Durante las noches del 7 y 8 de enero de 1610, Galileo Galilei apuntó su telescopio casero hacia Júpiter y observó unos puntos de luz que cambiaban de posición. Uno de ellos era Europa, una luna que hoy se considera uno de los mundos más prometedores para estudiar si existen ambientes habitables fuera de la Tierra.
Más de cuatro siglos después, la misión Juno de la NASA ha permitido medir con una precisión inédita parte de la barrera que cubre ese océano. El nuevo cálculo sitúa el grosor medio de la capa de hielo fría y conductora del calor en unos 29 kilómetros, con una incertidumbre de 10 kilómetros, dentro de la región examinada. No demuestra que haya vida, pero sí cambia la forma de evaluar su posible habitabilidad.
De punto de luz a mundo oceánico
El descubrimiento de Galileo rompió una idea que parecía intocable. Aquellas lunas demostraban que no todos los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra, una observación que ayudó a transformar nuestra visión del universo.
Europa siguió siendo poco más que un punto brillante hasta 1979. Las sondas Voyager 1 y Voyager 2 mostraron entonces una superficie muy clara, casi sin grandes cráteres y cruzada por largas bandas, grietas y crestas. Ese paisaje sugería que el hielo se había renovado en tiempos geológicamente recientes.
La prueba más sólida llegó con la sonda Galileo, que orbitó Júpiter entre 1995 y 2003. Su magnetómetro detectó una alteración del campo magnético del planeta alrededor de Europa, compatible con una gran capa de líquido conductor. La explicación más aceptada es un océano global de agua salada bajo el hielo.
Una corteza más gruesa
Juno pasó a unos 360 kilómetros de Europa el 29 de septiembre de 2022. Durante aquel sobrevuelo, su radiómetro de microondas estudió aproximadamente la mitad de la luna y midió el calor que emergía desde distintas profundidades.
Conviene aclarar una fecha importante. Los datos no se recogieron en 2026, sino en 2022. El estudio se publicó en diciembre de 2025 y la NASA difundió los resultados en enero de 2026.
El modelo más sencillo, basado en hielo de agua puro y sin una capa interna convectiva, ofrece un grosor medio de 29 kilómetros con un margen de más o menos 10 kilómetros. «La estimación se refiere a la capa exterior fría, rígida y conductora», explicó Steve Levin, quien añadió que una cantidad modesta de sal reduciría el cálculo unos 5 kilómetros. Si existe hielo más cálido que se mueve lentamente por debajo, la cubierta total podría ser aún mayor.
Cómo miró Juno bajo el hielo
El radiómetro MWR no fue diseñado originalmente para Europa. Su trabajo principal era observar la atmósfera profunda de Júpiter, pero sus distintas frecuencias también pueden penetrar el hielo a diferentes profundidades. En la práctica, el instrumento no vio el océano, sino que leyó cómo cambiaba la temperatura bajo la superficie.
Al comparar esas señales con modelos térmicos, los investigadores pudieron distinguir mejor entre una corteza muy fina y otra de decenas de kilómetros. Es la primera medición de Juno capaz de inclinar claramente la balanza hacia los modelos de hielo grueso.
El análisis también detectó pequeñas irregularidades, como grietas, poros o huecos, que alcanzan cientos de metros de profundidad. Tendrían tamaños característicos inferiores a unos pocos centímetros y ocuparían poco volumen. Por eso, según el estudio, no parecen formar por sí solos una autopista directa entre la superficie y el océano.
Un océano calentado por Júpiter
Europa está demasiado lejos del Sol para mantener un mar abierto como los de la Tierra. Entonces, ¿por qué no se ha congelado por completo? La respuesta está en la enorme gravedad de Júpiter.
La órbita de Europa es ligeramente elíptica, por lo que la luna se estira y se comprime mientras gira alrededor del planeta. Ese movimiento genera calor interno mediante un proceso conocido como calentamiento por marea. Es algo parecido a doblar repetidamente un material hasta notar que se calienta, aunque aquí ocurre a escala planetaria.
Los modelos de la NASA sitúan la profundidad del océano entre 60 y 150 kilómetros y calculan que podría contener aproximadamente el doble de agua que todos los océanos terrestres juntos. Aun así, no conviene presentarlo sin matices como el mayor del sistema solar, porque algunos modelos de Ganímedes hablan de volúmenes todavía mayores bajo varias capas de hielo.
Lo que significa para la posible vida
El agua líquida es solo una parte del problema. Para sostener vida tal y como la conocemos también hacen falta elementos químicos útiles, una fuente de energía y tiempo suficiente para que los procesos biológicos puedan desarrollarse.
Europa podría reunir varias de esas condiciones. La NASA considera probable que su océano esté en contacto con un fondo rocoso, donde las reacciones químicas o una posible actividad hidrotermal podrían aportar energía. En la Tierra, algunos ecosistemas de las profundidades marinas sobreviven sin luz solar gracias a procesos de este tipo.
Pero la nueva medición introduce una dificultad. Una capa de hielo gruesa alarga el camino que tendrían que recorrer el oxígeno y otros nutrientes producidos cerca de la superficie. «El grosor del hielo y la existencia de grietas forman parte del complejo rompecabezas de la habitabilidad», señaló Scott Bolton, investigador principal de Juno. No es una sentencia contra la vida, pero tampoco es un detalle menor.
Las próximas respuestas ya viajan
Europa Clipper, lanzada por la NASA en octubre de 2024, llegará al sistema de Júpiter en abril de 2030. Realizará 49 sobrevuelos de Europa con radar, cámaras y otros instrumentos para estudiar la corteza, la composición de la superficie, la geología y la relación entre el hielo y el océano.
La misión europea Juice también está de camino y tiene prevista su llegada a Júpiter en julio de 2031. Su objetivo principal será Ganímedes, aunque también observará Europa y Calisto para comparar estos mundos oceánicos.
Aquello que Galileo vio como un punto diminuto se ha convertido en un laboratorio natural para estudiar agua, química y energía lejos de la Tierra. Hay un océano probable, una cubierta helada ahora mejor medida y ninguna prueba de vida por el momento.
El estudio científico ha sido publicado en la revista Nature Astronomy.



