Unas tiras de cinta adhesiva han aportado una nueva pista sobre las Flechas del Diablo, tres enormes menhires que siguen en pie en Boroughbridge, al norte de Inglaterra. Los minerales recogidos de su superficie apuntan a Brimham Rocks, un paisaje rocoso situado unos 18 kilómetros al oeste, como su probable lugar de origen.
La investigación, de las universidades de Curtin y York, cuestiona la atribución tradicional a Plumpton Rocks y respalda que las comunidades prehistóricas escogieron y trasladaron aquellos bloques. Pero el hallazgo tiene límites, porque identificar una procedencia probable no permite reconstruir cada paso del viaje ni saber cuándo se levantó el monumento.
Una muestra diminuta
¿Cómo estudiar una piedra protegida sin perforarla? Los investigadores presionaron tiras de cinta de unos 20 centímetros sobre zonas secas y poco visibles, procurando evitar líquenes y musgos. Después de cinco minutos, las retiraron con pequeños granos minerales adheridos.
El procedimiento contó con autorización patrimonial y permitió obtener material sin cortar los menhires. Tras separar los minerales en el laboratorio, una cantidad que no superaba una décima de gramo bastó para realizar los análisis.
El reloj de los minerales
La clave está en el circón, un mineral resistente que puede sobrevivir a la erosión y acabar incorporado a otra roca. El uranio y el plomo que contiene permiten calcular cuándo se formó cada cristal. Así, una arenisca conserva pequeñas piezas de la historia de los terrenos que aportaron sus sedimentos.
El equipo logró datar 236 granos de circón procedentes de las tres piedras, con resultados suficientemente parecidos para analizarlos juntos. Sus edades van desde unos 377 hasta 3743 millones de años. Esa mezcla funciona como una “huella mineral” que se puede comparar con la de otros lugares.
Aquí conviene separar dos relojes distintos. Esas cifras hablan de los cristales que contiene la roca, no de la antigüedad del monumento ni del momento en que alguien decidió ponerlo en pie.
Un origen diferente
La comparación favoreció a Brimham Rocks, cuya mezcla de edades resultó muy similar a la de los menhires. La muestra de Plumpton Rocks presentó diferencias significativas, aunque sus formas erosionadas habían ayudado a convertir ese lugar en el candidato tradicional.
La ficha de Historic England todavía atribuye las piedras a Plumpton, pero su última modificación figura fechada en 1996. Por tanto, recoge una explicación anterior a esta investigación, no una respuesta al nuevo trabajo.
La coincidencia con Brimham es una pista sólida, pero no identifica una cantera concreta. Tampoco permite descartar por completo que existan otros afloramientos sin analizar con una combinación mineral parecida.
¿Quién movió las piedras?
El tamaño ayuda a entender el esfuerzo que plantea esta interpretación. Los tres menhires conservados miden entre 5,5 y 6,9 metros de altura, y el estudio describe bloques de unas 25 toneladas. Son la hilera de piedras en pie más alta que se conserva en Gran Bretaña.
Los autores consideran poco probable que los glaciares llevaran los bloques desde Brimham hasta Boroughbridge. Las reconstrucciones regionales del hielo no encajan bien con ese desplazamiento hacia el este, y las tres piedras comparten una procedencia compatible.
Pero esos modelos tampoco permiten seguir una ruta exacta a lo largo de los 18 kilómetros. El conjunto de indicios favorece el transporte humano, según los investigadores, sin resolver cómo lo organizaron ni qué camino siguieron.
Por qué elegir ese paisaje
Brimham ofrecía una posible ventaja práctica, porque sus fracturas naturales facilitaban la separación de bloques alargados. Los autores también plantean que sus llamativas formaciones pudieron tener un significado especial para aquellas comunidades. Esa interpretación cultural sigue siendo una hipótesis.
El vínculo con la naturaleza va más allá de la apariencia de las rocas. Según el National Trust, tanto las formaciones de Brimham como sus brezales están reconocidos como lugares de especial interés científico, y estos últimos ofrecen refugio a insectos y aves que anidan en el suelo.
Una posible segunda vida
La investigación también examinó la cruz de Aldborough, conocida como Battle Cross y probablemente tallada en el siglo XV. Sus minerales son compatibles con los de las Flechas del Diablo, lo que apoya la antigua propuesta de que se fabricó reutilizando uno de aquellos monolitos. La compatibilidad, por sí sola, no demuestra esa transformación.
“Monumentos como las Flechas del Diablo siguen estando poco estudiados pese a su importancia”, señala el arqueólogo Jim Leary. Todavía se desconoce la fecha exacta de construcción de la alineación y cuántas piedras la componían originalmente.
Su construcción suele situarse entre el Neolítico tardío y la Edad del Bronce temprana, un intervalo que este análisis mineral no ha precisado. El estudio se publicó el 9 de septiembre de 2026 en Proceedings of the Royal Society A.
Imagen: University of York







