Los científicos no han anunciado una erupción inminente ni un nuevo “fin del mundo”. Lo que sí han puesto sobre la mesa es algo muy serio para la geología. Seis volcanes de las islas Aleutianas, frente a Alaska, podrían formar parte de una gran caldera submarina que hasta ahora no se había reconocido como un único sistema volcánico. La hipótesis fue presentada por un equipo liderado por John A. Power, del Alaska Volcano Observatory y el USGS, en la reunión de la American Geophysical Union.
La zona está lejos de las grandes ciudades, pero no es un lugar cualquiera. Allí se encuentra el monte Cleveland, uno de los volcanes más activos de Norteamérica en las últimas décadas y capaz de lanzar nubes de ceniza que preocupan sobre todo a la aviación. Aun así, el dato clave para el lector es este. La existencia de esa caldera gigante no está demostrada al cien por cien y, según el último aviso del Alaska Volcano Observatory, Cleveland está en nivel “normal” y código verde para aviación.
Seis volcanes bajo sospecha
El grupo se conoce como Islands of Four Mountains, o Islas de los Cuatro Montes. Allí se agrupan Carlisle, Cleveland, Herbert, Kagamil, Tana y Uliaga, seis estratovolcanes muy próximos entre sí en el arco volcánico de las Aleutianas. Vistos desde arriba, no parecen seis piezas sueltas, sino una especie de anillo. Y eso llamó la atención.
La idea de los investigadores es sencilla de contar, aunque difícil de demostrar. Esos seis volcanes podrían ser las chimeneas visibles de una estructura mucho mayor, escondida bajo el océano. En otras palabras, lo que vemos en la superficie sería solo la parte más fácil de fotografiar.
Diana Roman, vulcanóloga de Carnegie Science y coautora del trabajo, lo resumió con cautela. “Todo lo que miramos encaja con una caldera en esta región”, explicó en el comunicado de AGU. Pero ella misma y Power insisten en que todavía hacen falta más pruebas directas.
Las pistas del fondo marino
¿Qué han encontrado para pensar en una caldera? El resumen científico habla de depósitos volcánicos compatibles con erupciones formadoras de caldera, una anomalía de gravedad con forma de anillo que conecta varios volcanes y una distribución circular de centros volcánicos. No es una sola pista. Es un conjunto de señales que apuntan en la misma dirección.
También aparecen indicios en los gases y en los terremotos pequeños. El documento menciona un flujo alto y sostenido de dióxido de azufre en el monte Cleveland, algo que podría necesitar conexión con una fuente de magma más grande. Además, la tomografía sísmica sugiere una zona de baja velocidad bajo Cleveland que baja hasta unos 20 o 30 kilómetros de profundidad.
Para entenderlo sin tecnicismos, es como mirar una casa desde fuera y sospechar que todas las habitaciones comparten el mismo sótano. La ciencia ahora tiene que entrar con más luz. Más mapas del fondo marino, más muestras de roca, más sensores sísmicos y más datos de gravedad.
Por qué se habla de supervolcán
La palabra “supervolcán” engancha mucho. También asusta. Pero los vulcanólogos suelen preferir hablar de calderas, porque es más preciso y menos teatral. Roman lo dijo de forma muy clara en una charla de Carnegie Science. “Los vulcanólogos odian ese término” y añadió que, a partir de ahí, usarían la palabra “caldera”.
Según el USGS, se llama supervolcán a un centro volcánico que en algún momento produjo una erupción de magnitud 8 en el índice de explosividad volcánica, lo que supone más de 1000 kilómetros cúbicos de depósitos. Es una escala enorme, difícil incluso de imaginar. No hablamos de una erupción normal con lava bajando por una ladera.
Pero aquí viene el matiz importante. Que una caldera pueda pertenecer a esa categoría geológica no significa que vaya a explotar mañana, ni el mes que viene, ni dentro de unos años. Los volcanes no funcionan como un reloj de cocina. Y conviene repetirlo, porque en internet estas noticias suelen crecer más rápido que la propia ceniza.
El riesgo real ahora mismo
El riesgo más inmediato no es una supererupción global. Es Cleveland. Este volcán ha tenido actividad explosiva pequeña, con nubes de ceniza que pueden alcanzar entre 15 000 y 30 000 pies sobre el nivel del mar, según el resumen presentado por los investigadores. Para un vecino de una gran ciudad europea puede sonar lejano, pero para un avión que cruza el Pacífico Norte no lo es tanto.
El Alaska Volcano Observatory usa un sistema de niveles para población y otro de colores para aviación. “Normal” y “verde” significan que el volcán está en su estado típico de fondo, sin señales importantes de inquietud eruptiva. En el aviso más reciente, Cleveland aparece precisamente así, con sismicidad tranquila y emisiones de dióxido de azufre dentro de valores típicos.
Eso no elimina el peligro. El propio observatorio recuerda que, por su historial, Cleveland puede tener explosiones con poca o ninguna señal previa. Por eso se vigila con sismómetros, infrasonidos, cámaras, sensores de gas, satélites y detección de rayos. Es ciencia aplicada a algo muy práctico. Evitar que una nube de ceniza sorprenda a un avión.
Lo que falta por confirmar
La parte más honesta de esta historia es que todavía está abierta. En 2023, Carnegie Science explicó que el equipo había instalado nuevos sismómetros en la zona para estudiar mejor el interior de la posible caldera, como si se hiciera un escáner al subsuelo. También se mencionó una gran colada de lava que podría estar relacionada con un depósito de cenizas antiguo llamado Old Crow Tephra, aunque faltaban dataciones para confirmarlo.
Roman fue prudente incluso al hablar ante el público. “Podríamos estar equivocados”, advirtió al recordar que otras estructuras con forma de anillo han sido interpretadas como calderas y luego no lo eran. Ese matiz cambia mucho la noticia. No estamos ante una certeza cerrada, sino ante una hipótesis potente que está ganando datos.
Si se confirma, Norteamérica tendría una nueva gran caldera reconocida bajo el mar de las Aleutianas. Si no se confirma, el trabajo seguirá siendo útil, porque habrá servido para conocer mejor un sistema volcánico activo y remoto. Y eso, cuando hablamos de cenizas, vuelos y riesgos naturales, no es poca cosa.
El comunicado oficial sobre esta posible caldera gigante ha sido publicado en AGU Newsroom.








