Hace 100 años ya lo predijeron pero ahora los científicos desafían la física clásica y confirman que los átomos pueden estar en varios sitios al mismo tiempo

Imagen autor
Publicado el: 9 de abril de 2026 a las 08:03
Síguenos
experimento de átomos ultrafríos con interferómetro cuántico y condensado de Bose Einstein.

La física cuántica lleva casi un siglo repitiendo una idea incómoda. En el mundo microscópico, una partícula puede comportarse como si siguiera varios caminos a la vez, aunque nuestra intuición diga lo contrario.

Un experimento con átomos de helio ultrafríos acaba de dar un paso poco habitual porque no trabaja con luz, sino con materia. El equipo ha observado “correlaciones de Bell” en el movimiento de esos átomos, una firma que la física clásica no puede reproducir y que, a medio plazo, puede reforzar tecnologías de sensores útiles para el clima, el agua o el CO2.

Qué han logrado exactamente

El estudio, publicado en Nature Communications, señala un hueco histórico. Las pruebas de Bell se habían hecho sobre todo con fotones o con propiedades internas de átomos, pero no con estados de movimiento de partículas masivas.

Aquí conviene matizar la frase de “estar en dos sitios a la vez”. No es que veamos un átomo duplicado, sino que su estado puede describirse como una superposición de trayectorias y velocidades posibles, y la medición fija el resultado. Eso cambia el marco mental.

El equipo observa correlaciones que dependen de una fase y que, según el artículo, no pueden explicarse con una amplia clase de teorías de variables ocultas locales. En pocas palabras, la idea de que todo estaba decidido “antes” de medir no encaja con los datos.

El truco del helio ultrafrío

La base es un condensado de Bose Einstein, conseguido al enfriar un gas hasta que muchos átomos actúan como un conjunto coherente. A partir de ahí, los investigadores generan pares de átomos con momentos opuestos mediante colisiones s wave.

Esa relación de “uno va hacia un lado y el otro hacia el contrario” no es solo estadística. Es la pieza que permite estudiar el entrelazamiento en el momento, que es más difícil de controlar que una propiedad interna como el espín, y por eso el resultado llama tanto la atención.

Cómo se mide lo que parece imposible

Para hacer visible el efecto, el experimento usa un interferómetro de tipo Rarity Tapster para materia, con pulsos láser que separan y recombinan estados de movimiento. Si la cuántica está bien, las coincidencias de detección deben variar con la fase como una onda.

Eso es lo que reportan. El artículo muestra una variación sinusoidal y un ajuste con amplitud A = 0,86(3), suficiente para hablar de correlaciones de Bell y con potencial para una violación CHSH si se implementan ajustes de fase independientes en regiones separadas.

Los autores también ponen números al siguiente obstáculo. Para cerrar el “agujero de localidad” haría falta que los átomos correlacionados estuvieran separados al menos 30 cm dadas sus resoluciones, mientras que el detector actual tiene 8 cm de diámetro, así que la siguiente generación tendrá que crecer.

Por qué esto también importa para el planeta

¿Y qué tiene que ver esto con el medio ambiente? Mucho más de lo que parece. La interferometría con átomos fríos es la base de gravímetros cuánticos, sensores capaces de medir variaciones minúsculas de la gravedad y, con ello, seguir cambios de masa bajo el suelo.

En 2022 se publicó un ejemplo muy concreto. Un gravímetro cuántico absoluto se instaló a unos 2,5 km de los cráteres del Etna y registró una serie continua de alta calidad en condiciones de campo. El propio trabajo subraya que este tipo de tecnología puede servir en volcanes y también en “dinámica de acuíferos, sistemas de energía geotérmica y secuestro de carbono”.

Desde el lado institucional, la Agencia Espacial Europea ha explicado que sensores cuánticos futuros podrían combinar gravimetría espacial con “interferometría de átomos fríos” para mejorar la monitorización climática, aunque aún faltan años para misiones dedicadas.

Y en el terreno del CO2, el British Geological Survey participó en un proyecto para estudiar si sensores de gravedad cuánticos pueden ayudar a monitorizar almacenamiento de carbono, modelando señales asociadas a una inyección de unas cinco toneladas de CO2 en un entorno de prueba.

Qué viene ahora

En la parte fundamental, el camino pasa por separar más los átomos, controlar fases de forma independiente y cerrar lagunas experimentales. Si se logra, no solo se reafirma la no localidad con materia, también se crea una plataforma más sólida para explorar cómo se acopla lo cuántico con la gravedad.

En la parte práctica, el reto es transformar sensibilidad extrema en robustez, algo imprescindible cuando el sensor tiene que funcionar en una ladera volcánica o en una campaña de medida. Ahí es donde la ciencia se vuelve útil para el día a día. Y eso se nota.

El estudio científico ha sido publicado en Nature.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario