La clave de la misión Artemis II no solo fue la nave Orion: la NASA necesitó un camión de 3000 toneladas que consume 625 litros de diésel por km para mover el cohete

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Por HoyECO
Publicado el: 11 de abril de 2026 a las 21:59
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Crawler Transporter de la NASA trasladando el cohete SLS de Artemis II hacia la rampa 39B en Cabo Cañaveral.

Mientras el mundo miraba al cielo por el despegue de Artemis II, hubo una escena igual de llamativa a ras de suelo. El 20 de marzo de 2026, la NASA llevó el coheteSLS y la cápsula Orion hasta la rampa 39B del Centro Espacial Kennedy sobre una plataforma móvil, empujados por una máquina que parece salida de otra época. El trayecto fue de unas 4 millas y duró 11 horas.

La conclusión es tan simple como incómoda para cualquiera que siga la huella del CO2. Ese “camión” (en realidad, un transportador sobre orugas de más de 3.000 toneladas) funciona con diésel y consume alrededor de 165 galones por milla (aproximadamente 390 litros por kilómetro). ¿Qué significa esto en la práctica cuando hablamos de emisiones y sostenibilidad, incluso en un programa espacial?

Un viaje de 11 horas para recorrer 4 millas

La NASA explica que el cohete y la Orion llegaron a la rampa 39B tras un recorrido de 11 horas desde el edificio de ensamblaje (VAB). El transporte empezó de madrugada y el vehículo avanzó con una velocidad máxima de 0,82 millas por hora, precisamente para que todo el conjunto se mantenga estable.

No es solo mover “peso”, es moverlo sin que se incline. En su ficha técnica, la NASA recuerda que la rampa está construida sobre una base con pendiente y que el transportador usa una suspensión hidráulica para mantener la plataforma nivelada durante la subida y la colocación final. Ahí está la clave de la precisión milimétrica.

Cuánto diésel gasta de verdad este monstruo

La cifra que más se repite en redes suele venir con las unidades bailadas. Según la NASA, su consumo es de 1 galón cada 32 pies, lo que equivale a unos 165 galones por milla. Traducido a medidas más “de casa”, son cerca de 625 litros por milla y en torno a 390 litros por kilómetro.

Puesto en contexto, es el tipo de dato que impresiona aunque no te gusten los cohetes. Cualquier persona que haya pagado un repostaje completo sabe lo que duele llenar el depósito, y aquí hablamos de un vehículo con capacidad para 5.000 galones de diésel. Y eso se nota.

La cuenta del CO2 en tierra

Si hacemos una estimación rápida solo con lo que sale por el escape, el número también es contundente. La propia NASA sitúa la ruta en 4,2 millas hasta la rampa y el consumo en 165 galones por milla, así que un viaje de ida puede rondar los 693 galones de diésel.

Para convertir eso a CO2, el factor de emisiones del diésel que publica la EIA de Estados Unidos es de unos 10,19 kg de CO2 por galón. Con ese dato, la ida se mueve alrededor de 7 toneladas de CO2 (y un ida y vuelta, si toca, puede duplicarlo). Es una aproximación, porque no incluye emisiones de la cadena de suministro del combustible ni posibles tiempos de funcionamiento extra, pero sirve para entender el orden de magnitud.

Por qué no es tan fácil electrificarlo

La gran pregunta llega sola. Si ya hablamos de coches eléctricos y de autobuses eléctricos, ¿por qué no “enchufar” también a este gigante? El problema es que aquí la prioridad no es la velocidad ni la eficiencia por kilómetro, sino la estabilidad con cargas enormes y una fiabilidad casi quirúrgica.

El Crawler Transporter 2 pesa aproximadamente 6,65 millones de libras (algo más de 3.000 toneladas) y, tras sus mejoras, puede transportar hasta 18 millones de libras. Además, no es un vehículo sencillo, usa motores de tracción y sistemas eléctricos e hidráulicos a bordo, alimentados por motores diésel y generadores. Es, en buena parte, una solución “de locomotora” adaptada a un trabajo muy específico.

Aun así, la idea de reducir emisiones en este tipo de transporte pesado no es ajena a la NASA. En una hoja de ruta tecnológica sobre sistemas de tierra y lanzamiento se menciona el uso de motores lineales como alternativa de bajas emisiones frente a motores diésel eléctricos para vehículos tipo crawler, planteado como línea de desarrollo. Es un “hacia dónde podría ir”, no un cambio ya aplicado.

La paradoja de la transición en el espacio

Otra pieza del puzle es que, alrededor de este vehículo, sí hay una transición energética en marcha. En su Plan de Sostenibilidad, la NASA señala que en el Centro Espacial Kennedy se alojan sistemas fotovoltaicos que suman 104,5 MW y que la estrategia de flota busca avanzar hacia vehículos de cero emisiones. Eso encaja con lo que vemos en muchas ciudades, electrificar lo “normal” es más rápido que electrificar lo extremo.

Y luego está el factor humano, que también cuenta cuando hablamos de mantenimiento y decisiones técnicas. Un responsable de operaciones del propio crawler lo resumía así al hablar de la dificultad de mantenerlo operativo por su edad, “hace falta un grupo especial de personas y una cadena de repuestos especial para mantenerlo funcionando”. La sostenibilidad no va solo de cambiar combustibles, también va de cómo se actualiza (o no) la infraestructura.

La ficha técnica oficial más completa sobre estos vehículos ha sido publicada por la NASA.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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