Construcción

China usó 432 robots del tamaño de la palma de una mano coordinados por IA para levantar y mover un barrio histórico de 7.500 toneladas; construyeron el metro por debajo y luego lo devolvieron exactamente a su lugar de origen

China movió un barrio histórico de 7.500 toneladas con 432 robots coordinados por IA para construir el metro por debajo.

China usó 432 robots del tamaño de la palma de una mano coordinados por IA para levantar y mover un barrio histórico de 7.500 toneladas; construyeron el metro por debajo y luego lo devolvieron exactamente a su lugar de origen

China acaba de completar una de esas obras que parecen sacadas de una película, pero que han ocurrido de verdad. En Shanghái, un conjunto histórico de edificios shikumen llamado Huayanli, dentro de Zhangyuan, volvió a su ubicación original tras ser desplazado con 432 pequeños robots capaces de mover una estructura de unas 7500 toneladas.

No era una ciudad entera, y conviene decirlo claro. Era un complejo de tres edificios de ladrillo y madera construido entre las décadas de 1920 y 1930, con una superficie de unos 4030 metros cuadrados. Pero la imagen sigue siendo poderosa. En vez de demolerlo para construir debajo, los ingenieros lo levantaron, lo movieron y lo devolvieron a su sitio. Y eso cambia bastante la historia.

Un edificio que caminó

Huayanli forma parte de Zhangyuan, uno de los conjuntos shikumen más importantes de Shanghái. Este tipo de arquitectura mezcla elementos occidentales con rasgos tradicionales chinos, una huella muy reconocible de la ciudad durante los siglos XIX y XX.

El traslado de regreso comenzó el 19 de mayo de 2025 y avanzó a una velocidad media de unos 10 metros al día. El distrito de Jing’an confirmó que el conjunto completó su regreso el 7 de junio de 2025, después de semanas de movimiento lento y controlado.

No hablamos de arrastrar una casa por una calle ancha. Hablamos de mover una pieza histórica muy pesada, entre pasillos estrechos, edificios antiguos y una zona urbana donde cualquier vibración de más puede convertirse en un problema. Por eso el ritmo fue tan lento. Mejor despacio que perder un siglo de historia.

Por qué no lo demolieron

La razón del traslado estaba bajo tierra. Las autoridades y los equipos de construcción querían desarrollar un espacio subterráneo de tres niveles bajo Zhangyuan, con usos comerciales, culturales, aparcamiento y conexión con las líneas 2, 12 y 13 del metro de Shanghái.

La salida fácil habría sido tirar y reconstruir. Pero en este caso se optó por retirar temporalmente el conjunto, abrir espacio para la obra y devolverlo después a su emplazamiento original. ¿Qué significa esto en la práctica? Que la ciudad gana infraestructura sin borrar una parte reconocible de su memoria.

El distrito de Jing’an lo explicó de forma sencilla. Para proteger los edificios durante la construcción subterránea, primero había que moverlos, terminar la estructura base y luego devolverlos al lugar donde estaban. Una especie de operación a corazón abierto, pero hecha con ladrillo, acero y paciencia.

Los robots hicieron de piernas

La parte más llamativa fue el sistema de movimiento. Los 432 robots se instalaron bajo el edificio y funcionaron como pequeñas «patas» hidráulicas. Cada unidad podía soportar carga y desplazarse, y los robots trabajaban coordinados desde una sala de control.

«Estas patas son en realidad 432 pequeños robots de traslado por pasos, que permiten que el edificio camine», explicó Zhang Yi, responsable de la empresa de renovación urbana de Shanghai Construction No 2 Group, según recogió el Gobierno de Shanghái.

El sistema era casi como ver a un gigante aprender a andar. Dos robots trabajaban como si fueran una pareja de piernas. Uno sostenía, el otro avanzaba, y luego cambiaban. No es magia, es ingeniería. Pero vista desde fuera, cuesta no mirar dos veces.

Tecnología para tocar menos

El reto no terminaba en mover el conjunto. Zhangyuan tiene callejones estrechos, puertas muy pequeñas y edificios que no podían ser dañados. El Gobierno de Shanghái explicó que algunas zonas tienen callejones de poco más de 2 metros y accesos de apenas unos 70 centímetros, lo que dejaba fuera a la maquinaria convencional.

Para reducir riesgos, el equipo usó escaneo de nube de puntos y modelado BIM, una herramienta que permite crear modelos digitales detallados de los edificios y anticipar posibles choques o tensiones estructurales. En una obra así, saber por dónde no tocar es tan importante como saber por dónde avanzar.

También se desarrollaron robots de excavación con brazos plegables para trabajar en espacios de menos de 1,2 metros de ancho. Según la información oficial, estos equipos incorporaban algoritmos de aprendizaje profundo para distinguir arcilla de obstáculos durante la obra. Pequeños, sí. Pero nada simples.

Qué gana la ciudad

La operación no se hizo solo para enseñar músculo tecnológico. El nuevo espacio subterráneo previsto supera los 53 000 metros cuadrados y busca integrar usos culturales, comerciales, estacionamiento y conexión directa entre varias líneas de metro. Para una ciudad densa como Shanghái, el subsuelo se ha convertido en una salida muy valiosa.

Además, la actuación permitirá conectar Zhangyuan con rascacielos, zonas comerciales y barrios cercanos. En el fondo, lo que se intenta es que el patrimonio no quede como una postal aislada, sino como una parte viva de la ciudad. Eso es más difícil de lograr de lo que parece.

Desde el punto de vista de la sostenibilidad urbana, el mensaje es claro. No siempre hace falta elegir entre conservar o modernizar. A veces, con tecnología, dinero y una planificación muy fina, se puede hacer sitio al futuro sin tirar al suelo todo lo que cuenta de dónde viene una ciudad.

Una lección para otras ciudades

El caso de Huayanli no significa que todas las ciudades puedan mover barrios enteros con robots. Cada edificio tiene su estructura, su suelo, su valor patrimonial y sus límites técnicos. Pero sí deja una pregunta encima de la mesa. ¿Cuántas veces se demuele por costumbre antes de estudiar una alternativa?

Las ciudades europeas conocen bien ese dilema. Centros históricos, viviendas antiguas, transporte saturado, falta de aparcamiento, obras que molestan durante meses y vecinos cansados del ruido. No es fácil juntar conservación y desarrollo. Pero Shanghái acaba de demostrar que, al menos en algunos casos, la ingeniería puede abrir una tercera vía.

La información oficial sobre el traslado de Huayanli en Zhangyuan ha sido publicada por el portal del Gobierno de Shanghái.

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