Ciencia

La galaxia vecina más cercana a la Vía Láctea está siendo destrozada en tiempo real: sus estrellas se alejan a 61.000 km/h y los astrónomos calculan que podría partirse en dos

La Pequeña Nube de Magallanes se está deformando por la gravedad y los astrónomos creen que podría acabar partiéndose en dos.

La galaxia vecina más cercana a la Vía Láctea está siendo destrozada en tiempo real: sus estrellas se alejan a 61.000 km/h y los astrónomos calculan que podría partirse en dos

A unos 200 000 años luz de la Tierra, una pequeña galaxia está dando una pista enorme sobre cómo actúa la gravedad cuando dos vecinas viven demasiado cerca. La Pequeña Nube de Magallanes ya no parece comportarse como un disco tranquilo, sino como un sistema estirado por la Gran Nube de Magallanes, su hermana mayor. Nuevas mediciones muestran que sus estrellas se mueven hacia fuera a una media de unos 17 kilómetros por segundo, cerca de 61 000 km/h.

¿Qué significa esto en la práctica? Que los astrónomos están viendo una especie de tira y afloja cósmico, lento para nosotros, pero profundo para una galaxia. No va a cambiar nuestro cielo de una noche para otra, pero sí obliga a revisar cómo se cuenta la historia de una de las compañeras más cercanas de la Vía Láctea.

Una vecina pequeña

La Pequeña Nube de Magallanes es una galaxia enana que orbita alrededor de la Vía Láctea. Tiene unos 7000 años luz de diámetro, una cifra enorme para cualquiera de nosotros, pero modesta frente a una galaxia como la nuestra. A simple vista, desde el hemisferio sur, puede parecer una nube tenue en el cielo.

Junto a la Gran Nube de Magallanes forma una pareja de galaxias satélite que se observa cerca de la Vía Láctea. Lo interesante es que no están quietas ni aisladas. Se han influido durante miles de millones de años, como dos masas que se empujan y se deforman lentamente.

La señal clave

El nuevo trabajo se apoya en más de una década de observaciones del sondeo VMC, realizado con el telescopio VISTA en el Observatorio Paranal del ESO, en Chile. Gracias a ese tiempo de seguimiento, el equipo pudo medir movimientos propios de millones de estrellas con una precisión mucho mayor que en análisis anteriores.

Los movimientos propios son desplazamientos minúsculos en el cielo. No son fáciles de detectar. Es un poco como intentar ver desde muy lejos si una persona se ha movido unos pasos en una plaza enorme, pero con estrellas y durante años.

El mapa resultante muestra que las estrellas de la Pequeña Nube de Magallanes se alejan del centro en una dirección preferente, del sureste al noroeste. Esa forma de moverse encaja con una expansión de marea causada por la atracción gravitatoria de la Gran Nube de Magallanes. Y lo más llamativo es que la señal aparece también en las zonas centrales, no solo en los bordes.

No gira como se pensaba

Durante años, muchos modelos trataban a la Pequeña Nube de Magallanes como si fuera un disco en rotación, aunque con una forma irregular. El nuevo estudio complica esa imagen. Una vez corregidos los efectos de marea, los investigadores no encuentran una rotación coherente, sino movimientos sobre todo radiales.

“Las estrellas no están dominadas por una rotación ordenada, sino por perturbaciones gravitatorias”, resume Sreepriya Vijayasree, investigadora doctoral del Instituto Leibniz de Astrofísica de Potsdam. Dicho de forma sencilla, la galaxia no se mueve como un plato que gira. Se parece más a una estructura que está siendo estirada desde dentro y desde fuera.

Esto importa porque un modelo equivocado puede cambiar toda la lectura del pasado. Si se interpreta como giro lo que en realidad es una corriente de estrellas arrastradas por la gravedad, la historia de esa galaxia queda mal contada. Y en ciencia, esa diferencia no es pequeña.

Una pelea muy lenta

La palabra “desgarrar” suena casi violenta, pero aquí conviene poner el reloj en escala cósmica. A esa velocidad media, las estrellas pueden desplazarse varios miles de años luz en unos cientos de millones de años. Para una persona, es una eternidad. Para una galaxia, es parte de su vida diaria.

Jacco van Loon, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Keele, lo expresa con una imagen muy directa. “Estamos presenciando cómo una galaxia desgarra a su vecina”, afirma. Pero también matiza que la mayoría de estas estrellas no serán arrancadas de la Pequeña Nube de Magallanes, al menos según la interpretación actual.

Para la Tierra no hay motivo de alarma. Estamos hablando de objetos lejanos y de procesos lentísimos. Pero para los astrónomos es una oportunidad valiosa, porque permite ver cómo la gravedad remodela una galaxia sin necesidad de esperar a una colisión frontal.

Por qué importa

Las Nubes de Magallanes son un laboratorio natural para estudiar la evolución de las galaxias. Están lo bastante cerca como para medir estrellas individuales y lo bastante alteradas como para enseñar qué ocurre cuando dos galaxias se cruzan, se rozan y se tiran una de la otra.

Además, las estrellas guardan memoria. El estudio detecta un movimiento hacia el norte en estrellas gigantes rojas más antiguas, que podría conservar la huella de una interacción ocurrida hace más de 2000 millones de años. Las estrellas jóvenes e intermedias, por su parte, muestran movimientos hacia fuera más claros y coherentes.

En el fondo, la galaxia funciona como un archivo abierto. Cada población de estrellas cuenta una parte distinta del mismo choque gravitatorio. Algunas hablan del pasado remoto. Otras muestran lo que está pasando ahora.

Lo que falta por saber

El mapa actual es muy potente, pero no cierra todas las preguntas. Los investigadores han medido muy bien el movimiento de las estrellas en el plano del cielo, aunque para completar la película hace falta conocer con más detalle su velocidad en la línea de visión. Es decir, si también se acercan o se alejan de nosotros.

El propio artículo apunta a que futuras campañas, como el sondeo 1001MC con 4MOST, podrán aportar esa parte química y cinemática que falta. Con esos datos, los astrónomos podrán reconstruir mejor cuándo se produjeron los encuentros más importantes entre ambas galaxias y cuánto ha cambiado la Pequeña Nube de Magallanes desde entonces.

Por ahora, la conclusión principal ya es clara. Nuestra vecina galáctica no es un disco sereno, sino una galaxia en desequilibrio, marcada por el tirón de otra galaxia más grande. Y eso cambia el relato.

El estudio científico ha sido publicado en Astronomy & Astrophysics.

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