Ciencia

Científicos descubren que el cerebro expulsa residuos a través de la nariz mediante un conducto que se va obstruyendo con la edad

Científicos descubren una vía de drenaje cerebral conectada con la nariz que se deteriora con la edad y logran restaurarla en ratones.

Científicos descubren que el cerebro expulsa residuos a través de la nariz mediante un conducto que se va obstruyendo con la edad

El cerebro no tiene un cubo de basura, pero sí un sistema de drenaje. Un equipo internacional ha localizado unas aberturas diminutas junto a los bulbos olfatorios por las que el líquido cefalorraquídeo pasa a vasos linfáticos y continúa hacia los ganglios del cuello. El hallazgo aclara un tramo de la limpieza cerebral que seguía sin entenderse con detalle.

En ratones envejecidos, esa ruta estaba deteriorada por varios puntos a la vez. Los científicos lograron recuperar el crecimiento de los vasos linfáticos y normalizar el drenaje mediante un vector viral administrado por la nariz que induce la producción de VEGF-C. Aun así, no es un aerosol listo para pacientes ni demuestra que pueda prevenir el alzhéimer.

Una salida junto al olfato

El líquido cefalorraquídeo es el fluido transparente que rodea el cerebro y la médula espinal. Además de amortiguar golpes, ayuda a transportar moléculas y productos de desecho fuera del sistema nervioso.

La nueva ruta comienza alrededor de los bulbos olfatorios, las zonas cerebrales que reciben la información del olfato. Desde allí, el líquido cruza la aracnoides, entra en vasos linfáticos de la duramadre, atraviesa pequeños pasos de la base del cráneo y se incorpora a la red linfática de la mucosa nasal.

Eso no significa que los residuos salgan al exterior con el moco. La vía conecta el espacio que rodea el cerebro con los vasos de la nariz y, después, con los ganglios linfáticos cervicales, que forman parte del sistema de filtrado del organismo.

Las puertas microscópicas

La aracnoides es una de las finas membranas que envuelven y protegen el cerebro. Los investigadores encontraron en ella numerosos orificios de apenas unas milésimas de milímetro, bautizados como “fenestraciones aracnoideas”.

Para seguir el recorrido, el equipo introdujo marcadores fluorescentes en el líquido cefalorraquídeo de ratones y reconstruyó los tejidos con imágenes en tres dimensiones y microscopía electrónica. Los marcadores se concentraron en las aberturas, pasaron a los vasos linfáticos y llegaron hasta los ganglios del cuello.

Los científicos también bloquearon físicamente parte de esas aberturas con microesferas demasiado grandes para atravesarlas. El drenaje descendió de forma marcada. Eso convirtió un mapa anatómico en una prueba funcional de que aquellas puertas participan en la salida del líquido.

La edad estrecha la ruta

En los ratones mayores, los vasos linfáticos situados alrededor de los bulbos olfatorios y en la mucosa nasal estaban atrofiados. También había menos fenestraciones aracnoideas y los pasos del hueso criboso, una placa perforada entre el cerebro y la cavidad nasal, eran más estrechos.

En la práctica, el sistema se parecía a una red de tuberías con menos entradas y conductos más finos. El flujo del líquido cefalorraquídeo hacia el cuello disminuía, pero el estudio no demuestra que ese deterioro cause alzhéimer ni que corregirlo frene una enfermedad neurodegenerativa.

El resultado encaja con un trabajo publicado en Nature en 2024, que identificó el plexo linfático nasofaríngeo como un centro importante del drenaje cerebral y observó que se deterioraba con la edad en ratones. La nueva investigación añade la pieza que faltaba justo antes de esa red, el paso a través de la aracnoides.

Una terapia por la nariz

El equipo administró a ratones envejecidos un vector viral diseñado para que los tejidos produjeran VEGF-C. Esta proteína actúa como una señal de crecimiento para los vasos linfáticos, por lo que la red situada cerca de los bulbos olfatorios y de la mucosa nasal volvió a expandirse.

Tras el tratamiento, el drenaje del líquido cefalorraquídeo alcanzó niveles comparables a los de ratones jóvenes. Sin embargo, las fenestraciones perdidas y los pequeños orificios del hueso no se recuperaron, lo que sugiere que reforzar los vasos restantes fue suficiente para mejorar el flujo en este experimento.

Conviene poner el freno aquí. El procedimiento fue una terapia génica experimental probada en ratones, no un medicamento nasal convencional, y el estudio no evaluó su seguridad ni su eficacia en personas. Los resultados tampoco demuestran que reduzca proteínas tóxicas, mejore la memoria o retrase una demencia.

Qué cambia ahora

El trabajo fue encabezado por Seon Pyo Hong, Cheolhwa Jin y Myung Jin Yang, con Gou Young Koh como investigador principal, desde el Centro de Investigación Vascular del Instituto de Ciencias Básicas de Corea del Sur y KAIST. Participaron además la Universidad de Helsinki, la Universidad de California en San Francisco y otros centros coreanos.

“Identificamos pequeñas aberturas en la aracnoides que sirven como puertas funcionales para el drenaje”, explicó Hong al presentar los resultados. El equipo confirmó estructuras parecidas en macacos cangrejeros, aunque todavía falta demostrar cómo funciona esta vía en seres humanos vivos.

La línea de investigación ya había dado otra pista en un estudio de Nature de 2025, donde la estimulación mecánica suave de vasos linfáticos del cuello aumentó el drenaje en ratones viejos. Ahora toca comprobar la anatomía humana, estudiar modelos de alzhéimer y párkinson y valorar los riesgos de activar el crecimiento linfático durante periodos prolongados.

El estudio principal se ha publicado en la revista Cell.

Relacionados