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Marruecos da una lección a España y tras 7 años de sequía cambia su estrategia: moderniza el riego en 555.000 hectáreas para producir más comida gastando menos agua

Marruecos acelera la modernización del regadío para producir más alimentos consumiendo menos agua tras siete años de sequía.

Marruecos da una lección a España y tras 7 años de sequía cambia su estrategia: moderniza el riego en 555.000 hectáreas para producir más comida gastando menos agua

Marruecos ha asumido que su seguridad agrícola no puede depender únicamente de que vuelva la lluvia o se llenen los embalses. El Programa Nacional de Ahorro de Agua en Riego plantea modernizar alrededor de 550.000 hectáreas para extender sistemas como el riego localizado y mejorar el servicio que recibe cada explotación.

La conclusión principal es sencilla. El país no busca solo encontrar más agua, también quiere producir más alimentos y generar más valor con cada metro cúbico. Pero hay un matiz importante, instalar goteo no garantiza por sí mismo que una cuenca termine consumiendo menos.

La cifra que conviene leer bien

El Banco Mundial sitúa el objetivo del programa en aproximadamente 550.000 hectáreas, incluidas 220.000 dentro de grandes perímetros irrigados. No se trata de una única obra ni de una superficie transformada de golpe, sino de un proceso que combina redes colectivas, equipos dentro de las fincas y nuevas formas de repartir el agua.

«La valorización del agua es un indicador primordial», afirmó en 2024 el entonces ministro de Agricultura Mohamed Sadiki. Al cierre de 2023, Marruecos acumulaba 824.000 hectáreas equipadas con riego localizado y mantenía la meta de llegar al millón en 2030. Conviene no mezclar ambos datos, porque las 550.000 hectáreas describen el alcance con el que el Banco Mundial resume el programa, mientras las 824.000 reflejan la superficie nacional acumulada que presentó el ministro.

El avance tampoco es solo una promesa sobre el papel. Una operación financiada por el Banco Mundial había mejorado hasta diciembre de 2022 el servicio de más de 9.000 agricultores y cubierto 20.700 hectáreas. En mayo de 2026, el Banco Africano de Desarrollo informó de que más de 45.000 hectáreas habían sido modernizadas en las zonas cubiertas por uno de sus programas, con ahorros medios de agua de entre el 10 % y el 15 %.

Qué cambia en una parcela

El riego tradicional por gravedad deja correr el agua por canales y surcos. Es sencillo, pero puede repartirla de forma desigual y obliga a trabajar con turnos rígidos, algo que se nota cuando una parte del terreno recibe demasiado y otra se queda corta.

Con el goteo, el agua llega cerca de la raíz en cantidades más controladas. Además, el agricultor puede ajustar horarios, presión y fertilización, lo que reduce en buena parte los encharcamientos y permite responder mejor a una semana de calor intenso.

En la práctica, la modernización no consiste solo en colocar tuberías negras sobre la tierra. También requiere filtros, contadores, depósitos, mantenimiento y un suministro fiable. Sin esa red detrás, el sistema más eficiente puede quedarse parado justo cuando el cultivo más lo necesita.

La sequía terminó, el estrés no

En enero de 2026, el Gobierno marroquí dio por terminado un periodo de siete años de sequía tras un invierno mucho más húmedo. Entre el 1 de septiembre de 2025 y el 12 de enero de 2026 se registraron 108 milímetros de lluvia, un 17,6 % más que la media habitual, y los embalses alcanzaron entonces un llenado del 46 %.

Es un alivio real, pero no borra el problema estructural. Una campaña lluviosa puede recuperar un embalse con rapidez, mientras un acuífero sobreexplotado necesita mucho más tiempo y puede seguir perdiendo nivel si continúan las extracciones.

Por eso Marruecos combina el riego eficiente con presas, conexiones entre cuencas y desalación. El goteo ocupa un lugar intermedio muy práctico, porque intenta reducir la presión en la propia parcela antes de recurrir siempre a infraestructuras más grandes y costosas.

El ahorro puede rebotar

Aquí aparece la parte menos cómoda. Si una finca necesita menos agua por hectárea, el productor puede usar el margen para ampliar la superficie, intensificar la cosecha o cambiar a un cultivo más sediento. El contador de esa parcela mejora, pero el consumo total de la zona puede no bajar.

Un análisis del Banco Mundial modeló precisamente este riesgo en Marruecos. En algunos escenarios, una mejora del 5 % en la eficiencia reducía la demanda de agua solo un 3,5 %, y cuando se incorporaban los daños climáticos sobre los cultivos de secano, la demanda podía incluso aumentar un 4,1 %.

No es una predicción exacta de lo que ocurrirá en cada valle. Es una advertencia. Producir más por gota y extraer menos agua son objetivos relacionados, pero no son exactamente lo mismo.

Medir antes de celebrar

¿Cómo se sabe si el cambio funciona de verdad? No basta con contar hectáreas equipadas ni kilómetros de tubería. En el perímetro de El Haouz, un estudio apoyado por el Banco Mundial utilizó satélites para relacionar la evapotranspiración, la biomasa y el consumo de agua, además de estimar el uso de recursos subterráneos.

Ese seguimiento permite distinguir entre una finca más productiva y una cuenca realmente más protegida. Y ahí está la diferencia decisiva. La tecnología debe ir acompañada de cuotas, contadores, control de pozos y datos que permitan corregir el rumbo.

La experiencia con el bombeo solar muestra por qué. Al reducir la factura energética del agricultor, puede facilitar el riego, pero también abaratar la extracción de agua subterránea y aumentar la presión sobre acuíferos que ya están sobreexplotados.

El coste para los agricultores

La transición tiene otra barrera menos visible. Un pequeño agricultor no siempre puede pagar tuberías, filtros, programadores o una balsa, y tampoco asumir fácilmente una avería en plena campaña. Para muchos, el problema no es entender el goteo, sino financiarlo y mantenerlo.

La Agencia para el Desarrollo Agrícola contempla ayudas de entre el 80 % y el 100 % para proyectos de riego localizado, y los proyectos colectivos pueden recibir subvenciones de hasta el 100 % dentro de ciertos límites. Ese apoyo es clave para evitar que la modernización quede reservada a las explotaciones con más capital.

Lo que se juega Marruecos

El plan convierte el riego en una infraestructura climática, casi tan importante como una presa, pero mucho más cercana al terreno. Su éxito no se medirá únicamente por llegar al millón de hectáreas, sino por mantener la producción sin vaciar los acuíferos ni dejar atrás a los pequeños agricultores.

Marruecos ha elegido una dirección razonable, producir mejor con un recurso cada vez más irregular. Ahora llega la parte difícil. Hacer que cada gota ahorrada en la parcela sea también una gota que permanezca disponible para el conjunto del país.

El artículo oficial que detalla el programa fue publicado por el Banco Mundial.

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