Encuentran unas extrañas rocas rosas en un volcán de la Antártida y descubren un gigante jurásico oculto durante 175 millones de años bajo un glaciar

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Publicado el: 4 de mayo de 2026 a las 23:39
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Rocas de granito rosa en volcán de la Antártida sobre el glaciar Pine Island, origen de un gigante jurásico oculto.

Unos bloques de granito rosa, desperdigados sobre cumbres volcánicas negras en la Antártida Occidental, han llevado a un equipo liderado por el British Antarctic Survey a identificar un gran cuerpo de granito enterrado bajo el glaciar Pine Island. La señal apunta a una masa de roca de casi 100 kilómetros de ancho y unos 7 kilómetros de espesor, formada hace alrededor de 175 millones de años, en pleno Jurásico, según un estudio publicado el 22 de octubre de 2025.

¿Y qué tiene que ver esto con el medio ambiente? En la práctica, la geología que hay bajo el hielo influye en cómo se desliza un glaciar y en cómo se organiza el agua en su base, dos detalles que terminan entrando en los modelos con los que se estima la futura subida del nivel del mar.

Un rompecabezas en las montañas Hudson

En las montañas Hudson, el terreno visible es volcánico y oscuro, con lavas basálticas y rocas hidrovolcánicas originadas hace entre 3 y 8 millones de años. Por eso llamaban tanto la atención esos cantos redondeados de granito rosa, como si alguien los hubiera dejado ahí por error.

Esas rocas sueltas son bloques erráticos glaciares. El hielo las arranca del lecho rocoso, las transporta y las deposita cuando se adelgaza y retrocede, de modo que actúan como una pista sobre lo que hay bajo kilómetros de hielo.

Los circones que pusieron fecha al misterio

El equipo analizó 12 erráticos y se fijó en cristales de circón, que permiten fechar cuándo se formó una roca con datación uranio plomo. Es, literalmente, ponerle fecha de nacimiento a una piedra.

Los resultados mostraron varios grupos, pero el dominante apuntaba al Jurásico medio. Cinco muestras se agruparon entre 179 y 171 millones de años, muy cerca de esos 175 millones que resumen la historia, y también aparecieron edades del Triásico y del Cretácico.

El geofísico Tom Jordan lo resumió así. “Es notable que los cantos rodados de granito rosa vistos en la superficie nos hayan llevado a un gigante oculto bajo el hielo”, señaló al presentar el trabajo.

Mirar bajo el hielo sin perforar

Fechar las rocas era solo la mitad del camino. Para localizar su origen, el equipo combinó esa información con medidas aéreas de gravedad y magnetismo recogidas por aviones, incluido el Twin Otter del British Antarctic Survey.

El razonamiento es simple. El granito suele ser menos denso que otras rocas, así que deja una huella en los mapas de gravedad, y al encajar esa huella con la edad jurásica de los erráticos apareció un cuerpo granítico enorme bajo Pine Island.

Según el modelo, esa masa enterrada ronda los 100 kilómetros de ancho y unos 7 kilómetros de espesor, una extensión comparable a la mitad de Gales. Joanne Johnson, coautora del estudio, lo explicaba con una imagen muy clara, “los bloques como estos son un tesoro de información sobre lo que yace en lo profundo de la capa de hielo, fuera de nuestro alcance”.

El glaciar como transportista de piedras

La distribución de los erráticos también habla del movimiento del hielo. Durante el último máximo glacial, hace unos 20.000 años, la capa de hielo era más gruesa y pudo arrancar fragmentos del granito subglacial y llevarlos hacia el norte, hasta dejarlos varados en picos volcánicos.

Además, el equipo documentó estrías en la roca madre, surcos excavados por el hielo. En varios puntos, esas marcas se orientan de norte a sur, en línea con la idea de un transporte desde la zona del glaciar Pine Island hacia las montañas Hudson.

Lo que cambia para el nivel del mar

Pine Island es una de las grandes salidas de hielo de la Antártida Occidental y lleva décadas adelgazando y retirándose. Estudios previos recuerdan que el sector de Pine Island y Thwaites domina buena parte de la contribución actual de la Antártida Occidental al nivel del mar, y que el glaciar ya vivió episodios de adelgazamiento rápido en el pasado.

El nuevo trabajo añade una pieza que suele faltar, el tipo de terreno sobre el que el hielo se apoya y se desplaza. No significa que el granito “derrita” el glaciar, pero sí ayuda a entender por qué ciertas zonas se deslizan mejor o drenan el agua de forma distinta, algo clave cuando se quieren afinar proyecciones de subida del nivel del mar.

Una idea sencilla que puede abrir un mapa nuevo

Perforar y muestrear directamente el entorno subglacial es una logística enorme y no siempre es posible. Por eso tiene valor una estrategia que aprovecha lo que el propio glaciar ya ha sacado a la superficie, esas rocas erráticas que llevaban años esperando a que alguien les hiciera la pregunta correcta.

El estudio recuerda que hay más de 3500 muestras de erráticos recogidas en distintos puntos de la Antártida, muchas usadas para datar cambios en la altura del hielo. Releerlas con esta combinación de geología y geofísica puede ayudar a dibujar mapas del subsuelo que hoy siguen incompletos, y eso se nota.

El estudio ha sido publicado en Nature.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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