El estrecho de Ormuz suele aparecer cada vez que se habla de petróleo, gas y tensión geopolítica. No es casualidad. Según la Administración de Información Energética de EE UU, por allí pasó en 2024 y en el primer trimestre de 2025 alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo y derivados, además de cerca de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado.
Pero hay otra ruta que cuenta una historia muy distinta. El Canal de Panamá no es un paso natural entre dos masas de agua, sino una obra artificial que funciona gracias a lluvia, embalses y esclusas. La conclusión es sencilla. Su gran punto débil no es solo la geopolítica, sino el agua dulce.
No es un estrecho
A diferencia de Ormuz, el Canal de Panamá no existe porque la geografía dejara un hueco preparado para los barcos. Existe porque se abrió una vía de unos 80 kilómetros entre el Atlántico y el Pacífico, en una de las zonas más estrechas del continente americano. La Autoridad del Canal de Panamá explica que su sistema sube los buques desde el nivel del mar hasta el lago Gatún, situado a 26 metros sobre el nivel del mar, y después los hace descender hacia el otro océano.
Ese detalle cambia por completo la lectura ambiental. Un estrecho natural puede verse afectado por conflictos, accidentes o decisiones políticas. Panamá, en cambio, depende también de que llueva donde tiene que llover y de que los reservorios puedan mantenerse en niveles seguros. No es poca cosa.
Una escalera de agua
Las esclusas funcionan como una especie de ascensor líquido. El agua entra y sale por gravedad desde el lago Gatún, llenando o vaciando las cámaras para que los barcos suban o bajen. En condiciones normales, una nave tarda entre 8 y 10 horas en completar el tránsito.
La imagen es potente. Un portacontenedores que parece inmenso en cualquier puerto queda encerrado entre muros, mientras el nivel del agua decide su destino centímetro a centímetro. Sin ese mecanismo, el atajo no existe. Y eso se nota en la logística mundial.
La cifra que conviene afinar
Se suele repetir que el Canal de Panamá mueve una parte enorme del comercio mundial, pero la cifra oficial actual es más ajustada. La propia Autoridad del Canal indica que la vía conecta 180 rutas marítimas, llega a 1.920 puertos en 170 países y canaliza cerca del 3 por ciento del comercio marítimo global.
Puede parecer poco en una pantalla. En la práctica, significa alimentos, gas licuado, contenedores, piezas industriales y mercancías que atraviesan el planeta sin tener que rodear Sudamérica. Cuando esa ruta se ralentiza, el problema puede acabar viajando hasta los puertos, las empresas y, muchas veces, hasta el precio final que paga el consumidor.
El agua también compite
Aquí está la parte que más se suele olvidar. El agua del Canal no sirve solo para mover barcos. La Autoridad del Canal recuerda que con ese recurso se abastece a más del 50 por ciento de la población de Panamá y, al mismo tiempo, se mantiene el servicio al comercio mundial.
Los embalses Gatún y Alhajuela no son, por tanto, simples depósitos para una infraestructura. También alimentan potabilizadoras, apoyan la generación eléctrica y sostienen actividades económicas como el turismo, la construcción o la producción de alimentos. ¿Qué significa esto en la práctica? Que cada decisión sobre el agua tiene varias consecuencias a la vez.
Una ampliación más eficiente
La ampliación del Canal, inaugurada en 2016, permitió recibir buques de mayor tamaño y reforzó su papel en la logística global. Pero también puso sobre la mesa una cuestión incómoda, crecer exige gestionar mejor el agua. Por eso las esclusas ampliadas incorporan 18 tinas de reutilización que, según el Canal de Panamá, recuperan el 60 por ciento del agua usada en cada paso por esclusa.
Es una mejora importante, porque reduce presión sobre el sistema. Pero no es magia. Si el clima cambia los patrones de lluvia, las medidas de ahorro compran tiempo y reducen el golpe, aunque no convierten los embalses en una fuente infinita.
El clima ya manda
La sequía de 2023 fue una llamada de atención muy seria. La página oficial sobre agua del Canal señala que ese año fue el tercero más seco en la historia de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá, con un déficit de lluvias del 30 por ciento. Esa situación obligó a limitar los tránsitos diarios desde julio de 2023, porque no se podía almacenar más del 50 por ciento del agua necesaria para afrontar la temporada seca de 2024.
Luego llegó un respiro. En 2025, las lluvias persistentes elevaron los niveles de los reservorios por encima de lo esperado y, durante los primeros seis meses del año, en la cuenca llovió alrededor de un 33 por ciento más de lo habitual. Aun así, la propia institución advierte de que las variaciones climáticas son cada vez más evidentes. El problema no ha desaparecido.
Abierto, pero vigilado
La actualización oficial más reciente dibuja una situación operativa mucho mejor que la de la sequía. En el primer semestre del año fiscal 2026, entre octubre de 2025 y marzo de 2026, el Canal registró 6.288 tránsitos y 254 millones de toneladas CP/SUAB, con promedios diarios de 34 buques en enero y 37 en marzo. Además, el administrador Ricaurte Vásquez Morales afirmó que «el Canal de Panamá está abierto y en pleno funcionamiento».
El agua, sin embargo, sigue en el centro. La subadministradora Ilya Espino de Marotta explicó que las lluvias inusuales de la estación seca mantienen los lagos Gatún y Alhajuela en niveles máximos, pero añadió que se sigue vigilando la situación para conservarlos lo más altos posible antes de la próxima estación seca. Es prudencia, no triunfalismo.
La lección ambiental
El Canal de Panamá demuestra que la infraestructura mundial ya no puede analizarse solo con mapas, barcos y dinero. También hay que mirar las lluvias, los bosques de la cuenca, los acuíferos y el agua que sale del grifo. Ahí está la brújula real.
Por eso la comparación con Ormuz se queda corta. Ormuz recuerda la fragilidad energética del mundo. Panamá recuerda otra fragilidad más silenciosa, pero igual de importante, la dependencia del agua dulce en un clima menos previsible.
El comunicado oficial más reciente sobre el estado operativo del Canal de Panamá y sus niveles de agua ha sido publicado por la Autoridad del Canal de Panamá.












