Marruecos ha estrenado en Rabat y Salé un nuevo gigante de 250 metros. La Torre Mohammed VI se inauguró el 13 de abril de 2026 y el detalle que más interesa al debate ecológico está en su propia “piel”, parte de la fachada incorpora paneles fotovoltaicos.
¿Es solo un símbolo de modernidad o también un paso real hacia ciudades que consumen menos energía? La respuesta no cabe en un eslogan, pero el proyecto mezcla generación solar integrada, recuperación de agua y un diseño pensado para frenar el calor que entra, justo cuando el aire acondicionado ya se cuela en muchas conversaciones de verano.
Un nuevo hito en Rabat y Salé
La inauguración oficial estuvo presidida por el príncipe heredero Moulay El Hassan, según recoge el portal oficial marroquí. La torre se levanta junto al río Bouregreg, la línea natural que separa Rabat de la histórica Salé, y se presenta como el edificio más alto del país con 55 plantas.
El diseño lleva firma española, del arquitecto Rafael de La-Hoz, en colaboración con el arquitecto marroquí Hakim Benjelloun. El edificio mezcla hotel, residencias, oficinas y una plataforma de observación panorámica que mira hacia la capital, y el estudio del arquitecto ha subrayado que “la torre destaca por su enfoque innovador en materia de sostenibilidad”.
El lugar elegido también ha generado conversación. En fases preliminares, la UNESCO expresó reservas por el impacto en un entorno sin edificios tan altos, recordando que el paisaje y el patrimonio también pesan.
Una fachada que produce energía
La cifra más repetida es cercana a 4.000 m² de paneles fotovoltaicos entre fachada y podio. Algunas fuentes detallan unos 1.800 m² en la fachada sur y 2.200 m² en la cubierta del podio, una forma de sumar superficie solar cuando el tejado no basta.
En la práctica, convierten la luz en electricidad como los paneles de una vivienda. La diferencia es que aquí forman parte del propio edificio, una envolvente que genera energía en el sitio.
Eso sí, no es magia. La producción dependerá de la orientación, el sombreado y el mantenimiento, y en ciudad el polvo puede jugar en contra si no se limpia y monitoriza.
Eficiencia térmica y agua en circuito
La energía también se ahorra. BESIX explica que la fachada busca reducir la ganancia de calor y, con ello, la necesidad de refrigeración, algo que se nota en la comodidad y, a menudo, en la factura.
El portal oficial marroquí menciona sistemas de recuperación de energía y captación de aguas pluviales. BESIX añade el reciclaje de aguas residuales, una medida que cobra valor en un país con estrés hídrico creciente.
También hay resiliencia. Se habla de cimentaciones muy profundas y de un amortiguador frente a viento y vibraciones, un detalle técnico que apunta a un edificio pensado para durar.
Certificaciones que ponen el listón
Cuando un edificio se vende como “verde”, toca mirar cómo se mide. La información del proyecto cita LEED Gold y HQE, sellos que evalúan energía, agua, materiales y calidad ambiental interior. (maroc.ma)
Estas certificaciones obligan a aportar documentación y, en muchos casos, verificaciones externas. No sustituyen el sentido común, pero ayudan a separar medidas reales de la simple propaganda.
Para el lector, lo más útil es fijarse en lo que viene después. ¿Habrá datos públicos de consumos y de energía solar generada, aunque sea resumida? Esa transparencia es la que convierte un icono en una lección.
El CO2 que no se ve
Hay un impacto que no aparece en las fotos, el CO2 de construir. La ONU recuerda que edificios y construcción consumen alrededor del 32% de la energía global y aportan en torno al 34% del CO2 mundial, incluso con mejoras recientes.
El IPCC añade que parte de esas emisiones está “embebida” en materiales como cemento y acero. Por eso se habla cada vez más de ciclo de vida, no solo de lo que gasta el edificio cuando está abierto.
En Europa este debate ya se traduce en guías y normativa sobre enfoques de ciclo de vida. El mensaje es simple, no basta con operar mejor, también hay que construir con menos huella.
Lo que debería importar más allá de la foto
Un rascacielos con placas solares no funciona aislado. Si el entorno se diseña para ir en coche a todas partes, con atascos y más emisiones, el balance urbano se resiente, por eso importan el transporte público, caminar y la mezcla de usos.
Y está el problema de los residuos. Bruselas recuerda que la construcción y demolición generan una parte enorme de los residuos en la UE, y la lógica es parecida en cualquier país, cuanto más circular sea la obra, mejor.
La Torre Mohammed VI llega como símbolo de modernidad y como prueba de que la sostenibilidad se juega en lo cotidiano, mantenimiento, consumos reales y cómo se mueve la gente alrededor. No es poca cosa.
El comunicado oficial sobre la inauguración y las medidas de eficiencia energética se ha publicado en el portal institucional maroc.ma.










