EEUU se planta y confirma una constelación de satélites para hacer el primer escudo antimisiles espacial de la historia valorado en 3200 millones

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Publicado el: 11 de mayo de 2026 a las 20:47
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Representación del sistema Golden Dome de EEUU con satélites militares e interceptores espaciales en órbita

EE UU acaba de dar un paso clave en su escudo antimisiles Golden Dome. La Fuerza Espacial ha adjudicado 20 acuerdos valorados en hasta 3200 millones de dólares a 12 empresas para desarrollar interceptores basados en el espacio, con la idea de demostrar una primera capacidad integrada en 2028. No es una simple maqueta futurista. Es un programa militar real que quiere llevar parte de la defensa antimisiles a la órbita terrestre baja.

Pero hay otra lectura que no cabe en el titular de defensa. La órbita baja ya está llena de satélites, restos de cohetes y fragmentos pequeños que viajan a gran velocidad. Según la Agencia Espacial Europea, unas 40 000 piezas son seguidas por redes de vigilancia espacial, mientras que los restos de más de 1 centímetro podrían superar los 1,2 millones. Si se añade una nueva capa militar en el espacio, la pregunta ambiental es inevitable. ¿Cuánto más puede aguantar esa autopista orbital?

Qué acaba de decidir EE UU

El programa se llama Space Based Interceptor, conocido por sus siglas SBI, y forma parte de Golden Dome for America. Su misión es desarrollar interceptores espaciales capaces de integrarse en una arquitectura de defensa más amplia, con sensores, sistemas de mando y defensas terrestres. La orden ejecutiva que dio origen al plan pedía un escudo de nueva generación frente a misiles balísticos, hipersónicos y de crucero.

La lista conocida incluye a Anduril, Booz Allen Hamilton, General Dynamics Mission Systems, GITAI USA, Lockheed Martin, Northrop Grumman, Quindar, Raytheon, Sci Tec, SpaceX, True Anomaly y Turion Space. No se han detallado las tareas concretas de cada empresa. La propia Fuerza Espacial afirma que no dará más información por motivos de seguridad operacional.

Cómo funcionaría Golden Dome

La palabra «cúpula» puede llevar a engaño. No se trata de una cubierta visible sobre el país, sino de una red de sistemas capaces de detectar, seguir y atacar amenazas desde distintos puntos. En el caso de los interceptores espaciales, la idea es situarlos en órbita terrestre baja y usarlos contra misiles en fase de impulso, fase media o fase de planeo.

Dicho de forma sencilla, la fase de impulso es cuando el misil acaba de despegar y aún está ganando velocidad. La fase media llega cuando ya viaja por una parte más alta de su trayectoria. La fase de planeo importa especialmente en armas hipersónicas, porque pueden maniobrar y complicar mucho su seguimiento. Ahí entra la inteligencia artificial, que el Pentágono ve como una pieza necesaria para responder a amenazas más rápidas y cambiantes.

La órbita no está vacía

El gran problema es que la órbita terrestre baja no es un espacio infinito. Es más bien una carretera muy alta, muy rápida y cada vez más transitada. La ESA advierte de que el entorno orbital de la Tierra es un recurso finito y que la basura espacial sigue creciendo incluso aunque mejoren algunas normas de mitigación. Y eso se nota.

Un fragmento pequeño no se comporta como una piedrecita en el suelo. En órbita, un objeto de apenas 1 centímetro puede causar daños catastróficos en una nave o satélite, según la ESA. Por eso cada nueva constelación importa, y más aún si no se sabe todavía cuántos objetos finales requerirá el sistema Golden Dome.

El impacto empieza antes del espacio

El debate ambiental no termina en la basura orbital. Empieza mucho antes, en los lanzamientos, los combustibles, las emisiones en capas altas de la atmósfera y el final de vida de cada nave. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha advertido de que la expansión del sector espacial plantea retos en todas las capas de la atmósfera, desde las emisiones de lanzamiento hasta la reentrada de objetos y la generación de nuevos residuos.

Esto no significa que cada lanzamiento sea una catástrofe ambiental. Significa algo más concreto y más útil. Si se multiplican las misiones, también se multiplican las preguntas sobre combustibles, reentradas controladas, materiales que se queman en la atmósfera y planes para retirar objetos al final de su vida útil. En la práctica, la sostenibilidad espacial deja de ser un tema de científicos y pasa a ser una condición para seguir usando el espacio sin convertirlo en un vertedero.

La factura también cuenta

Golden Dome también tiene una enorme dimensión económica. Reuters sitúa el coste esperado del programa en torno a los 185 000 millones de dólares, aunque la cifra final dependerá de la arquitectura que se acabe construyendo. No es poca cosa.

La Oficina Presupuestaria del Congreso de EE UU analizó escenarios de interceptores espaciales y concluyó que, aunque la bajada de los costes de lanzamiento abarata algunas opciones, desplegar y operar constelaciones SBI durante 20 años podría moverse entre 161 000 y 542 000 millones de dólares en los casos estudiados. Además, avisó de que las nuevas políticas estadounidenses podrían exigir una capacidad más amplia que la calculada en estudios anteriores.

Qué hay que vigilar ahora

La primera clave será saber cuántos satélites o interceptores necesitará realmente Golden Dome. Ese dato no es menor. De él dependen los lanzamientos, el coste, el tráfico orbital y el riesgo de colisiones. Sin ese número, cualquier evaluación ambiental queda a medias.

La segunda clave será comprobar si las empresas diseñan sistemas capaces de evitar choques, desorbitarse de forma segura y reducir emisiones durante todo su ciclo de vida. Naciones Unidas insiste en mejorar los datos, compartir información y diseñar naves con menor impacto ambiental. Esa es la parte menos espectacular de la carrera espacial, pero quizá la más importante.

En cualquier caso, Golden Dome ya ha dejado de ser solo una promesa política. Ahora entra en una fase industrial, técnica y ambiental mucho más concreta. 

El comunicado oficial sobre el programa Space Based Interceptor ha sido publicado por Space Systems Command.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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