Científicos descubren enormes depósitos de magma activo bajo algunas de las montañas más icónicas de Estados Unidos… y millones de personas viven justo encima sin saberlo

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Publicado el: 23 de enero de 2026 a las 09:43
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Flujo de lava ardiente descendiendo por la ladera de un volcán activo durante la noche.

Bajo seis de los grandes volcanes de la cordillera de las Cascadas, en el noroeste de Estados Unidos, los geólogos han identificado enormes depósitos de magma parcialmente fundido entre unos cinco y quince kilómetros de profundidad. El nuevo trabajo, publicado en la revista Nature Geoscience, demuestra que estos cuerpos de magma son persistentes incluso en volcanes que llevan miles de años sin erupcionar, como Crater Lake, y obliga a replantearse dónde termina un volcán activo y dónde empieza uno dormido.

El estudio se ha centrado en Mount Rainier, Mount St Helens, Mount Hood, Crater Lake, Newberry y Lassen Peak, seis de los ocho grandes volcanes analizados en la cordillera. Varios de ellos figuran entre los volcanes de “muy alta amenaza” del sistema de alerta volcánica de Estados Unidos y la propia cadena de las Cascadas concentra buena parte de los volcanes de mayor riesgo del país. Para quienes viven en el entorno de Seattle, Portland o las comunidades rurales de Oregón y California, saber qué ocurre bajo estas montañas no es un detalle menor.

Grandes cuerpos de magma que no desaparecen tras una erupción

Hasta ahora muchos modelos asumían que los grandes depósitos de magma se forman en las etapas previas a una erupción y que después se “vacían” y se enfrían con el tiempo, dejando al volcán en un estado relativamente quieto. La imagen que dibuja este trabajo es distinta. Los investigadores han detectado cuerpos de baja velocidad sísmica, una señal típica de roca muy caliente con una fracción de material fundido, justo bajo la mayoría de los volcanes de las Cascadas.

En la práctica, esto significa que bajo estas cumbres no hay lagos de lava completamente líquida, sino algo más parecido a una “papilla” de roca sólida y magma que puede mantenerse durante miles de años sin provocar una erupción. Según explica el primer autor del estudio, Guanning Pang, en lugar de ser una rareza, la presencia de grandes cuerpos de magma bajo un volcán parece ser la situación de base durante buena parte de su vida.

¿Quiere decir que estas montañas están a punto de estallar?

La pregunta sale sola. Y la respuesta corta es no. Los autores y los organismos de vigilancia insisten en que estos depósitos están solo parcialmente fundidos y que, con las fracciones de magma líquido estimadas, no existe por sí sola una condición inminente de erupción.

Más bien al revés. El estudio sugiere que una erupción no vacía por completo la cámara, sino que libera parte del exceso de volumen y presión. Con el tiempo, el sistema puede volver a recargarse debido a la fusión gradual de la corteza bajo el volcán. Esto encaja con la idea de que muchos volcanes considerados “dormidos” conservan capacidad eruptiva a largo plazo y por eso siguen en las listas oficiales de amenaza.

En paralelo, el Observatorio de Volcanes de las Cascadas recuerda que, a día de hoy, todos los volcanes de la cordillera en Oregón y Washington se encuentran en niveles de actividad de fondo, sin señales anómalas destacables. Es decir, el descubrimiento habla de lo que hay bajo nuestros pies, no de un cambio repentino en su comportamiento actual.

Ver el magma con un puñado de sismómetros

La parte técnica también tiene su interés práctico. En lugar de desplegar cientos de instrumentos alrededor de cada volcán, el equipo ha utilizado pequeñas redes de sismómetros y una técnica que aprovecha las ondas sísmicas generadas por terremotos lejanos. Analizando cómo se dispersan y se ralentizan esas ondas al atravesar la corteza, han podido reconstruir imágenes en tres dimensiones de los depósitos de magma bajo cada edificio volcánico.

Esto abre la puerta a estudiar otros volcanes del mundo con menos medios y en menos tiempo. El propio Geoffrey Abers señala que, si se conoce mejor dónde está el magma, se puede “afinar” la red de vigilancia y priorizar aquellas zonas con más riesgo y menos datos. Algo muy relevante si pensamos en la cantidad de volcanes que, a día de hoy, siguen estando poco instrumentados.

Qué implica para el medio ambiente del noroeste del Pacífico

El noroeste del Pacífico es una región donde la vida cotidiana convive con volcanes altos, glaciares, bosques y grandes ríos. Una erupción mayor en Mount Rainier, Mount St Helens o Crater Lake no solo afectaría a las ciudades cercanas, también podría generar lahares y nubes de ceniza que alteren cuencas fluviales, bosques, cultivos y calidad del aire a cientos de kilómetros.

Saber que bajo estas montañas existen grandes reservas de magma a poca profundidad no cambia el riesgo inmediato, pero sí refuerza la necesidad de vigilancia continua y planes de emergencia actualizados. Igual que ocurre con otros peligros naturales, desde las olas de calor hasta las inundaciones, la clave está en combinar ciencia, redes de alerta temprana y buena comunicación con la población.

En definitiva, el estudio recuerda que muchos volcanes “tranquilos” siguen muy vivos por dentro y que la mejor forma de convivir con ellos es entender cómo funcionan. El estudio científico completo ha sido publicado en la revista Nature Geoscience.

El estudio se publicó en el USGS Publications Warehouse.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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