En 2016 un suceso inesperado cambió la Antártida para siempre, ahora un robot de aguas profundas ha resuelto el enigma climático que llevaba años desconcertando a los expertos

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Publicado el: 10 de mayo de 2026 a las 20:47
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Boya robótica Argo en el océano Antártico durante una misión científica sobre el deshielo marino.

Durante décadas, el hielo marino que rodea la Antártida dio una señal que parecía ir contra la lógica del calentamiento global. Mientras el planeta se calentaba, esa capa flotante crecía en extensión hasta que, en 2016, el patrón se rompió de forma brusca. La respuesta, según un nuevo estudio, no estaba solo en el aire, sino también bajo el océano.

Un trabajo de Stanford publicado en PNAS apunta a una explicación sencilla de decir, pero compleja en la práctica. El océano Austral había acumulado calor bajo una especie de tapa de agua superficial más dulce y menos densa. Cuando los vientos ayudaron a sacar ese calor hacia arriba, el hielo marino empezó a perder terreno desde abajo. Y eso se nota.

El enigma de 2016

Desde los años 70 hasta 2015, la extensión de hielo marino antártico aumentó pese a que las temperaturas globales y regionales iban al alza, según Stanford. En 2016 llegó el giro. La extensión cayó a niveles récord y el sistema dejó de comportarse como antes.

Conviene aclararlo desde el principio. Este hielo marino flota alrededor del continente, no es la gran capa de hielo apoyada sobre tierra. Su pérdida no tiene el mismo efecto directo sobre el nivel del mar, pero sí puede cambiar la protección de las plataformas de hielo y el intercambio de calor entre océano y atmósfera.

La pista estaba bajo el agua

La clave llegó de las boyas Argo, unos instrumentos robóticos que viajan a la deriva, suben y bajan en el agua y miden temperatura y salinidad. El programa Argo observa el océano hasta unos 2000 metros de profundidad. Ahí abajo se guardaba buena parte de la historia.

Para este trabajo, el equipo recopiló 20 años de datos bajo el hielo. No es poca cosa. Durante mucho tiempo, el océano Austral ha sido una zona difícil de observar, porque allí no basta con mirar la superficie.

Una tapa de agua dulce

El mecanismo tiene mucho que ver con la sal. En el océano Austral, más lluvia y nieve hicieron que el agua de la superficie fuera menos salada y menos densa. Esa capa funcionó como una tapa, separando el agua fría de arriba del agua más cálida que circulaba por debajo.

Según Stanford, la capa profunda del océano Austral puede estar entre 2 y 3 grados más caliente que el agua superficial, que queda cerca del punto de congelación. En términos cotidianos parece poco, pero para el hielo marino es una barbaridad.

Durante años, esa tapa ayudó a retener el calor abajo. Por eso el hielo pudo crecer durante un tiempo incluso con el calentamiento de fondo. El sistema estaba acumulando energía. El problema es que una tapa no siempre aguanta.

Cuando el viento abrió la puerta

El estudio apunta a que el afloramiento del agua cálida empezó varios años antes del cambio visible de mediados de la década de 2010. Los vientos empujaron hielo y agua superficial lejos de la Antártida. Ese movimiento favoreció que subiera agua más profunda y cálida.

Earle Wilson, autor principal del trabajo, lo resumió así en el comunicado de Stanford. «Hemos rastreado los extremos recientes de la extensión del hielo marino hasta la combinación de una mayor precipitación y un afloramiento impulsado por los vientos». También añadió que «durante un tiempo, la precipitación iba ganando, hasta que el afloramiento tomó el relevo».

¿Qué significa esto en la práctica? Que el colapso de 2016 no fue una sorpresa caída del cielo. Fue el resultado de varios años de cambios en la salinidad, la estratificación y los vientos. El reloj ya estaba corriendo, aunque desde fuera no se viera.

Lo que preocupa del deshielo

El hielo marino antártico no es solo un borde blanco en un mapa. También refleja parte de la radiación solar, influye en los ecosistemas polares y actúa como una pieza más del gran motor climático del océano Austral. Cuando falta, el mar oscuro absorbe más calor.

Hay otro matiz importante. El derretimiento del hielo marino flotante no eleva de forma importante el nivel del mar, pero la Antártida continental sí contiene hielo suficiente como para cambiar las costas del mundo si se perdiera a gran escala. La NASA recuerda que la capa de hielo antártica contiene suficiente hielo para elevar el nivel del mar unos 58 metros si se derritiera por completo.

Por eso preocupa la pérdida de defensas naturales. Las plataformas de hielo flotantes pueden frenar la salida de glaciares desde tierra. Si el océano cálido las adelgaza o las rompe, algunos glaciares pueden acelerar su viaje hacia el mar.

No todo encaja todavía

El estudio no cierra todas las preguntas. En el sector del Pacífico, al oeste de la península Antártica y hacia el mar de Ross, las boyas Argo no detectaron exactamente el mismo patrón que en el lado atlántico. Aun así, allí también hubo expansión y retroceso del hielo.

Wilson reconoció ese punto con una frase prudente. «Vimos tendencias opuestas en el sector del Pacífico, con el interior del océano enfriándose en lugar de calentarse después de que el hielo marino disminuyera». Según el investigador, esa parte «sigue siendo una pieza sin respuesta del rompecabezas».

Este matiz importa. La ciencia no está diciendo que exista una única palanca que explique toda la Antártida. Está diciendo que el calor acumulado en el océano, la salinidad de la superficie y los vientos ayudan a entender un cambio muy rápido.

La señal que hay que vigilar

Los datos más recientes también piden cautela. El NSIDC informó que el mínimo antártico de 2026 fue de 2,58 millones de kilómetros cuadrados el 26 de febrero, mucho más cerca de la media que los cuatro años anteriores, aunque todavía por debajo del promedio de 1981 a 2010. Es una mejora puntual, no una garantía de recuperación.

La lección de este trabajo es clara. Para saber qué pasará con el hielo antártico no basta con medir la temperatura del aire. Hay que vigilar el océano, su salinidad, sus capas internas y el viento que mueve el sistema como si fueran piezas de una misma máquina.

El estudio completo, titulado «Recent extremes in Antarctic sea ice extent modulated by ocean heat ventilation», ha sido publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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