China y Europa se alían en un proyecto sin precedentes en la historia de la ciencia y lanzan la misión SMILE, que estudiará cómo interactúa el viento solar con la capa terrestre

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Publicado el: 28 de mayo de 2026 a las 15:39
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Cohete Vega-C de la ESA durante la misión SMILE de Europa y China para estudiar el viento solar.

Europa y China acaban de poner en marcha una de esas misiones espaciales que no buscan pisar otro mundo, sino entender mejor el nuestro. La nave SMILE despegó el 19 de mayo de 2026 desde el Puerto Espacial Europeo de la Guayana Francesa a bordo de un cohete Vega-C, y la Agencia Espacial Europea confirmó el éxito inicial tras recibir la primera señal y desplegar los paneles solares.

Su objetivo es estudiar cómo responde la Tierra al viento solar, esa corriente de partículas cargadas que llega desde el Sol y que, en momentos de mucha actividad, puede alterar satélites, comunicaciones, sistemas de navegación e incluso redes eléctricas. No es poca cosa. SMILE quiere mirar por primera vez de forma global una defensa que nos acompaña cada día, aunque no podamos verla a simple vista.

Qué es SMILE

SMILE son las siglas de Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer. Dicho de forma sencilla, es una misión diseñada para observar el vínculo entre el viento solar, la magnetosfera y la ionosfera terrestre.

La magnetosfera es el gran escudo magnético de la Tierra. Nos protege de buena parte de las partículas que lanza el Sol, del mismo modo que una burbuja invisible frena un ataque constante que llega desde el espacio. Si ese escudo no existiera, la vida en la Tierra sería muy diferente.

La misión es conjunta entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Academia China de Ciencias (CAS). Según la ESA, es la primera vez que ambas instituciones seleccionan, diseñan, desarrollan, lanzan y operan juntas una misión espacial de este tipo.

Un lanzamiento ya confirmado

El despegue se produjo a las 05:52 CEST del 19 de mayo de 2026. Poco después, la estación de New Norcia, en Australia, recibió la primera señal de SMILE a las 06:48 CEST, y los paneles solares se desplegaron a las 06:49 CEST. Esa operación marcó el éxito del lanzamiento.

El cohete Vega-C no envió la nave directamente a su órbita final. Primero la colocó en una órbita baja alrededor de la Tierra. A partir de ahí, SMILE debe ir elevando poco a poco su trayectoria mediante maniobras propias.

La ESA explica que la nave realizará 11 encendidos de motor durante los días posteriores al lanzamiento. Su órbita final será muy elíptica, con una altura de hasta 121 000 kilómetros sobre el Polo Norte y unos 5000 kilómetros sobre el Polo Sur.

No viaja al Sol

Aunque su misión está ligada al Sol, SMILE no irá hacia nuestra estrella. Este detalle es importante, porque puede llevar a confusión. La nave se quedará alrededor de la Tierra para mirar cómo se comporta nuestro escudo magnético cuando recibe el impacto del viento solar.

En la práctica, esto significa que SMILE observará la zona donde la magnetosfera se encuentra con las partículas solares. Es una frontera enorme, cambiante y difícil de estudiar, porque hasta ahora muchas misiones solo podían tomar medidas en puntos concretos.

La diferencia es parecida a mirar una tormenta desde una sola ventana o verla desde lejos con una cámara capaz de captar todo el frente. Y ahí está la clave de esta misión.

Por qué importa

Las tormentas solares no son ciencia ficción. Cuando el Sol lanza una gran eyección de masa coronal hacia la Tierra, puede provocar tormentas geomagnéticas. A veces solo dejan auroras espectaculares. Otras veces pueden afectar a satélites, comunicaciones por radio, navegación y redes eléctricas.

¿Qué significa esto para alguien que vive en España o en cualquier otro país europeo? Que buena parte de nuestra vida diaria depende de tecnología sensible al clima espacial. Usamos GPS, internet, satélites meteorológicos, aviones, sistemas eléctricos y comunicaciones que pueden verse sometidos a tensiones cuando el Sol se pone especialmente activo.

La ESA señala que SMILE ayudará a mejorar los modelos de predicción de tormentas geomagnéticas. Hoy se pueden anticipar algunos eventos con poco margen, pero la meta es entender mejor el sistema Sol-Tierra para ganar tiempo y reducir daños.

Sus cuatro instrumentos

SMILE lleva cuatro instrumentos científicos. Los dos más llamativos son una cámara de rayos X suaves y una cámara ultravioleta. La primera permitirá observar por primera vez la magnetosfera terrestre en rayos X. La segunda mirará las auroras del norte durante largos periodos.

La cámara de rayos X buscará la luz que aparece cuando las partículas cargadas del viento solar interactúan con partículas neutras de la parte alta de la atmósfera terrestre. Parece técnico, pero la idea es sencilla. Esa luz permitirá dibujar una frontera que normalmente es invisible.

La cámara ultravioleta, por su parte, podrá observar el anillo completo de auroras alrededor del Polo Norte durante 45 horas seguidas. Eso no se había conseguido de esta forma desde 2008, y puede ayudar a entender cómo se mueven las auroras cuando cambia la actividad solar.

Una cooperación poco habitual

La misión también tiene una lectura política y científica. Europa y China han trabajado juntas en proyectos espaciales antes, pero SMILE es un paso más profundo. No se trata solo de compartir datos, sino de construir y operar una misión común.

La ESA aporta el módulo de carga útil, el lanzador, uno de los instrumentos científicos y parte de las operaciones. La Academia China de Ciencias aporta la plataforma de la nave, tres instrumentos y parte de la operación científica. Es un reparto complejo, pero también muy simbólico.

Además, hay participación europea directa. La propia ESA indica que Airbus Defence and Space en España construyó el módulo de carga útil de SMILE, una pieza esencial que transporta tres de los cuatro instrumentos de la misión.

Qué pasará ahora

El lanzamiento es solo el primer paso. SMILE pasará alrededor de un mes viajando hasta su órbita operacional. Después llegará la puesta en servicio de los instrumentos, con pruebas, apertura de cubiertas y comprobaciones desde tierra. La ESA espera que la recogida científica oficial de datos comience en septiembre de 2026.

La misión nominal durará tres años. Durante ese tiempo, los científicos intentarán responder preguntas muy concretas. Qué ocurre cuando el viento solar golpea el escudo magnético terrestre, qué provoca ciertas alteraciones en la parte nocturna de la magnetosfera y cómo se pueden prever antes las tormentas magnéticas más peligrosas.

Josef Aschbacher, director general de la ESA, resumió el reto con una imagen muy clara al hablar de ver «la armadura invisible de la Tierra en acción». Es una forma sencilla de decirlo. SMILE no va a cambiar mañana nuestra rutina, pero puede ayudar a proteger la tecnología de la que ya dependemos cada día.

El comunicado oficial sobre el lanzamiento de SMILE ha sido publicado por la Agencia Espacial Europea.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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