos? Muchísimo. En el fondo, el regreso de esta ave depende de que vuelva a existir un hábitat funcional, no solo de abrir jaulas y esperar. El Gobierno brasileño creó en 2018 un Refugio de Vida Silvestre y un Área de Protección Ambiental para proteger fragmentos clave de la Caatinga, ordenar los usos del suelo y recuperar la vegetación de la zona. En la práctica, eso significa proteger la flora y la fauna locales y hacer compatible la actividad humana con la reintroducción de la especie.
Pero no sirve cualquier árbol. La historia natural de la guacamaya de Spix está muy ligada a la vegetación propia de ese bosque seco brasileño. Documentos oficiales del Ministerio de Medio Ambiente recuerdan que el ave se alimentaba de varias plantas nativas de la región y que usaba sobre todo la caraibeira para anidar en zonas de ribera. Por eso la restauración no va solo de plantar bonito o de llenar un jardín de verde. Va de reconstruir un paisaje entero, con especies autóctonas, refugio y alimento real.
Ahora bien, el regreso sigue siendo frágil. Mucho más de lo que parece en un titular rápido. En noviembre de 2025, el ICMBio informó de que las 11 guacamayas de Spix recapturadas en libertad habían dado positivo en circovirus, una enfermedad grave para estos psitácidos. Antes, en julio de ese mismo año, el instituto ya había suspendido temporalmente la liberación de un nuevo grupo mientras aplicaba medidas de bioseguridad en Curaçá. Dicho de forma sencilla, la especie avanza, sí, pero todavía camina por una cuerda muy fina.
Lo importante, por tanto, es no quedarse solo con la versión más fácil de la historia. La guacamaya de Spix está regresando gracias a una mezcla de ciencia, cría en cautividad, restauración del hábitat, protección legal del territorio y seguimiento constante sobre el terreno. Esa es la verdadera noticia. El azul vuelve, pero no por casualidad. Vuelve porque detrás hay años de trabajo. No es poca cosa.
La nota oficial más reciente ha sido publicada en ICMBio.








