Hace 5 años una empresa prometió traer de vuelta los mamuts, ahora ha anunciado el nacimiento de las 26 primeras aves de huevos artificiales

Por HoyECO
Publicado el 5 de junio de 2026 a las 08:02
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Pollito nacido mediante el sistema de huevo artificial desarrollado por Colossal Biosciences.

La empresa biotecnológica Colossal Biosciences, conocida por sus planes para recuperar animales extinguidos como el mamut lanudo, el dodo o el moa gigante, acaba de anunciar un avance que parece sacado de una película. Según la compañía, 26 pollos sanos han nacido usando un sistema de «huevo artificial» basado en una membrana de silicona y una estructura rígida diseñada para imitar parte de la función de una cáscara natural.

Pero conviene bajar un poco el entusiasmo. No ha nacido ningún dodo, ningún moa ni ningún animal extinguido. Lo que se ha conseguido, por ahora, es que embriones de gallina ya fecundados completen su desarrollo dentro de una especie de cáscara artificial. Es un paso importante, sí, pero todavía queda mucha ciencia por delante. Y no es poca cosa.

Un huevo sin cáscara natural

El sistema de Colossal no es un huevo completo creado desde cero. Es más correcto entenderlo como una cáscara artificial avanzada. La estructura combina una membrana semipermeable de silicona con un soporte rígido, pensado para dejar pasar oxígeno, conservar humedad y proteger el embrión durante el desarrollo.

¿Por qué esto es tan difícil? Porque una cáscara de huevo no es solo un envoltorio. Permite respirar al embrión, regula gases, aporta protección y participa en el equilibrio interno del futuro polluelo. Andrew Pask, director científico de biología de Colossal, resumió la idea al explicar que la membrana busca permitir un «intercambio de gases muy eficaz».

En el caso anunciado, los científicos trabajaron con huevos fecundados de gallina. La propia compañía explica que el contenido se transfiere al sistema artificial después de la puesta, por lo que la fecundación y las primeras fases siguen dependiendo de un ave real. Ese matiz es clave para no vender más de lo que existe.

Por qué mira al moa

La razón de fondo no son los pollos. Colossal quiere usar esta tecnología en sus proyectos de desextinción, especialmente con aves de gran tamaño como el moa gigante de la Isla Sur, un ave no voladora de Nueva Zelanda que se extinguió hace siglos. El problema es sencillo de decir y difícil de resolver. No hay ningún ave viva capaz de poner un huevo como el de un moa.

Según Reuters, Ben Lamm, cofundador y director ejecutivo de Colossal, explicó que el huevo del moa sería unas ocho veces mayor que el de un emú. En otras palabras, no basta con encontrar una «madre sustituta» moderna, como podría hacerse en algunos mamíferos. En las aves, el huevo manda.

Aquí entra la cáscara artificial. La idea sería que un embrión relacionado con una especie extinguida pudiera empezar su desarrollo con ayuda de un ave viva y después pasar a una estructura más grande y controlada. Sobre el papel suena elegante. En la práctica, hay muchas piezas que todavía no encajan.

El dodo no ha vuelto

La noticia tiene una trampa fácil para el lector. Ver un pollito saliendo de un «huevo artificial» puede hacer pensar que la vuelta del dodo está a la vuelta de la esquina. No lo está. Colossal todavía tendría que reconstruir con precisión el genoma del animal extinguido, identificar los rasgos importantes y editarlos en una especie viva cercana.

En el caso del moa, la empresa asegura que su proyecto está aún en fase de secuenciación genómica. Esto significa que los equipos trabajan con ADN antiguo y comparaciones con aves actuales, no con embriones de moa listos para incubar. El reloj biológico de la extinción no se rebobina tan fácil.

Además, algunos científicos recuerdan que crear un animal parecido no es lo mismo que recuperar exactamente la especie perdida. Vincent Lynch, biólogo evolutivo de la Universidad de Buffalo, lo dijo de forma muy directa a Associated Press. Podría ser un ave modificada genéticamente, «pero no es un moa».

Una posible ayuda para conservar

Más allá de la desextinción, esta tecnología podría tener aplicaciones más realistas en conservación. Por ejemplo, ayudar a estudiar embriones de aves amenazadas, observar su desarrollo en tiempo real o ensayar mejores formas de incubación cuando una especie tiene pocos individuos.

Esto no significa que el sistema vaya a salvar por sí solo a las aves en peligro. La pérdida de hábitat, los depredadores invasores, los choques contra edificios, la contaminación y el cambio climático siguen estando ahí. En muchas especies, la ayuda más urgente no está en un laboratorio brillante, sino en proteger el lugar donde viven.

Aun así, poder ver el desarrollo embrionario sin romper una cáscara puede ser útil para la biología del desarrollo. Para un investigador, observar cómo se forman vasos sanguíneos u órganos sin destruir la muestra es una ventana muy valiosa. Una ventana literal, en este caso.

Las dudas que frenan el entusiasmo

El anuncio llega con una advertencia importante. Colossal no ha publicado todavía un estudio revisado por pares ni una base de datos completa para que otros científicos puedan comprobar los resultados de forma independiente. La propia página de la compañía reconoce que no se ha hecho pública la tasa de éxito frente al número total de intentos.

Eso cambia mucho la lectura. No es lo mismo lograr 26 nacimientos tras pocos intentos que conseguirlos después de cientos de fallos. Sin ese dato, el avance es prometedor, pero incompleto. Y en ciencia los detalles pesan mucho.

También hay debate sobre el nombre. Varios expertos sostienen que hablar de «huevo artificial» puede ser demasiado generoso, porque el sistema no crea todos los componentes del huevo. Lo que Colossal ha diseñado se parece más a una cáscara artificial capaz de sostener un embrión que ya venía de un huevo real.

Qué viene ahora

El siguiente paso será demostrar que los pollos nacidos con este sistema crecen con normalidad, mantienen buena salud y, con el tiempo, pueden reproducirse. Según Reuters, el desarrollo desde la transferencia del embrión hasta el nacimiento duró unos 21 días, una cifra coherente con el desarrollo normal de la gallina.

Después vendrá el reto mayor. Escalar la tecnología a huevos mucho más grandes, adaptarla a especies distintas y publicar datos revisados por científicos externos. Sin eso, el avance seguirá siendo llamativo, pero todavía no definitivo.

La imagen de un pollito saliendo de una cáscara artificial engancha porque mezcla vida, tecnología y una pregunta incómoda. ¿Debemos intentar traer de vuelta especies que ya perdimos, o concentrarnos en no perder las que aún están aquí? La respuesta, probablemente, no cabe en un solo laboratorio.

La nota oficial se ha publicado en Colossal Biosciences.

HoyECO

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