Descubren a 3 kilómetros bajo el hielo de la Antártida una estructura con forma de abanico del tamaño de medio continente que explica cómo se rompió Gondwana y cambió la faz de la Tierra

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Publicado el: 30 de junio de 2026 a las 21:59
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Iceberg flotando frente a la costa de la Antártida Oriental, donde científicos han descubierto una gigantesca estructura geológica bajo el hielo.

La Antártida Oriental acaba de revelar una de esas sorpresas que obligan a mirar el mapa del planeta de otra forma. Un equipo internacional de científicos ha identificado bajo el hielo una enorme red de cuencas con forma de abanico, escondida en zonas donde la capa helada supera los tres kilómetros de espesor.

El hallazgo no habla de una cueva ni de una montaña aislada, sino de una provincia geológica completa. Los investigadores la han llamado East Antarctic Fan-Shaped Basin Province, o Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental, y creen que puede ayudar a explicar cómo se rompió Gondwana y cómo se separaron después la Antártida y Australia.

Un abanico bajo la Antártida

La estructura está formada por grandes depresiones subglaciales que ya eran conocidas en parte, pero que se habían estudiado por separado. Entre ellas aparecen las cuencas de Wilkes y Aurora, además de la zona donde se encuentra el lago Vostok, considerado el mayor lago subglacial conocido de la Tierra.

La novedad está en la conexión entre todas esas piezas. Vistas en conjunto, no parecen elementos sueltos, sino una red que irradia desde una zona próxima al Polo Sur. Es como si el continente escondiera bajo el hielo las varillas de un abanico abierto.

Y eso cambia mucho la lectura. Lo que antes parecía una colección de paisajes enterrados pasa a entenderse como una sola unidad física, enorme y coherente, grabada en la roca mucho antes de que la Antártida quedara cubierta por hielo.

La pista de Gondwana

Para entender la importancia del descubrimiento hay que viajar muy atrás en el tiempo, cuando los continentes del hemisferio sur formaban parte de Gondwana. Según el estudio, la estructura pudo originarse por un proceso llamado extensión rotacional distribuida, en el que la corteza se estira alrededor de una zona de pivote.

Dicho de forma sencilla, imagina una mano que se abre. El pulgar queda como punto de apoyo y los dedos se separan. Entre esos dedos aparecerían las cuencas triangulares que hoy se ven bajo el hielo antártico. No es una imagen perfecta, pero ayuda.

El autor principal, Egidio Armadillo, explicó que, «si nuestra interpretación es correcta», esta podría ser una de las muestras más grandes y claras de este tipo de extensión en corteza continental. No es poca cosa.

La ruptura de Australia

El borde norte de este abanico pudo actuar como una zona de debilidad en la litosfera. En la práctica, eso significa que la corteza pudo quedar preparada para una futura ruptura, justo en la región relacionada con la separación entre la Antártida y Australia.

Los autores también proponen que este proceso influyó en la forma semicircular de los márgenes continentales resultantes. Es decir, no solo habría dejado huellas bajo el hielo, sino también en la arquitectura del borde continental que hoy separa los territorios antártico y australiano.

Además, el modelo sugiere efectos en otras zonas del continente. La extensión rotacional pudo contribuir al levantamiento de las montañas Gamburtsev y a la segmentación de parte de las montañas Transantárticas, con una rotación estimada cercana a los 20 grados en su tramo septentrional.

Cómo lo han visto

La pregunta lógica es sencilla. ¿Cómo se estudia algo que está enterrado bajo kilómetros de hielo? La respuesta pasa por sumar muchas capas de información, no por una sola imagen espectacular.

El equipo combinó datos de topografía subglacial, observaciones geológicas, gravedad, magnetismo, sísmica y modelos de la corteza y la litosfera. También utilizó la versión 3 de BedMachine, una compilación que estima la elevación del lecho y el grosor del hielo con datos de radar y métodos de conservación de masa en zonas de flujo rápido.

Después ajustaron la topografía para calcular cómo se elevaría el terreno si se retirase el peso del hielo actual. Es una corrección importante, porque el hielo pesa muchísimo y deforma la corteza, como cuando un colchón se hunde bajo una carga.

Por qué importa hoy

Este descubrimiento no sirve solo para reconstruir un capítulo antiguo de la Tierra. También ayuda a comprender cómo se mueve la capa de hielo antártica en la actualidad, porque el hielo no fluye sobre una mesa lisa, sino sobre un relieve lleno de valles, cuencas, bordes y pendientes.

El estudio señala que los límites estructurales del abanico parecen controlar la posición de grandes glaciares de salida, entre ellos Totten, Vanderford, Denman, Frost y Amery. Dicho de otra forma, la geología antigua sigue marcando por dónde circula el hielo actual.

Esto no significa que la Antártida vaya a cambiar de golpe mañana. Pero sí añade una pieza clave para mejorar los modelos de hielo y las proyecciones de estabilidad, especialmente en zonas donde el lecho puede quedar por debajo del nivel del mar y ser más vulnerable a largo plazo.

Lo que falta por saber

Los propios científicos reconocen que quedan preguntas abiertas. Todavía no está cerrado cuándo se formó exactamente esta provincia geológica ni qué mecanismo profundo la impulsó con precisión. La Antártida, aunque parezca inmóvil desde lejos, sigue siendo uno de los lugares más difíciles de leer del planeta.

Eso es, en buena parte, lo más interesante del hallazgo. No cierra el debate, lo abre. Ahora habrá que comprobar mejor las edades de deformación, ajustar los modelos tectónicos y comparar esta arquitectura enterrada con las estructuras del océano que rodea al continente.

Aun así, el mensaje principal ya es potente. Bajo el hielo de la Antártida Oriental no hay solo un paisaje congelado, sino una memoria geológica capaz de explicar cómo se estiró, se rompió y se reorganizó una parte enorme del antiguo Gondwana.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Nature Geoscience.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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