La Tierra vuelve a tener oficialmente dos lunas, aunque una de ellas sea minúscula y silenciosa. La NASA ha confirmado que el asteroide 2025 PN7 se comporta como una cuasiluna de nuestro planeta y que continuará acompañándonos en una órbita casi gemela a la terrestre, al menos hasta el año 2083.
Antes de imaginar un cielo nocturno con dos discos brillantes conviene matizar. 2025 PN7 mide en torno a veinte metros de diámetro, algo así como un edificio pequeño, y es tan débil que solo se detecta con grandes telescopios. El objeto fue observado por primera vez en agosto de 2025 con el telescopio Pan STARRS , en el observatorio de Haleakala, en Hawái, aunque las imágenes de archivo muestran que estaba en las fotos desde 2014.
Qué es exactamente una cuasiluna
La palabra puede despistar 2025 PN7 no gira alrededor de la Tierra como nuestra Luna. En realidad orbita el Sol, pero lo hace en una trayectoria casi idéntica a la nuestra y con el mismo tiempo de vuelta. Los astrónomos lo describen como un objeto en resonancia uno a uno con la órbita terrestre, de modo que, visto desde aquí, parece que se queda cerca y que nos “sigue” durante décadas.
Un profesor de astronomía lo explicaba con un ejemplo sencillo. Una cuasiluna es como ese corredor que se coloca en tu carril y mantiene tu ritmo durante muchos metros, sin llegar a tocarte ni a formar parte de tu equipo. Comparte la pista, pero no está atado a ti. Con 2025 PN7 ocurre algo muy parecido.
Durante sus vueltas alrededor del Sol, este asteroide se acerca a nuestra posición y se aleja de nuevo. En el punto más próximo puede situarse a unos trescientos mil kilómetros de la Tierra, una distancia similar a la de la Luna, mientras que en el extremo opuesto se va a varios millones de kilómetros. Ese vaivén está controlado por la gravedad combinada del Sol, la Tierra y otros planetas.
Los cálculos publicados en la revista Research Notes of the American Astronomical Society indican que 2025 PN7 lleva en este tipo de órbita cuasi satelital desde la década de los sesenta y que seguirá así hasta aproximadamente 2083. Después, las pequeñas perturbaciones acumuladas modificarán su trayectoria y se irá alejando poco a poco.
¿Es de verdad una segunda luna y es peligrosa?
Entonces, ¿podemos decir que la Tierra tiene dos lunas? En sentido estricto, no. Nuestra única luna de pleno derecho sigue siendo la de siempre. Pero 2025 PN7 entra en esa categoría que los científicos llaman cuasilunas o cuasi satélites, un grupo muy reducido en el que también están objetos como Kamoʻoalewa. La propia NASA reconoce que estos compañeros son raros y que apenas se han confirmado unos pocos casos hasta ahora.
En la práctica, para la vida diaria la nueva cuasiluna es invisible. “Este objeto es demasiado pequeño, oscuro y lejano para que una persona vea una segunda luna en el cielo” explican los expertos consultados por la prensa científica.
En cuanto al riesgo, el mensaje es claro. El asteroide tiene un tamaño modesto y una órbita bien definida. Según los datos de la NASA y de los equipos que lo estudian, no hay peligro de impacto ni efectos apreciables sobre las mareas o el clima. Un astrofísico de la Universidad Northeastern calcula que la cuasiluna es unos veinte metros de ancho y recuerda que nuestra Luna es “aproximadamente un cuatrillón de veces más masiva”, lo que la hace dominadora absoluta de las mareas.
Un laboratorio natural para entender los asteroides cercanos
Si el ciudadano de a pie no va a notar nada, ¿por qué tanto interés científico? La respuesta está en que 2025 PN7 pertenece al grupo de asteroides Arjuna, objetos de baja inclinación y órbitas muy parecidas a la terrestre. Son piezas clave para probar modelos de dinámica orbital, estudiar cómo empuja la luz solar a los pequeños cuerpos a lo largo de los años y afinar los catálogos de asteroides cercanos a la Tierra.
Además, estos vecinos discretos se están convirtiendo en objetivos de primera para las agencias espaciales. La misión china Tianwen 2, lanzada en 2025, viaja hacia Kamoʻoalewa, otra cuasiluna terrestre, para recoger muestras y traerlas de vuelta. El objetivo es entender mejor de qué están hechos estos objetos y si algunos podrían ser fragmentos arrancados de la propia Luna.
En el caso de 2025 PN7, el estudio que describe su órbita está firmado por Carlos y Raúl de la Fuente Marcos, de la Universidad Complutense de Madrid. Sus cálculos muestran que se trata del cuasi satélite conocido más pequeño de la Tierra y que su estabilidad es limitada en comparación con otras cuasilunas más grandes.
Lo que nos cuenta esta “segunda luna” sobre nuestro vecindario cósmico
Puede que mientras te preocupas por la factura de la luz o por el tráfico de la mañana no pienses en ello, pero el entorno inmediato de la Tierra está lleno de pequeños cuerpos que pasan cerca sin que los veamos. Descubrimientos como 2025 PN7 recuerdan que el sistema solar es dinámico y que nuestro planeta no viaja solo. Cada nueva cuasiluna ayuda a cartografiar mejor ese vecindario y a mejorar la preparación frente a asteroides que sí podrían representar un riesgo en el futuro.
Los grandes sondeos del cielo, como el propio Pan STARRS y el futuro Observatorio Rubin en Chile, prometen encontrar más compañeros de este tipo en los próximos años. Los astrónomos hablan ya de “al menos media docena” de cuasilunas adicionales que podrían estar moviéndose en órbitas parecidas, esperando a ser descubiertas en los datos.
Mientras tanto, 2025 PN7 seguirá corriendo a nuestro lado en la pista solar durante algo más de medio siglo. No iluminará las noches ni cambiará las mareas, pero sí ampliará el mapa de nuestro entorno espacial y servirá de recordatorio silencioso de que la Tierra, incluso cuando parece aislada en el espacio, está rodeada de compañía.
El estudio oficial ha sido publicado en Research Notes of the American Astronomical Society.








