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Después de casi 7.000 embalses construidos desde 1835 la humanidad ha movido el eje de la Tierra casi 1 metro y ya acumula el agua equivalente a dos dos veces el Gran Cañón del Colorado

Un estudio revela que miles de embalses han desplazado el eje de la Tierra casi un metro desde el siglo XIX.

Después de casi 7.000 embalses construidos desde 1835 la humanidad ha movido el eje de la Tierra casi 1 metro y ya acumula el agua equivalente a dos dos veces el Gran Cañón del Colorado

Durante casi dos siglos, la humanidad ha levantado miles de presas para almacenar agua, producir electricidad, regar cultivos y frenar inundaciones. Ese enorme cambio en el reparto del agua ha tenido un efecto inesperado. También ha movido ligeramente la posición de los polos geográficos sobre la superficie terrestre.

Un estudio publicado en 2025 calcula que el recorrido acumulado fue de 113,4 centímetros entre 1835 y 2011. No significa que la Tierra vaya a volcarse ni que el clima cambie de golpe, pero sí confirma algo difícil de imaginar cuando abrimos un grifo. Nuestras infraestructuras ya dejan una huella medible en la rotación del planeta.

Un movimiento real y muy pequeño

El equipo analizó 6.862 embalses repartidos por el mundo y reconstruyó cuánta agua almacenaron desde 1835. Después calculó cómo esa masa adicional sobre los continentes, junto con el agua retirada de los océanos, modificó la orientación del eje de rotación respecto a la corteza.

El resultado necesita un matiz importante. Los polos recorrieron en conjunto 113,4 centímetros siguiendo una trayectoria irregular, pero no terminaron a 1,13 metros de su punto inicial. El desplazamiento neto al final del periodo fue de unos 44 centímetros.

Por qué una presa puede mover un polo

La Tierra no es una esfera rígida e inmóvil por dentro. Cuando una gran cantidad de masa cambia de lugar, el planeta reajusta mínimamente su equilibrio para conservar el momento angular, algo parecido a lo que ocurre cuando se añade peso a un objeto que gira.

Las presas retienen en tierra agua que, sin esos obstáculos, habría continuado río abajo hasta el mar. Los embalses estudiados almacenan una cantidad comparable a llenar dos veces el Gran Cañón, suficiente para alterar de forma diminuta la distribución global de la masa.

¿Se mueve entonces el eje entero como una palanca? En la práctica, lo que cambia es el lugar de la superficie terrestre por el que pasa el eje de rotación. Los científicos llaman a este proceso desplazamiento polar verdadero.

El cambio ocurrió en dos etapas

Entre 1835 y 1954, la construcción de grandes presas se concentró sobre todo en Norteamérica y Europa. Según los cálculos, el Polo Norte se desplazó 20,5 centímetros hacia el meridiano 103 este, que atraviesa zonas de Rusia, Mongolia, China y la península de Indochina.

La dirección cambió después. Entre 1954 y 2011, el auge de los embalses en Asia y África oriental empujó la trayectoria 57,1 centímetros hacia el meridiano 117 oeste, que cruza el oeste de Norteamérica y el Pacífico Sur.

Ese giro explica por qué no basta con sumar dos distancias en línea recta. El polo fue cambiando de dirección a medida que también cambiaba el mapa mundial de las presas. Cerca de 104 centímetros de todo el recorrido se produjeron durante el siglo XX.

No son los polos magnéticos

El estudio habla de los polos geográficos, los puntos por los que atraviesa el eje de rotación. No se refiere a los polos magnéticos que orientan las brújulas y que están relacionados principalmente con los movimientos del hierro líquido en el núcleo externo.

Tampoco anuncia una catástrofe. «No vamos a entrar en una nueva edad de hielo porque el polo se haya movido alrededor de un metro», explicó Natasha Valencic, estudiante de posgrado de Harvard y autora principal cuando se publicó el trabajo. La escala es minúscula frente al tamaño de la Tierra.

Por eso nadie notará este cambio al caminar, viajar o mirar el cielo. No produce una alteración apreciable de las estaciones ni obliga a corregir los mapas de uso cotidiano. Pero para la geodesia y los modelos climáticos, unos centímetros sí importan.

La conexión con el nivel del mar

Al guardar agua detrás de las presas, se reduce la cantidad que permanece en los océanos. El trabajo calcula que el volumen incluido en su base de datos equivale a una bajada de unos 21,8 milímetros del nivel medio global entre 1900 y 2011 respecto al escenario sin esos embalses.

Puede parecer poco, pero durante el siglo XX el nivel del mar subió de media unos 1,2 milímetros al año. Según la autora, el agua retenida por las presas compensó aproximadamente una cuarta parte de esa tasa. No es poca cosa cuando se intenta reconstruir con precisión el presupuesto histórico del nivel del mar.

Además, el efecto no se reparte igual en todas las costas. La ubicación de cada embalse influye en la gravedad, en la carga sobre la corteza y en la redistribución del océano, por lo que algunas regiones pueden registrar una respuesta distinta a la media mundial.

También cambia la duración del día

Mover masa puede acelerar o frenar ligeramente la rotación, como hace una patinadora al acercar o separar los brazos. El Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA estimó que llenar la presa china de las Tres Gargantas con unos 40 kilómetros cúbicos de agua podría alargar el día en 0,06 microsegundos y desplazar el polo cerca de dos centímetros.

Es una variación calculable, pero imposible de notar en la vida diaria. Ningún reloj doméstico va a adelantarse por un embalse. Aun así, la cifra ayuda a entender que el agua, el hielo, los terremotos y la actividad humana participan en el equilibrio dinámico del planeta.

Lo que todavía debe tenerse en cuenta

El estudio se basa en modelos físicos y en una base con 6.862 embalses, no en una observación directa del movimiento causado por cada presa. Esa recopilación representa alrededor del 72 % del volumen mundial estimado de agua embalsada, por lo que faltan numerosas instalaciones pequeñas.

Los autores probaron cómo afectaría esa ausencia y concluyeron que el 28 % restante probablemente tendría poca influencia sobre la trayectoria polar. Aun así, el cálculo depende de supuestos sobre el ritmo de llenado, las filtraciones y la capacidad real utilizada en cada embalse.

La conclusión principal se mantiene. Las presas no explican por sí solas todo el movimiento de los polos, pero su señal debe separarse de otros procesos, como el deshielo y los cambios en el almacenamiento de agua, para comprender mejor cómo responde la Tierra a un clima en transformación.

El estudio completo ha sido publicado en Geophysical Research Letters.

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