Llevamos años pensando que el Sistema Solar tiene 8 planetas pero en realidad le faltaban 2 y las lunas de Urano tienen la clave para probarlo

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Publicado el: 22 de junio de 2026 a las 15:36
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Miranda, luna de Urano fotografiada por la Voyager 2 de la NASA con enormes fracturas y regiones geológicas complejas.

El sistema solar que vemos hoy quizá no sea el sistema solar completo que nació hace miles de millones de años. Un nuevo estudio plantea que, durante una fase muy caótica de su juventud, pudo haber tenido uno o dos planetas gigantes más, parecidos a Urano o Neptuno, que acabaron expulsados hacia el espacio interestelar. No es una idea menor. Cambia la forma de mirar a nuestro vecindario cósmico.

La pista no estaría en un planeta escondido esperando a ser descubierto con un telescopio, sino en algo mucho más discreto. Las lunas de Urano, y en especial Miranda, podrían conservar las señales de aquella sacudida antigua. Los investigadores analizaron 122 historias posibles del sistema solar exterior y encontraron que las lunas de Urano eran muy difíciles de mantener intactas si no se incluía una etapa de encuentros violentos entre planetas gigantes.

Un pasado más violento

Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno no siempre habrían estado donde están ahora. Según el llamado modelo de Niza, los planetas gigantes se formaron en órbitas más compactas y después se desplazaron hasta ocupar sus posiciones actuales.

El problema es que ese viaje no fue ordenado ni tranquilo. En las simulaciones, los grandes planetas se acercan unos a otros, se tiran gravitatoriamente y modifican sus órbitas. Es como una mesa de billar cósmica, pero con mundos enormes en lugar de bolas.

Aquí entra la parte más llamativa. Para que el sistema solar termine pareciéndose al actual, algunos modelos funcionan mejor si al principio había cinco o seis planetas gigantes, no solo cuatro. Esos mundos extra habrían sido expulsados después, sin dejar un planeta visible al que podamos señalar hoy.

Las lunas como testigos

Cuando pensamos en buscar planetas perdidos, lo normal es mirar lejos. Pero este estudio propone mirar cerca de los gigantes que sobrevivieron. Sus lunas pudieron sufrir las consecuencias de aquellos encuentros y guardar una especie de cicatriz orbital.

El trabajo, firmado por Matthew S. Clement, Nathan A. Kaib, Andre Izidoro y Rogerio Deienno, se centró en las lunas regulares de Júpiter y Urano. Los autores probaron 122 trayectorias plausibles del sistema solar exterior para ver qué pasaba con esos sistemas de satélites.

El resultado es bastante contundente. La probabilidad de supervivencia de los sistemas de lunas de Júpiter y Urano fue inferior al 15 %. Además, los investigadores solo identificaron un caso en el que las grandes lunas de ambos planetas sobrevivían de forma consistente a la misma inestabilidad. No es poca cosa.

Urano sale mal parado

Urano parece haber estado en una zona especialmente delicada. En las simulaciones, los encuentros cercanos con otros gigantes alteraban con facilidad las órbitas de sus lunas. Cuando el acercamiento era demasiado profundo, la destrucción del sistema de satélites quedaba prácticamente garantizada.

Los datos del propio estudio van más allá. En el conjunto de simulaciones, el 87,3 % de los casos de las lunas de Urano terminaron desestabilizados. En Júpiter, el porcentaje fue muy parecido, con un 87,7 % para los satélites galileanos.

¿Qué significa eso en la práctica? Que el sistema de lunas que vemos hoy quizá no sea el original. Puede que algunas lunas sobrevivieran, otras chocaran y otras se recompusieran a partir de fragmentos. Suena extraño, pero en la historia temprana del sistema solar lo extraño parece haber sido la norma.

Miranda, la luna sospechosa

Miranda es una de las grandes protagonistas de esta historia. Es la más pequeña y cercana de las cinco lunas principales de Urano conocidas antes del paso de la Voyager 2, y desde hace décadas llama la atención por su aspecto raro.

La NASA describe a Miranda como un mundo con una historia geológica compleja, de unos 500 kilómetros de diámetro, con paisajes muy variados, grandes «coronae» y cañones de falla que pueden ser hasta 12 veces más profundos que el Gran Cañón. También recuerda que una posibilidad es que la luna fuera destrozada en una colisión enorme y después se recompusiera de forma irregular.

El nuevo estudio encaja con esa imagen. Los autores plantean que una serie de choques rápidos entre lunas vecinas pudo redistribuir material y ayudar a explicar el pequeño tamaño y la composición helada de Miranda. No lo presentan como una prueba cerrada, sino como una hipótesis interesante. Y ese matiz importa.

Dos grandes golpes

La historia de Urano ya era rara antes de este trabajo. El planeta gira casi tumbado, algo que suele relacionarse con un gran impacto en el pasado. Ahora, los investigadores sugieren que sus lunas pudieron pasar por al menos dos episodios violentos.

Los autores lo resumen con una frase clara, «las lunas de Urano probablemente fueron perturbadas hasta el punto de colisionar al menos dos veces». La primera por el impacto que inclinó el planeta. La segunda por la inestabilidad de los planetas gigantes.

Eso no significa que ya sepamos exactamente qué le pasó a cada luna. Las simulaciones son una herramienta poderosa, pero no una máquina del tiempo perfecta. Los propios investigadores reconocen que harán falta más modelos para seguir el rastro individual de estos mundos helados.

Lo que falta por comprobar

La gran pregunta es sencilla. ¿Hubo de verdad uno o dos planetas gigantes extra? Por ahora, la respuesta prudente es que pudo haberlos. El estudio no ha encontrado esos planetas desaparecidos, sino señales compatibles con un escenario en el que fueron expulsados.

En el fondo, lo que busca esta investigación es reconstruir una escena del crimen muy antigua. Los cuerpos expulsados ya no están, pero sus efectos podrían seguir escritos en las órbitas, en la composición y en las superficies de las lunas. Como cuando vemos una pared agrietada y entendemos que antes hubo un golpe.

Una futura misión a Urano sería clave para avanzar. Medir mejor sus lunas, estudiar Miranda de cerca y analizar sus superficies permitiría comprobar si realmente fueron reconstruidas tras un caos de colisiones. Hasta entonces, Urano seguirá guardando parte del secreto.

El estudio completo está disponible en arXiv.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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