Bajo la arena y las rocas del Sáhara permanece una cantidad gigantesca de agua que llegó al subsuelo cuando el norte de África era mucho más húmedo. Parte de esa lluvia quedó atrapada hace decenas de miles de años y algunas muestras profundas se remontan incluso a cerca de un millón de años.
La imagen de un “océano bajo el desierto” ayuda a entender la escala, pero puede llevar a engaño. No existe un mar oculto esperando ser vaciado, sino varios acuíferos con agua dentro de los poros y fracturas de la roca, una reserva valiosa que puede agotarse.
No es un mar bajo la arena
El agua subterránea no suele ocupar grandes cuevas abiertas. Como explica el Servicio Geológico de Estados Unidos, llena pequeños huecos y grietas conectadas en la arena, la grava y la roca, de una forma parecida al agua retenida por una esponja.
La diferencia importa. Una roca puede almacenar mucha agua y, aun así, liberarla con demasiada lentitud para alimentar un gran pozo, porque la porosidad mide el espacio vacío y la permeabilidad indica lo fácil que resulta atravesarlo.
Una cartografía continental dirigida por Alan MacDonald, del British Geological Survey, estimó que África almacena unos 660.000 kilómetros cúbicos de agua subterránea, con un margen de incertidumbre de entre 360.000 y 1,75 millones. Esa cifra corresponde a todo el continente, no solo al Sáhara, y tampoco representa el volumen que puede bombearse de forma realista.
La mayor reserva fósil conocida
El sistema más famoso es el Sistema Acuífero de Arenisca Nubia. Se extiende bajo Chad, Egipto, Libia y Sudán a lo largo de unos dos millones de kilómetros cuadrados, y el Organismo Internacional de Energía Atómica lo describe como el mayor sistema conocido de agua subterránea fósil.
Pero no está solo. Más al oeste se encuentra el Sistema Acuífero del Noroeste del Sáhara, compartido por Argelia, Túnez y Libia, además de otras grandes cuencas sedimentarias bajo el desierto central y occidental.
¿Significa eso que cualquier punto del Sáhara puede ofrecer un pozo abundante? No. La profundidad, el espesor de la roca, la salinidad, las fallas geológicas y la conexión entre los poros cambian mucho de un lugar a otro.
Agua de distintas edades
La edad del agua subterránea se calcula desde que la lluvia se infiltró y dejó de intercambiarse libremente con la atmósfera. Para hacerlo, los hidrólogos analizan sustancias disueltas e isótopos radiactivos que funcionan como relojes naturales.
Algunas estimaciones para aguas nubias sitúan su antigüedad entre 20.000 y 49.000 años. Sin embargo, un estudio con criptón-81 y cloro-36 encontró muestras profundas que habían permanecido bajo el Sáhara alrededor de un millón de años.
Esto no quiere decir que cada litro tenga la misma edad. El agua puede mezclarse, seguir rutas diferentes y recibir una recarga moderna limitada en algunos bordes, por lo que el acuífero se parece más a un archivo con muchas capas.
Cuando el Sáhara era verde
El norte de África ha alternado varias veces entre fases secas y húmedas. Durante el último gran Periodo Húmedo Africano, que comenzó hace unos 14.700 años y terminó alrededor de hace 5.500, una mayor radiación solar veraniega reforzó el monzón africano y desplazó las lluvias hacia el norte.
Aquel “Sáhara verde” tampoco fue una selva continua. En buena parte fue un mosaico cambiante de praderas, sabanas arboladas, humedales, lagos y ríos donde vivieron peces, cocodrilos, grandes mamíferos y comunidades humanas.
Una investigación publicada en Nature Communications identificó mediante radar satelital un tramo de unos 520 kilómetros de un antiguo sistema fluvial enterrado en el Sáhara occidental. Los datos indican que la gran red de drenaje volvió a estar activa durante diferentes fases húmedas, algunas relacionadas con procesos registrados durante los últimos 245.000 años.
Mucho volumen no significa agua fácil
El gran número continental puede sonar a solución inmediata para la escasez. El problema es que almacenar agua y entregar agua útil a un pozo son cosas distintas, y ahí la geología pone límites muy concretos.
El estudio de MacDonald descubrió que los lugares capaces de sostener perforaciones de alto rendimiento, superiores a cinco litros por segundo, están mucho menos extendidos que las grandes reservas. En muchas zonas sí pueden funcionar pozos para bombas manuales, pero eso no equivale a disponer de caudal suficiente para ciudades enormes o regadíos intensivos.
También cuentan la profundidad y la calidad. Bombear desde cientos de metros consume energía, encarece cada metro cúbico y puede convertir una reserva impresionante sobre el mapa en una fuente poco práctica, especialmente si el agua es salobre.
Una reserva que puede agotarse
En el interior hiperárido del Sáhara, la lluvia actual apenas reemplaza el agua extraída de los acuíferos profundos. Por eso se habla de “agua fósil”, ya que su aprovechamiento se parece más al uso de una reserva finita que al de un río que vuelve a llenarse cada temporada.
El OIEA advierte de que el sistema nubio es antiguo y prácticamente no renovable, por lo que una extracción mal gestionada puede provocar sobreexplotación y agotamiento. Chad, Egipto, Libia y Sudán acordaron un marco de cooperación porque el bombeo realizado en un país puede influir en una reserva compartida.
Incluso dentro de un acuífero enorme pueden aparecer problemas locales alrededor de los pozos. Si baja la presión, aumenta el coste de bombeo, los pozos menos profundos pueden dejar de funcionar y el agua más salina puede desplazarse hacia las zonas de extracción. Y eso se nota.
La oportunidad y el límite
El agua ancestral bajo el Sáhara puede sostener hogares, cultivos y ciudades donde casi no existen ríos permanentes. Pero la respuesta no consiste en perforar sin más, sino en localizar las capas productivas, medir la calidad, controlar los niveles y acordar cuánto puede extraerse sin trasladar el problema a la siguiente generación.
En el fondo, el gran descubrimiento no es que exista un océano secreto. Es que el desierto conserva un registro de antiguos climas húmedos y, al mismo tiempo, una reserva estratégica que exige tanta prudencia como tecnología.
El estudio continental que cuantificó las grandes reservas de agua subterránea de África ha sido publicado en Environmental Research Letters.
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