Científicos crean una tecnología basada en láseres capaz de mover objetos sin tocarlos utilizando luz que podría usarse como alternativa real para las naves espaciales del futuro

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Publicado el: 12 de mayo de 2026 a las 20:48
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Tecnología láser capaz de mover objetos con luz para futuras naves espaciales sin combustible

Mover un objeto sin tocarlo, sin motor y sin combustible a bordo ya no pertenece solo al terreno de la ciencia ficción. Un equipo de la Universidad de Texas A&M ha demostrado que unos dispositivos microscópicos llamados «metajets» pueden levantarse y desplazarse cuando reciben luz láser, con control en varias direcciones.

La conclusión importante es sencilla, aunque suene enorme. No estamos ante una nave espacial lista para salir hacia las estrellas, sino ante una prueba de laboratorio que demuestra que la luz puede servir para empujar y dirigir objetos muy pequeños. Y eso, si algún día se escala, podría cambiar la forma de pensar la propulsión espacial.

La luz también empuja

La luz no tiene masa como una piedra o una gota de agua, pero sí transporta momento. Cuando impacta contra una superficie, puede transferir una fuerza muy pequeña. Es la llamada presión de radiación, un efecto conocido desde hace mucho tiempo.

El problema siempre ha sido el mismo. Esa fuerza es tan débil que, en la vida diaria, no la notamos. Nadie siente cómo le empuja la luz de una lámpara al entrar en una habitación. Pero en escalas muy pequeñas, y con estructuras diseñadas al detalle, esa fuerza empieza a ser útil.

Qué son los metajets

Los metajets son pequeños dispositivos fabricados con metasuperficies. Dicho de forma simple, son materiales muy finos con patrones diminutos que permiten cambiar la forma en la que la luz se desvía al atravesarlos o rebotar en ellos. No actúan como un espejo normal.

En este caso, el equipo diseñó estructuras con nanopilares de silicio colocados de forma precisa. Cada una de esas pequeñas piezas modifica el recorrido de la luz. Al final, el empuje que se genera no va solo hacia arriba o hacia abajo, sino en la dirección que los investigadores han preparado.

El experimento clave

Los ensayos se hicieron con dispositivos de escala microscópica, más pequeños que el grosor de un cabello humano. Para observar mejor el movimiento, los investigadores usaron una celda llena de agua y un láser proyectado desde abajo. No es una pista de lanzamiento, pero sirve para ver si la idea funciona.

Los datos ayudan a poner el avance en su sitio. En una de las pruebas, la metasuperficie alcanzó una eficiencia de difracción del 58 % y el metajet se desplazó a unos 4,75 micrómetros por segundo. Es una velocidad minúscula. Pero aquí lo importante no es correr, sino demostrar que el movimiento se puede controlar con luz.

El objeto se movió en dirección opuesta a la luz refractada, tal y como preveía el modelo físico. Ese detalle es clave. Significa que no fue un movimiento accidental dentro del líquido, sino una respuesta coherente con la fuerza generada por la interacción entre láser y metasuperficie.

Moverse en tres dimensiones

El salto más llamativo está en el control. Según Texas A&M, los metajets demostraron maniobrabilidad en tres dimensiones, algo que el equipo presenta como una capacidad no lograda antes con este tipo de sistema de propulsión óptica.

En la práctica, esto significa que la luz no solo sirve para empujar un objeto en línea recta. También puede levantarlo y dirigirlo con más libertad. ¿Qué cambia con eso? Que la superficie deja de ser una pieza pasiva y se convierte en una especie de «motor» integrado en el propio material.

La promesa espacial

La parte que más llama la atención es la posibilidad de viajar sin combustible tradicional. Una nave actual necesita expulsar masa para avanzar, ya sea mediante combustibles químicos u otros sistemas de propulsión. Los metajets apuntan a otra idea, usar luz como fuente de empuje.

Texas A&M recuerda que llegar a Alfa Centauri con tecnología de cohetes actual llevaría cientos de miles de años. Con sistemas de propulsión basados en luz, al menos en teoría, ese viaje podría reducirse a unas décadas. Suena espectacular, sí, pero conviene leerlo con cuidado.

Lo probado ahora no es una nave, ni una vela espacial de gran tamaño, ni un sistema listo para misiones reales. Es un primer paso físico y experimental. El propio reto está en escalar la tecnología y disponer de potencia óptica suficiente.

Sin combustible no es impacto cero

Para una lectura ecológica, hay un matiz importante. Que un sistema no lleve combustible a bordo no significa automáticamente que su impacto sea nulo. La energía del láser tendría que producirse en algún lugar, y esa electricidad puede venir de fuentes limpias o de fuentes contaminantes.

A cambio, sí abre una puerta interesante. Reducir combustible en una misión espacial también puede reducir masa, complejidad y dependencia de sistemas de propulsión convencionales. En exploración espacial, cada kilo cuenta. Y se nota.

Primero llegará al laboratorio

Aunque la imagen de una nave empujada por luz es poderosa, las primeras aplicaciones podrían estar mucho más cerca de la Tierra. La manipulación sin contacto puede ser útil para mover piezas pequeñas, trabajar con materiales delicados o desarrollar dispositivos microscópicos en entornos donde tocar el objeto es un problema.

También encaja con una línea de investigación que ya usa fuerzas ópticas en campos como la biología, la química o la física de partículas. La diferencia es que este enfoque introduce el control en la propia estructura del objeto. No solo se modifica el haz de luz, también se diseña la superficie para responder mejor.

Lo que falta por demostrar

El siguiente obstáculo es claro. Estos experimentos se hicieron en condiciones controladas y con objetos de apenas decenas de micras. Llevar el concepto a microgravedad, y después a tamaños mucho mayores, será bastante más difícil. Texas A&M señala que el equipo busca financiación externa para probar el sistema en entornos de microgravedad.

También habrá que resolver preguntas básicas. ¿Qué potencia láser sería necesaria? ¿Qué materiales resistirían mejor? ¿Cómo se mantendría la estabilidad de un sistema grande durante mucho tiempo? El reloj de la investigación va más despacio que los titulares, y aquí conviene no olvidarlo.

Aun así, el avance deja una idea potente sobre la mesa. La luz, que normalmente vemos como iluminación o energía, también puede convertirse en una herramienta para mover cosas. 

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Newton.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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