Sara Aagesen, vicepresidenta tercera: ‘Ni un solo centímetro de las energías renovables españolas pasa por el estrecho de Ormuz’

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Publicado el: 6 de mayo de 2026 a las 12:48
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Sara Aagesen defiende que las energías renovables no dependen del estrecho de Ormuz en un acto en Barcelona.

El estrecho de Ormuz vuelve a estar en el centro del mapa energético. Cuando ese pasillo se atasca, el petróleo y el gas se encarecen y el golpe acaba llegando a cosas muy de andar por casa, desde el precio del diésel hasta la factura de la luz. Y eso se nota.

En Barcelona, la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, resumió el problema con una frase directa. “Ni un centímetro” de energías renovables pasa por Ormuz, dijo, y por eso pidió acelerar la apuesta por la eólica y la solar como parte de la seguridad europea.

Una frase que va más allá del clima

Aagesen lo dijo en un panel sobre el futuro de Europa dentro de la Global Progressive Mobilisation, celebrada en Barcelona los días 17 y 18 de abril. El debate fue organizado por CIDOB y reunió también a José Manuel Albares, Josep Borrell y otros participantes.

Su idea clave fue unir dos debates que suelen ir por separado. La transición energética no es solo CO2 y objetivos climáticos, también es soberanía, porque los conflictos como los de Irán o Ucrania son “guerras fósiles” que sacuden la estabilidad europea.

No es la primera vez que lo plantea así. En marzo ya defendió que “el sol y el viento nunca van a ser bloqueados en el Estrecho de Ormuz”, en una comparecencia tras el Consejo de Ministros.

Ormuz es un cuello de botella mundial

Para entender el nerviosismo, conviene traducirlo a datos. La Agencia Internacional de la Energía calcula que por Ormuz circularon en 2025 unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos, en torno a una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. Es como un peaje obligatorio en la autopista del crudo.

El riesgo tampoco se limita al petróleo. La EIA de Estados Unidos estima que en 2024 alrededor del 20% del comercio mundial de gas natural licuado cruzó Ormuz, sobre todo desde Catar, y la mayor parte acabó en Asia. En un mercado global, ese tirón de precios también se contagia a Europa.

UNCTAD añade otra pieza que suele pasar desapercibida. Las disrupciones pueden encarecer el transporte marítimo, las primas de seguro y productos clave como los fertilizantes, algo que termina presionando el precio de los alimentos, especialmente en países más vulnerables.

El cierre vuelve a empujar precios e incertidumbre

Irán anunció el 18 de abril que volvía a imponer restricciones al tránsito en Ormuz, en el marco de la escalada con Estados Unidos, que mantiene un bloqueo naval sobre sus puertos. La consecuencia inmediata es más tensión en el mercado y más ruido para el transporte marítimo.

¿Y qué significa esto en la práctica para alguien que vive en la UE? Que el coste energético puede moverse deprisa, incluso aunque en tu ciudad no falte electricidad. El problema es que el reloj de los mercados corre más rápido que la política y que la infraestructura.

22.000 millones en 44 días, el dato que explica la prisa

La Comisión Europea puso cifras al impacto. En 44 días de conflicto, la UE calculó un sobrecoste de 22.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles “sin una sola molécula de energía adicional”, según declaró Ursula von der Leyen.

Aagesen citó ese mismo orden de magnitud al reclamar ir “más allá del corto plazo” y acelerar la transición, igual que se hizo con RePowerEU tras la guerra en Ucrania. La lectura es clara, si dependemos de combustibles fósiles, la estabilidad seguirá oscilando en función de terceros países.

Renovables sí, pero también red, flexibilidad y permisos

La frase “ni un centímetro” funciona porque es verdad en lo esencial, el viento y el sol son recursos locales. Pero convertirlos en seguridad energética exige más piezas, redes eléctricas reforzadas, gestión de la demanda y sistemas que almacenen energía cuando sobra para usarla cuando falta.

La Comisión lo dice sin rodeos. La electrificación debe ir acompañada de una red “adecuada para su finalidad” y de medidas para eliminar obstáculos, además de exprimir mejor las infraestructuras renovables ya instaladas. Si no, pasa lo de siempre, mucha potencia en el papel y cuellos de botella en la realidad.

Electrificar transporte y edificios para recortar CO2 y dependencia

Bruselas anunció que presentará un plan de acción para la electrificación como muy tarde en verano, con medidas para acelerar el cambio en industria, transporte y edificios. También habla de herramientas a corto plazo para amortiguar picos de precios, como ayudas temporales, bonos energéticos o rebajas de impuestos especiales sobre la electricidad para hogares vulnerables.

El foco en el transporte no es casual. La Comisión recuerda que el transporte genera alrededor del 25% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero y que entre el 90% y el 95% de la energía del sector sigue viniendo de combustibles fósiles. Por eso la movilidad eléctrica y la eficiencia no son solo “tecnología”, también son geopolítica.

Qué conviene mirar desde España

La primera clave es no perder de vista el origen del problema. Si el combustible depende de rutas frágiles, cualquier cierre o amenaza puede trasladarse al precio final, aunque el episodio ocurra a miles de kilómetros. No es un susto puntual, es un patrón.

La segunda es fijarse en la reducción de consumo y en la electrificación bien hecha. Renovar equipos, aislar viviendas y electrificar cuando tenga sentido suele recortar gasto, CO2 y dependencia, pero requiere red, permisos y políticas coherentes para que no se quede solo en un lema.

Y la tercera es pedir números y calendarios, porque ahí se ve si vamos en serio. A más renovables y menos fósiles, menos exposición a cuellos de botella como Ormuz y menos volatilidad importada. 

El comunicado oficial de la Comisión Europea sobre las medidas para proteger a los europeos de la crisis de la energía fósil y acelerar la transición hacia una energía limpia y autóctona ha sido publicado por la representación de la Comisión Europea en España. 


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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