Ciencia

China está transformando el agua subterránea del desierto del Taklamakán en una fuente de producción de mariscos

China logra criar marisco en pleno desierto del Taklamakán gracias al uso de agua subterránea salina y nuevas técnicas.

China está transformando el agua subterránea del desierto del Taklamakán en una fuente de producción de mariscos

En el borde norte del desierto de Taklamakan, en Xinjiang, está ocurriendo algo que hace unos años habría sonado casi imposible. Una región china sin salida al mar está criando gambas, peces y otros productos acuáticos usando agua salina y alcalina del propio desierto.

La clave no está en traer el mar hasta el interior de China, sino en ajustar el agua subterránea local para que algunas especies puedan vivir en ella. El resultado ya se nota en los mercados cercanos, donde los vecinos empiezan a encontrar marisco fresco producido a pocos kilómetros de casa, no transportado desde la costa en avión o camión.

Marisco lejos del mar

La ciudad de Ala’er, también conocida como Aral, se encuentra en la región autónoma uigur de Xinjiang, una zona árida, soleada y marcada por grandes extensiones de suelo salino-alcalino. Ese tipo de terreno suele ser un problema para la agricultura tradicional, porque muchas plantas no crecen bien en esas condiciones.

Pero lo que antes era una limitación se ha convertido ahora en una oportunidad. Según la información difundida por Xinhua y recogida por Matichon, la acuicultura en estas aguas ha permitido criar productos acuáticos en una zona que no tiene mar cerca. No es poca cosa.

La noticia tiene una lectura sencilla. Si se controla la composición del agua, la temperatura, el oxígeno y los minerales, ciertas especies pueden adaptarse a un entorno que antes parecía descartado para producir marisco.

El secreto está en el agua

El proyecto no consiste simplemente en llenar estanques y soltar gambas. Los equipos técnicos han tenido que analizar el agua salina y alcalina subterránea de la zona para entender en qué se diferencia del agua marina natural. Ahí empezó la parte más delicada.

El agua de Xinjiang no es igual que la del océano. China Daily recoge que expertos locales añaden elementos traza para acercar el entorno a las condiciones que necesitan peces y gambas, sobre todo calcio, magnesio y potasio. Shu Miao’an, experto de la Universidad de Zhejiang, lo resumió así: «Xinjiang tiene una composición diferente».

En la práctica, esto significa que el éxito depende de una receta muy precisa. Demasiada sal, demasiada alcalinidad o una mala relación entre minerales puede arruinar el cultivo. En acuicultura, el agua es casi como la factura de la luz en una casa. Si algo se descontrola, todo lo demás empieza a fallar.

Años de pruebas

Uno de los nombres propios de esta historia es Peng Renkai, responsable de una cooperativa acuícola en Ala’er. Según la información publicada, llevaba desde 2018 intentando criar gamba blanca del Pacífico en agua salino-alcalina mediante sistemas de recirculación.

No fue un camino fácil. La inversión anual se situó entre 600 000 y 700 000 yuanes, y durante varios años el proyecto acumuló pérdidas. Casi tiró la toalla, hasta que el apoyo técnico de expertos vinculados a Zhejiang ayudó a desbloquear el problema.

El avance llegó cuando se entendió mejor el agua local y se ajustó el modelo de cultivo al clima seco de Xinjiang. Según Su Miao’an, el equipo agrícola local trabajó durante años en un sistema rotacional adaptado a la falta de agua. Y ahí está una de las claves ambientales del proyecto.

Cuánta gamba producen

Los datos aportados por la cooperativa muestran que ahora pueden obtener entre 5 y 6 kilos de gambas por cada metro cúbico de agua. Dicho de otra forma, no se trata de estanques decorativos en mitad del desierto, sino de una producción intensiva que busca ser rentable.

China Daily ya había informado de que una base de Longda Aquaculture Farmers Cooperative contaba con 9,8 hectáreas, 15 invernaderos y 360 estanques. También detalló que se habían criado más de 5000 meros y 2,3 millones de langostinos o gambas, con apoyo científico de la Universidad de Tarim y la Universidad de Zhejiang.

Estos números ayudan a entender la escala. No estamos ante un experimento de laboratorio aislado, sino ante una actividad que intenta pasar de la prueba técnica al negocio local. Y eso cambia mucho la conversación.

Menos transporte y más control

Para una región interior como Xinjiang, el marisco fresco suele llegar desde provincias costeras. Eso implica más transporte, más tiempo y, muchas veces, precios más altos para el consumidor. En algunos puntos de Xinjiang, la producción local ya está cambiando esa dinámica.

People’s Daily informó de una base en el condado de Hetian, en el sur del Taklamakan, con casi 67 hectáreas dedicadas desde 2024 a especies como cangrejo chino, gamba blanca, «langosta» australiana de agua dulce y perca común. Su responsable aseguró que estos productos locales son entre un 15 % y un 20 % más baratos que los que antes llegaban desde la costa.

¿Qué significa esto para una familia? Algo tan simple como poder comprar producto fresco sin depender siempre de largas cadenas de frío. Menos kilómetros no siempre significa automáticamente menos impacto, pero sí abre una puerta interesante.

La parte ambiental

La acuicultura también tiene riesgos. Puede consumir energía, generar residuos orgánicos, necesitar piensos y exigir controles sanitarios constantes. Por eso la gran pregunta no es solo si se puede criar marisco en el desierto, sino cómo se hace.

En este caso, China Daily recoge que la base recicla el agua y no libera el agua usada al exterior, además de reutilizar los fertilizantes generados durante la cría. Ese detalle es importante, porque el vertido de agua salina o cargada de nutrientes podría causar problemas si no se gestiona bien.

La sostenibilidad real dependerá de mantener ese control cuando el modelo crezca. No basta con que funcione en una instalación concreta. Tendrá que demostrar que puede ampliar producción sin crear nuevos impactos en una zona que ya vive bajo presión hídrica.

Un modelo que crece

Xinjiang lleva varios años impulsando su sector acuícola. En 2022, su producción de productos acuáticos alcanzó las 159 500 toneladas, casi el doble que en 2006, según datos del gobierno regional citados por el portal oficial del Consejo de Estado de China.

La tendencia continuó después. Xinhua informó en 2025 de que la producción acuática de Xinjiang llegó en 2024 a 196 500 toneladas, un 6,8 % más interanual. Entre los productos mencionados aparecen la gamba blanca del Pacífico, la «langosta» australiana y otras especies destinadas tanto a mercados locales como a otras zonas de China.

Aun así, conviene mantener los pies en el suelo. No todo suelo salino sirve, no toda agua alcalina es útil y no todas las especies responden igual. La tecnología abre una vía, pero la naturaleza sigue poniendo las reglas.

Qué hay que vigilar

El siguiente paso será comprobar si estos sistemas pueden mantenerse con costes razonables, buena calidad del agua y garantías alimentarias. También habrá que ver si el modelo se replica en otras zonas sin gastar demasiada energía ni depender de correcciones químicas constantes.

Para Xinjiang, la oportunidad es clara. Puede convertir tierras difíciles en una fuente de empleo, alimento fresco e ingresos rurales. Para otros países con zonas áridas, la lección también es interesante, aunque no se puede copiar sin estudiar antes el agua, el clima y las especies.

En el fondo, la noticia no habla solo de gambas en el desierto. Habla de cómo una región intenta usar mejor un recurso que tenía delante y que parecía inútil. Y eso, bien hecho, puede marcar la diferencia.

La nota más reciente sobre esta transformación ha sido publicada por Xinhua.

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